Opinión

Indiferencia total hacia el usuario


El transporte urbano es un tema que debe hablarse en consenso y a gritos, porque es altamente sensible. Buses destartalados y atiborrados, viajeros colgados, asientos rotos, vidrios quebrados, timbres descompuestos, inseguridad y choferes irrespetuosos siguen siendo algunas de las dificultades que a diario deben soportar los centenares de usuarios del transporte urbano para llegar a sus destinos. En el papel quedaron los acuerdos para mejorar las condiciones del servicio. Lo único que se cumple es el cobro del aporte económico que el Estado otorga a los empresarios para evitar que aumenten la tarifa del pasaje.
Cuando finalice 2005, los propietarios de los buses del transporte que operan en la ciudad capital habrán recibido millones en subsidio sin cumplir con la mayoría de los compromisos adquiridos. Más dinero, igual o peor servicio. Todo bus tendría que estar debidamente rotulado con el número de unidad y sector para el que presta servicio. Ni eso. Hay que adivinar adónde va la ruta.
Son obligaciones dar seguimiento a las actividades para la puesta en marcha del pago del servicio de transporte. Proveer de transporte gratuito a las personas de la tercera edad y a los discapacitados. O al menos pararse para que suban sin peligro.
Hablaron de participar en programas de capacitación para la profesionalización de los operadores y en la elaboración de un reglamento que norme la conducta de los conductores. Pero la lotería terminó en cero.
La falta de interés para cumplir y exigir los cambios demuestra la indiferencia con que se trata a los usuarios, quienes ante la ausencia de un transporte seguro y digno, deben soportar las malas condiciones y tratos para dirigirse a sus centros de estudio o de trabajo.
El transporte sigue funcionando, como siempre, con deficiencias, y además se ha agudizado con los buses que sacan de circulación por antiguos, por lo que el servicio continúa igual.
El eterno subsidio. En el largo proceso para mejorar el transporte urbano, el subsidio o aporte económico temporal es utilizado como un calmante para evitar detonadores sociales. A partir de 1990 los empresarios han recibido desde galones de diesel, llantas y repuestos hasta millones de córdobas sin que se produzca un cambio efectivo. El subsidio se ofrece a cambio de mejoras, pero nunca ocurren. Lo único que se logra es que no suban el precio del pasaje, aunque todo depende de los precios del diesel.
Las soluciones se enuncian y no se ejecutan. Pasan los años, se hacen planes, se dan entrevistas y luego dicen que las iniciativas se encuentran en un proceso de licitaciones. Se acepta el retraso de las medidas por la necesidad de transparentar el proceso.
El problema es que si no lo terminan, viene otra Administración y tampoco lo hace. Así hasta las calendas griegas. Hasta que la paciencia se rebalse y la gente queme las chatarras. Entonces los acusarán de terroristas. ¿Cuánto apostamos?