Opinión

El día anterior


“Ayer amaneció el país como si fuera otro -decía el de Managua-. Las calles estaban limpias; los buseros viajaban a velocidad moderada, ocupaban sus bahías, respetaban altos y semáforos en rojo, y sus ayudantes acomodaban cortésmente a los pasajeros; los taxistas no hacían malas maniobras, y todos los conductores sobresalían por su amabilidad para con los peatones, a quienes cedían el paso en calles y avenidas; las iglesias evangélicas decidieron conquistar al prójimo con amor, sin romperle los tímpanos ni desvelándolo con estruendosos cánticos, y gracias a esto las noches de Navidad eran noches de paz”.
“Don Enrique Bolaños -continúo diciendo- renunció a devengar su segundo sueldo como ex-vicepresidente y se rebajó el de presidente. Ante tal ejemplo, y quizás creyendo que se trataba de una jugada política para evidenciar su codicia ante el pueblo, diputados y magistrados renunciaron a sus megasalarios y los unificaron en dos mil dólares mensuales, sin derecho a viático ni a cupones de combustible. Hasta el lago de Managua parecía depurarse a sí mismo y lucía limpio, transparente y con aromas de algas, peces y hierbas frescas, generando una deliciosa brisa que acariciaba a toda la capital y sus habitantes”.
Sherlock y Watson oían aquella descripción paradisíaca contoneándose de felicidad, y mientras Carlos Flores ponía cara de incrédulo y Caresol, de creyente empedernido, el de Masatepe agregó: “Pero lo más importante que ocurrió el día anterior a este jueves, fue la sorpresiva visita que Daniel Ortega le hizo, con toda su familia entonando cantos religiosos y todo su estado mayor, con Lenín Cerna incluido, tocando chischiles y panderetas, a un más sorprendido Herty Lewites. –Ve, pelón, le dijo- siempre serás mi zorrito así que regresate confiado al piñal, porque te vengo a dar una buena nueva: Me ha convencido Alejandrito Martínez Cuenca de que hagamos las primarias, y yo le he respondido que hasta las secundarias si quiere, a sabiendas de que vos las tenés ganadas, por lo que desde ahora te juro que renuncio a mi candidatura, y en público declino en favor tuyo para que seás nuestro candidato a Presidente de la República. Lo único que te pido es que te llevés a Alejandrito como vice, para que se le quite el rigio. Ah, y que a la Rosario me la nombrés Ministra, no vayás a creer que de Cultura, sino de Culto, y de Cultura quizás podás poner a Ricardito Coronel Kautz. Te prometo que la Chayo hasta va a respetar y fomentar las sinagogas. Yo, por mi parte, me retiro a escribir un libro más apegado a la verdad que el que escribió mi hermano Humberto. No sé si será porque estamos en Navidad o por el incienso que todos los días quemamos en mi casa, el asunto es que he recapacitado y me he dado cuenta de que la reelección, en cualquiera de sus formas, es el mayor pecado político en Nicaragua. La reelección fue la que fabricó Somozas y luego los perdió, y como no es posible que habiendo corrido tanta sangre por culpa de ella, yo me reencarné en el Somoza que derrocamos, también renuncio solemnemente a cualquier pretensión política de mi parte”.
“¿Y qué dijo Herty?, preguntó intrigado Watson. “Yo que también estuve ahí -contestó Sherlock-, te puedo decir que estaba profundamente conmovido ante aquel inesperado acto de fe y se puede decir que hasta de renuncia a Satanás. Lloró corno una Magdalena y sentía peligrosamente encogido su vilipendiado corazón de pelón. Luego se abrazaron, Daniel con Herty, la Rosario con la Dora María y la Gioconda Belli, Lenín con Modesto, y así aquello se transformó en una sola abrazadera entre gente que antes parecía irreconciliable. Eufóricos, hicieron llegar a la Corte Celestial y a los de la Corte subordinada a la Corte Celestial, a la bancada danielista y a los magistrados del Consejo Supremo Electoral, y todos, como por arte de magia, se contagiaban entre sí de un llanto de felicidad”.
Los caminantes no disimulaban su impaciencia por esta pausa, y una vez que la disfrutó, continuó Sherlock: “Pese a estar sucediendo todo esto a altas horas de la noche y casi al amanecer del día de hoy, Daniel personalmente llamó al embajador Paul Trivelli y al cardenal Obando, quienes llegaron raudos y veloces. Luego todos nos fuimos a El Chile, donde Alemán no salía de su asombro, creyendo que todo era un chile. Al comprobar que era verdad, sobre todo por la presencia de Trivelli y Obando, profundamente emocionado dijo que él iba a hacer lo mismo con Eduardo Montealegre y José Antonio Alvarado, a quienes mandó a llamar y ahí mismo los ungió como futuros candidatos a Presidente y Vice-Presidente por parte del liberalismo unificado. Aquello era un jolgorio de fraternidad, besos y abrazos, a tal punto que la Corte Celestial prometió que no descansaría hasta que aparecieran los 609,240 dólares, puesto que desde ahora la injusticia iba a ser ilegal, ilícita e inexistente. Alemán mandó entonces a poner una improvisada cena pantagruélica la que, desde luego, fue bendecida por el cardenal Obando”.
“¿Todo esto ocurrió realmente?”, preguntó estupefacto Watson-. Y Sherlock, con aplomo y seriedad respondió: “Todo esto es tan cierto que ocurrió, como que Edgard Tijerino, Danilo Aguirre y Herty Lewites, amanecieron hoy churucos”.

Jueves, 29 de diciembre de 2005.