Opinión

Apoyemos las escuelas rurales


La reforma educativa muestra resultados desalentadores. El Banco Mundial exige dirigir nuestra educación. Anhelan recortar personal y profundizar la mal llamada autonomía. Compiten con el Senado que quiere dirigir las elecciones y decirnos a quien debemos elegir, igual a como nos hicieron firmar voluntariamente el tratado de libre comercio. A esto le llaman democracia.
Sin embargo, ocuparnos de las escuelas rurales es cada vez más importante. Esos establecimientos pueden representar para los niños y hasta para los adultos de muchas regiones olvidadas, la única oportunidad de estudiar y la última garantía de integración a una comunidad más civilizada. El 36 por ciento de las escuelas son rurales. Más de la tercera parte. Pero hay gente que cree que solo existen las de Managua. Es decir que las estadísticas confirman el lugar importante de las escuelas rurales en el panorama escolar del país.
La pobreza condiciona, pero no determina el fracaso escolar. Sin embargo, es cierto que o por éxodo de la familia en busca de mejores oportunidades o sencillamente por deserción, la asistencia se va reduciendo en esas escuelas. No hay que olvidar además que la mayoría de estos establecimientos educacionales están en zonas incomunicadas, con serios problemas de luz eléctrica, adonde no llega el correo, por lo cual la escuela termina transformándose muchas veces en el centro comunitario del poblado y el maestro en una especie de médico de todos. Las escuelas rurales conservan nuestro patrimonio cultural. En ellas es donde se respetan las raíces y se conserva la identidad de los pueblos. Sin embargo, los docentes expresan que se sienten olvidados por las autoridades, aunque recompensados por el amor de sus alumnos y de los padres de sus alumnos.
Algunos donantes ayudan a sostener muchos establecimientos de enseñanza situados en zonas alejadas de los centros poblados. Esta ayuda llega actualmente a unas 350 escuelas. Si tenemos en cuenta que el Ministerio de Educación dice que hay 1300 escuelas rurales en todo el país, se puede tener una idea de la importancia del apoyo que se materializa en la forma de alimentos, ropas, útiles y material didáctico, procedentes de distintas donaciones.
Pero esa ayuda tan bienvenida no es suficiente. Porque hay soluciones que no puede brindar ni toda la solidaridad del mundo. No hay problemas de disciplina, pero hay dificultades mayores como las construcciones precarias, la falta de atención médica y los malos caminos. Las comunidades son tan pobres que muchas veces los padres se quedan a dormir en la escuela, en vez de regresar por los niños.
2006 debe ser el año de la educación, como lo quiere el Foro. Al menos sus líderes: Arríen, De Castilla, Lucio, Telémaco y yo. No podemos olvidarnos de las escuelas rurales y sus necesidades más urgentes. Caminos, luz, agua y teléfono. Esas son las prioridades. Si Unión Fenosa firmará un acuerdo para suministrar luz eléctrica a las escuelas más pobres sería un buen punto de partida. Se apuntarían una raya. Propiciemos que maestros y alumnos puedan dedicarse a aquello para lo que se reúnen, el gratificante acto de enseñar y aprender.

Vicerrector de la UCC.