Opinión

¿Quién derrota a la corrupción?


La corrupción socava la calidad de vida de las personas en todo el mundo, no sólo en los países pobres. Actualmente, los Estados Unidos son testigos de varios escándalos de corrupción. Incluso la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de los EU, cuya responsabilidad es proveer ayuda después de un desastre natural y de catástrofes provocadas por el hombre, estaba en manos de políticos ineptos en lugar de profesionales. Cuando el huracán Katrina golpeó la costa estadounidense del Golfo, esa incompetencia resultó ser fatal.
Todas las sociedades requieren un gobierno eficaz, el cual pueda proporcionar servicios públicos e infraestructuras vitales e irremplazables. Así, los gobiernos están dotados de poderes únicos, especialmente el de vigilancia y control judicial. Pero también se ha abusado de estos poderes. Entonces, ¿cómo se puede asegurar que los gobiernos respeten la ley y sean fuertes al mismo tiempo?
La mejor respuesta, tanto en la teoría como en la práctica, es encontrar formas de hacer que los gobiernos rindan cuentas ante sus pueblos. Obviamente las elecciones son un método, aunque el financiamiento de las campañas electorales puede ser una fuente de corrupción. Los políticos en todo el mundo cambian favores por el dinero necesario para ganar las elecciones, y frecuentemente utilizan ese dinero para comprar los votos de los más pobres.
Las reglas y los procedimientos electorales claros pueden ayudar a asegurar la transparencia, pero la sociedad extensa también tiene un papel en la rendición de cuentas durante los períodos entre las elecciones. Los diarios privados, las redes de televisión y radio independientes, los sindicatos, las iglesias, las sociedades de profesionistas y otros grupos de la sociedad civil son un baluarte en contra del despotismo.
En los países más pobres, donde el analfabetismo es alto, la gente más necesitada está sujeta a la manipulación del gobierno, y hay una falta de control independiente a través de los medios de comunicación y las organizaciones de profesionistas, los gobiernos sólo se enfrentan a un control débil por parte de la sociedad. Tienden a ser los más déspotas y corruptos, no porque a la gente pobre le importe menos una buena administración --al contrario, sus vidas dependen de ello-- sino porque no tienen los medios para mantener al gobierno disciplinado y apegado a las leyes.
El resultado es una trampa en la que la pobreza causa una mala administración y la mala administración causa la pobreza --una doble espiral descendente que puede llevar a una privación tal que el gobierno, al no tener computadoras, teléfonos, sistemas de información y servidores públicos calificados, no podría funcionar honestamente incluso si así lo quisiera. El resultado final puede ser el caer en una especie de anarquía, como en Liberia, Sierra Leona y Somalia.
Transparencia Internacional, organización que se dedica a fortalecer a la sociedad civil en la lucha contra la corrupción gubernamental, suministra una medición de la calidad de la administración en más de 150 países. Transparencia Internacional produce una clasificación anual sobre “las percepciones de corrupción”, que mide la opinión del público sobre la magnitud de la corrupción en un país.
En la clasificación de 2005, Islandia obtuvo el lugar del país menos corrupto, con los países escandinavos, Nueva Zelanda y Singapur a continuación. Estados Unidos obtuvo el lugar 17, una posición no tan gloriosa para la principal potencia mundial. En general, entre más pobre el país, más baja la clasificación: empatados en el último lugar están Chad y Bangladesh.
Un poco de análisis estadístico revela más tendencias importantes. Primero, los países del África subsahariana son menos corruptos en promedio que los países con el mismo nivel de ingresos en otras partes del mundo. Por ejemplo, Burkina Faso, Ghana, Mali y Ruanda tienen un lugar mucho más alto que Indonesia, Bangladesh, Pakistán y Vietnam. Con todo, las economías asiáticas han tendido a crecer mucho más rápido durante la última generación. Por lo tanto, la corrupción no puede ser el único factor que mantiene a África en el retraso. Los problemas de África tienen que ver más con las sequías, la malaria, el SIDA y la falta de infraestructura.
Los países pobres alcanzan menores niveles de corrupción cuando se protegen los derechos civiles. Cuando la gente tiene la libertad de reunión, de expresión y de hacer públicas sus opiniones, la sociedad se beneficia no sólo por la creciente gama de ideas que se debaten, sino también porque se mantiene controlada la corrupción. No debe sorprender que los regímenes corruptos comúnmente tomen medidas en contra de los medios de comunicación, los sindicatos y las asociaciones de profesionistas. En África, los países menos corruptos como Ghana también tienen una mejor protección de las libertades civiles que otros países más propensos a la corrupción como Chad y Etiopía, que son aún más pobres.
Finalmente, los datos muestran que la corrupción es mayor en los países productores de gas y petróleo. En general, los recursos naturales como el petróleo, el gas, los diamantes y otros minerales preciosos engendran corrupción porque los gobiernos pueden vivir de las ganancias de las exportaciones sin tener que “hacer concesiones” a sus propias sociedades. Los recursos naturales son, por lo tanto, no sólo un blanco de la corrupción, sino también un instrumento para mantener el poder. Muchas empresas extranjeras, resueltas a sacar provecho, estimulan la patología de los regímenes corruptos al negociar sobornos y protección política.
Las implicaciones para la acción son claras. Al fortalecer a la sociedad civil --mediante derechos jurídicos y desarrollo económico de largo plazo-- y establecer reglas claras para garantizar la rendición de cuentas, el despotismo político y la corrupción quedarán controlados. Por lo tanto, no debemos ceder en la defensa de nuestras libertades civiles.
El mundo rico debería ofrecer a las regiones pobres como el África subsahariana más apoyo para salir de la pobreza, por supuesto, la ayuda se tendría que dedicar a necesidades específicas --por ejemplo, el control de la malaria, la producción de alimentos y el agua potable y drenaje-- cuyo cumplimiento se puede medir y vigilar para impedir la corrupción. Al elevar los niveles de vida, también estaríamos dando la capacidad a la sociedad civil y a los gobiernos pobres de defender el Estado de derecho.
Jeffrey D. Sachs es profesor de economía y director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia.
Copyright: Project Syndicate, 2005.
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