Opinión

De lo particular y lo general del periodismo


Comencé a escribir sobre el tema de un caso personal, sin estar muy convencido de la importancia de abordarlo, por considerarlo trivial. Pero la vacilación duró poco. Tratándose del quehacer periodístico –pensé— nada es trivial, siempre tendrá importancia. Recordé, que en la sociedad actual, sin la información seria y la trivial, nada trascendería de la política –trivial ella misma en muchas de sus expresiones— ni habría político conocido más allá del dintel de su casa. Se dice que a las personas se les conoce por sus actos, pero los actos de los políticos serían anónimos sin la función del periodismo.
El tema particular al que me refiero, es el siguiente. El martes pasado, a medio día, esperaba el bus de mi ruta (a veces llega primero el maleante indeseado, en cualquier día y lugar), se me acercó una agraciada muchacha, presentándose como periodista del único diario tabloide nicaragüense, y me abordó con una pregunta sencilla:
“¿Qué opina del proyecto de dar desayuno en el preescolar y primaria?” La joven apuntó mi respuesta en su libreta con mucha habilidad, y sin la consabida grabadora que acompaña a casi todo reportero. No me parece mal –le respondí—, y agregué: pero la solución básica de la sub alimentación de los niños, debería comenzar con la oportunidad de trabajo y salario digno para los padres, para que sus hijos no tengan necesidad de recibir comida como un acto de caridad en ningún ministerio.
Lo que leí el día siguiente, a la par de mi foto, fue diferente a lo que le dije a la periodista. Copio: “A mi criterio la solución es que abran fuentes de empleo para los padres y que los niños se alimenten en la casa, porque así los controlamos.”* La muchacha no copió, sino que interpretó como quiso mis palabras, dándole otro sentido a la conclusión de la respuesta. Por mi experiencia de vida y por mi edad, jamás diría lo que me atribuyó la periodista, porque sólo tengo biznietos que cursan primaria, son harina de otros costales mucho más jóvenes, y no me corresponde ejercer sobre ellos ningún tipo de control, sino darles el amor natural de un bisabuelo orgulloso de serlo.
Mi explicación la considero necesaria por ser una cuestión de principios del periodismo, y por la verdad. Pero también por un mejor desempeño en el futuro de la joven periodista, cuyo nombre lamento desconocer. En sólo un breve trabajo, en una simple y corta respuesta, ella ha faltado a la responsabilidad de respetar la opinión y las palabras del entrevistado, un deber elemental para todo profesional de la información, sea este estudiante aún o ya con alguna experiencia en el ejercicio del periodismo.
Por otra parte, si el entrevistado, en vez de un simple mortal hubiera sido un político –mortal y simple también, pero convencido de su brillantez y enamorado de sí mismo—, ¿no estaría acaso confirmando ahora el criterio de que los periodistas todo lo tergiversan, que no respetan la verdad ni a las personas? Tal vez la reacción del político no hubiese llegado a tanto, pero que con omisiones e invenciones como en la referida nota, los colegas irrespetan a las personas, es evidente. Y que de cosas como éstas se aprovechan los políticos que sienten fobia anti periodística, también es cierto, aunque no tengan razón para ello.
Ahora mismo, una periodista destacada como lo es Eloísa Ibarra, quien no ha faltado a la verdad en toda la información que ha recogido y transmitido acerca del caso de corrupción en que se han envuelto magistrados del Poder Judicial, o sea el robo de 609 mil dólares de un presunto narcotraficante, fue víctima de un sucio acto vengativo del abogado Rogers Camilo Argüello, miembro de la politizada Corte Suprema de Justicia. Aun cuando la opinión pública está convencida de su inocencia y solidaria con Eloísa ante la agresión de que ha sido objeto, el hecho de tener que acusar legalmente al difamador, constituye una pérdida de su tiempo, una distracción de su labor informativa y una afectación moral que no se paga ni con la merecida condena del culpable.
Las conductas opuestas de estas dos periodistas significan que el respeto y el merecido concepto que la opinión pública tiene de la veraz labor investigadora, de las denuncias de la corrupción y el esclarecimiento de los hechos por el periodismo, no es un mérito compartido por todos los miembros del gremio. Hay periodistas en lo particular, y periodismo en lo general, y no siempre coinciden en la realidad.
Incluso, se ha comprobado con tristeza que no todos los periodistas están bien conscientes del lugar alcanzado por el trabajo de sus colegas en la información profesional, y tampoco conocen a fondo la importancia y el valor de esta función ni la del propio medio en que trabajan. Hecho lamentable. Pero no el único hecho que lamentar en este asunto: buena parte de los estudiantes o recién egresados de las facultades de la comunicación, tienen como paradigma del periodista exitoso, y al cual tratan de emular, no al que se juega su seguridad tras la verdad y el descubrimiento de la corrupción por su fidelidad a la verdad, sino al que gana más dinero con las trivialidades del mundo político, al de criterio empresarial y al farandulero.
Contradicciones como la señalada no son nuevas, pero es la primera ocasión en la cual los periodistas tienen la oportunidad de examinar el problema, descubrir sus causas y decidirse a rectificar lo que deba ser rectificado. El momento no sólo es oportuno en cuanto a una rectificación del comportamiento gremial, sino también porque al comienzo de un año electoral los círculos políticos dominantes y, no casualmente, también los responsables de vergonzosos actos de corrupción durante todo el año recién terminado, querrán pasar ante los votantes como honorables personalidades.
Entramos a un período cuya particularidad no es despreciable. Pues si es verdad que los mismos políticos responsables del desastre nacional siguen controlando los hilos del poder, tampoco están en su mejor momento en cuanto a la seguridad de su posición dominante. El cansancio social junto al repudio a los abusos, más la emergencia de nuevas fuerzas políticas entre sus propias estructuras, no les augura a los pactistas el triunfo electoral espectacular y arrollador que pregonan con prepotencia.
Y un pronóstico sugestivo: en el lapso que durará el proceso de las elecciones, y en términos generales, el periodismo reafirmará su posición de baluarte de la verdad frente a la corrupción, y esto deberá incidir en los resultados electorales, sin necesidad de manipular nada. Al periodismo independiente y honesto, solamente le bastará seguir siendo veraz en la información, valiente en sus denuncias e independiente en su criterio.
*Diario Hoy, del miércoles 28 de diciembre de 2005.