Opinión

El color indígena del socialismo boliviano


El 18 de diciembre del año 2005, la mayoría política del pueblo boliviano eligió a Evo Morales candidato a presidente por el Movimiento al Socialismo (MAS). Los indígenas esta vez votaron por un líder indígena, contra el poder oligárquico y contra el poder imperial del gobierno norteamericano, pero sobre todo contra un pasado racista y discriminatorio que tiene la misma edad de América.
Al igual que muchos de sus hermanos de sangre en todo el continente, los indígenas bolivianos, quechuas y aymaras, resistieron a la conquista española y fueron abatidos y masacrados; durante la colonización española, sus templos religiosos fueron quemados, su lengua y costumbres proscritas o marginadas, sus riquezas saqueadas y se les impuso un poder externo y extraño, casi desaparecen del mapa y tuvieron que plegarse a los amos de turno, mientras acumulaban fuerzas para enfrentar los embates de la nueva civilización dominante.
Desde entonces, sobreviven empobrecidos en el tercer nivel del arco iris pintado con los colores del privilegio y del desprecio de la civilización cristiano occidental: primero, los blancos criollos de Santa Cruz, después, los mestizos de clase media que bajaron de los cerros andinos, y por último, los indios campesinos invisibilizados entre las hojas de coca. Las riquezas también fueron distribuidas de acuerdo con la misma estratificación: el oro, la plata y el estaño fueron arrancados con sangre indígena de todos los costados de Bolivia, el petróleo y el gas natural siguieron el mismo destino.
El movimiento indígena recorre América Latina
A finales del siglo XX y a inicios del siglo XXI, los indios regresan a la carga, en alianza con los mestizos de clase media que también fueron expulsados del paraíso terrenal por las empresas transnacionales. Desde México hasta Bolivia, los pueblos indígenas han entrado en la democracia política con identidad propia, después de un largo recorrido. En todos aquellos países con presencia indígena, la cultura multiétnica decide desconocer y retar al Estado criollo y etnocéntrico.
La bandera social fue tomando primacía, es decir, la reivindicación de los derechos humanos para un sector en particular, en este caso para los pueblos indígenas y comunidades étnicas. Algunos apoyaron a las guerrillas, como fue el caso de los pueblos indígenas de Guatemala, sufriendo la misma suerte que el movimiento guerrillero guatemalteco. Otros se levantaron en armas, como fue el caso de los pueblos mískitos de la Costa Caribe nicaragüense, directamente contra la presencia etnocéntrica de la revolución sandinista, aunque instrumentalizados por el gobierno norteamericano. En este caso, la revolución sandinista y los pueblos indígenas le subieron la parada a la reivindicación, y el gobierno revolucionario decretó el Estatuto de Autonomía para los pueblos indígenas y comunidades étnicas.
La conciencia, organización y movilización indígena se desplazan hacia el Sur y se encuentran con viejos movimientos indígenas incubados en Ecuador, Perú y Bolivia.
De movimiento social a movimiento político
Mientras muchos y avergonzados izquierdistas conjuran su pasado repitiendo con la derecha el fin de las ideologías y el fin de todo socialismo, los indígenas bolivianos agitan, retoman y remozan las banderas del viejo socialismo, agregándoles nuevos colores y nuevas formas de lucha.
Los movimientos sociales parecen recrudecerse con la crisis de los partidos y movimientos políticos. Lo que en gran parte es aprovechado por el poder establecido para mantenerlos como instancias de consulta y bajo un esquema de cooptación.
Sin embargo, poco a poco, los movimientos sociales, sobre todo los movimientos sociales indígenas, avanzan en sus reivindicaciones y saltan desde un movimiento social caracterizado por la protesta hacia un poder de veto que muestra la crisis de gobernabilidad del neoliberalismo sin la participación de la totalidad del pueblo, y hacia la formación de un partido político, o hacia una política de alianzas con otros partidos políticos.
El propio movimiento indígena y campesino de Evo Morales nace como movimiento social, reivindicando tierra para los campesinos, agua para los bolivianos y un espacio propio para los pueblos indígenas de Bolivia. Comprendiendo la necesidad de combinar las reivindicaciones sociales con la lucha y el enfoque político, Evo Morales crea el actual Movimiento al Socialismo (MAS) y se dispone a disputar el poder político, instrumento por excelencia para dirimir la orientación social de la nación boliviana.
Las reivindicaciones del socialismo boliviano
El socialismo boliviano sintetiza las principales banderas que desde la revolución cubana recorren el continente latinoamericano. En primer lugar, la autodeterminación de los pueblos y la conquista de los seculares derechos de los pueblos indígenas conculcados por la conquista, la colonización y el imperialismo. En Bolivia y en América Latina, aún en la revolución cubana y en la Nicaragua revolucionaria, la discriminación étnica ha sido una herencia colonial difícil de erradicar, ya no digamos en el resto del continente americano, donde el racismo y la discriminación es parte sustantiva de la política oficial u oficiosa de los gobiernos neoliberales. No puede haber socialismo sin igualdad étnica, dicen hoy los pueblos indígenas y comunidades étnicas de todo el continente. Esta lista no agota, ni mucho menos, las reivindicaciones socialistas, pero si de algo estamos conscientes es que no puede haber socialismo sin la reivindicación de estas banderas, de igual manera sólo un movimiento hacia el socialismo es capaz de reivindicar estas banderas.
Entre estos derechos está el derecho de los pueblos indígenas del altiplano andino de cultivar la hoja de coca. Como dice Evo Morales, si la Coca-Cola utiliza la hoja de coca, por qué no vamos a poderla usar nosotros los indígenas, a la vez que se apresura a decirnos que está contra el narcotráfico y contra la cocaína, saliéndole al paso así a los amañados argumentos de Washington, que bajo el pretexto de luchar contra el narcotráfico nos ocupa militarmente.
Otro de los derechos humanos reivindicados por los movimientos socialistas ha sido la reforma agraria para los campesinos. En Bolivia, igual que en muchos países latinoamericanos, la tierra sigue concentrada en manos de pocas familias, mientras millones de campesinos e indígenas viven en el desempleo y en la precariedad como productores rurales.
No podría faltar el derecho al goce social de los recursos naturales, algo que desde la revolución mexicana se viene reivindicando. El mismo Movimiento al Socialismo (MAS) que hoy le tomó la mano a la democracia burguesa y se alzó con el triunfo en las urnas electorales, nace reivindicando la nacionalización del gas, el petróleo y demás recursos naturales de Bolivia. Inmediatamente después del triunfo electoral, Evo Morales declaró que respetará los medios de producción de las empresas transnacionales, pero nacionalizará los recursos naturales, los que por supuesto no son producto de la inversión de capital, sino herencia de la madre tierra a sus legítimos dueños.
Finalmente, pero no menos importante, será el fortalecimiento de la integración latinoamericana, proyecto en marcha a partir del Mercosur y de la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA). Se trata, en otras palabras, de la construcción de la nación latinoamericana, mucho tiempo pospuesta por la subordinación de la clase política criolla a los dictados del imperio.
Los Estados Unidos pierden una pieza más de su dominó político
La democracia representativa, principal instrumento malabárico para someter a los pueblos latinoamericanos, empieza a mostrar sus fisuras y a revertírseles por completo a las viejas y desgastadas oligarquías y al propio imperio norteamericano.
Movimientos soberanos latinoamericanos, progresistas unos, de izquierda otros, y socialistas algunos, ganan las elecciones presidenciales en Chile, Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay y Bolivia, asimismo alcanzan gobiernos municipales en todas las provincias del subcontinente latinoamericano, ante la incredulidad de toda la clase política liberal o neoliberal que ante cualquier triunfo de la izquierda latinoamericana siempre responde: “Aquí es diferente, aquí gobernaremos eternamente”. Casi pareciera que aquellos movimientos que más son atacados por el gobierno norteamericano, más apoyo reciben del electorado latinoamericano. Pareciera que los dos principales partidos que se enfrentan en las elecciones son, por un lado, la soberanía latinoamericana, y por otro lado, el injerencismo norteamericano. Esta vez, la oligarquía boliviana y el imperio norteamericano han sido los grandes perdedores. Ojalá que las viejas clases políticas aprendan a convivir con todos nosotros; sabiendo que todavía siguen siendo los ciudadanos más privilegiados del continente, no debieran apostar todo a la soberbia de quererlo también todo.