Opinión

¡Bravo, Notari!


El temor a los gringos que sentíamos en este continente es definitivamente cosa del pasado. Los pueblos latinoamericanos giran a la izquierda estableciendo nuevas relaciones con Cuba basadas en el intercambio y el respeto mutuo. Hoy, Evo en Bolivia es el nuevo invitado a los funerales del ALCA y mañana le tocará el turno a México con López Obrador.
Curiosamente, no sólo las naciones levantan el puño en alto, sino también las organizaciones deportivas. En ese contexto, es necesario saludar el gesto noble y valiente del italiano Aldo Notari, Presidente de la Federación Internacional de Béisbol, que ha decidido retirar a Puerto Rico como sede del próximo Clásico Mundial de Béisbol en protesta por la decisión del Departamento de Estado de los Estados Unidos de impedir la participación de Cuba en el torneo. Israel Roldán, Presidente de la Federación de Béisbol de Puerto Rico, ha renunciado a la sede en solidaridad con Cuba.
El hecho mismo de lograr la presencia cubana era en sí una proeza tomando en cuenta los riesgos que corre la isla caribeña ante las deserciones de sus mejores peloteros y el desafío deportivo que implica el enfrentamiento entre el deportista amateur y el profesional. Anteriormente, una serie entre los Orioles de Baltimore y la selección cubana había dejado bien claro que el nivel de competencia era similar a pesar de las condiciones de vida con diferencias abismales entre jugadores cubanos y gringos.
En realidad, en el fútbol europeo antiguamente ya se había demostrado que las selecciones y clubes de los países socialistas, especialmente la URSS, Checoslovaquia y Yugoslavia, podían obtener altos resultados como sus rivales de Occidente. Por ejemplo, Dinamo Kiev era un conjunto temible en los años setenta y numerosos futbolistas de Europa del Este militaban en Francia y España sin renunciar a sus selecciones nacionales.
En el basketbol, Argentina demostró en los Juegos Olímpicos que su nivel es equivalente al de las estrellas de la NBA, sin hablar de las actuaciones anteriores de Yugoslavia y Lituania con muchos menos recursos que los Estados Unidos. El famoso “Dream Team” no es más que un mito en decadencia cuando el deporte gringo depende cada vez más de los extranjeros.
Notari ha puesto las cosas en su lugar otorgando el mérito deportivo a un país que desde su revolución participa en las Olimpiadas con todos los honores y supera en el medallero a varias potencias europeas que invierten millones en la preparación de sus atletas.
El mundo del deporte sigue la corriente contestataria y rechaza los compromisos políticos con los Estados Unidos. En una disciplina tan conservadora, como es la del béisbol, la decisión de Notari es digna de aplaudir. ¡Bravo, Notari!