Opinión

Providencias de un año nuevo diferente


¡Bueno! Estamos casi llegando al año nuevo. Al 2006. Esto quiere decir, que desde la llamada Independencia de Centro América han transcurrido 184 años de supuesta emancipación y vida balsámica de sus pueblos. Tales fueron las firmes promesas de los criollos oligarcas cuando éstos perpetraron su excluyente asalto al poder el 15 de septiembre de 1821. Promesas que desde entonces nos insisten su descendencia y sus representantes en este país.
Ahora, ¿es esto una realidad efectiva? Naturalmente todos sabemos que no. Claro, hay que aceptar que de las cinco viejas Provincias, hoy nuevas Repúblicas, la más golpeada y atrasada en la actualidad es la nuestra: Nicaragua; con su miseria, su oscurantismo y su falta de honradez en todo. Algo que fácilmente se puede palpar sin que tengamos que pagar costosos consultores internacionales.
Pero si acaso nos pusiéramos a buscar las causas y a los responsables de toda esta perdurable tragedia, y llegáramos a preguntar quiénes son ellos, o fueron ellos, pues sin discusión los dignos representantes de aquellos mancebos que un día hicieron semejante oferta encontrarían a los responsables de la tragedia en las “fuerzas del comunismo internacional, las que con sus asonadas nunca los han dejado gobernar”.
Y si por alguna casualidad y al contrario la pregunta se la hacemos al sector más hipócrita y radical de la izquierda, que con sus sandeces frente al proceso contribuyeron al atraso de la revolución, y que hoy con toda malicia se pasan al otro sector al que ayer persiguieron con tenacidad, pues será la “reacción burguesa” la que tiene toda la culpa de tantos males que nos afligen. Así de sencillo y de trágico es el dilema.
La verdad es que TODOS (así en mayúscula); todos tenemos un nivel de profunda culpabilidad en esto. Unos más otros menos. Pero todos. Ahora bien. ¿Qué hacer? ¿Cómo enmendarnos? ¿Cómo salir de estas dunas de arenas movedizas sin que haya culpables inútiles y sí, respuestas efectivas? Pues tal vez inquiriendo sobre otros y nuevos derroteros que nos ayuden a transitarlos con firmeza. Buscando, a través de un acto supremo de amor por Nicaragua, qué hacer a través de la confesión, la Expiación y la Fe, para así buscar cómo darles repuestas a todas las demandas de un país que ya da muchísima pena. Especialmente por el fariseísmo glotón de algunos sectores insoportables, y por la falta de tolerancia en otros que son altaneros y bufones.
Pero… ¿por qué una confesión? ¡Hombré! Elemental. Si nosotros no llegamos a confesar todas nuestras faltas, pues nunca vamos a poder reconocer nuestras maldades; las que son obvias, esto para corregirlas y enmendarlas. Pues mientras sigamos tratando de ocultar lo que está a la vista del mundo y de nosotros mismos, no vamos a avanzar. Y si esto acaso no lo hacemos por ética, hagámoslo por vergüenza. ¡Pero hay que hacerlo! Por lo menos una vez en la vida y de forma doctrinal.
Los cristianos decimos que hay dos formas de hacer una confesión: auricular o pública. La de los nicaragüenses definitivamente deberá ser abierta. Pues es la única manera de conocer la falta para poder repararla. Teniendo cuidado de no insistir en agravarla, pues ya vimos cuál fue la reacción perversa de algunos medios de comunicación (caso de La Prensa S.A.) cuando el sandinismo de manera ejemplar hizo un mea culpa con el fin de “arreglar sus cosas con la Iglesia”. Sin mencionar que nunca, ella, o quien representa a esos sectores ingratos, le han pedido perdón a nadie. Esto muy a pesar de todos las tiranías, las acciones vendepatrias y los más de 180 años de averías cometidas en nombre de la democracia, la libertad y el bienestar del pueblo.
Pero sigamos. ¿Por qué expiación?
Dice San Anselmo en sus reflexiones teológicas, que con su crucifixión Jesucristo vino a expiarnos del pecado. Es decir, que con esa enorme prueba y sacrificio vino a pagar la deuda y a redimir a todos los pecadores del mundo para poder salvarlos. Así, guardando la distancia que existe entre el actuar nuestro y ese ejemplar comportamiento, debemos hacer el compromiso para redimirnos a nosotros mismos. Haciéndolo mediante una gestión ética y moral que nos permita reescribir la historia de nuestro proceder delictuoso, con franqueza y alejado de todo egoísmo farisaico. Adquiriendo compromisos a través de un pacto nacional en el que alcancemos todos. Tomando en cuenta las posibilidades y limitaciones de nuestra realidad inmediata, buscando cómo cumplir con las leyes e institucionalizándonos. Adoptando un comportamiento de primera y sobre todo, como verdaderos nicaragüenses, sin mesianismos ni imposiciones necias.
Y por último, haciéndolo todo con una total fe y en un acto de contrición serio a favor de esta patria nuestra que lo merece todo. Especialmente creyendo en cada uno de nosotros y a la vez en todos, de forma sumada y existencial. Para así tenernos confianza y poder aportar a un verdadero plan de nación discutido e identificado por todos, sin clientelismos políticos ni maniqueísmos inútiles que lo empañen, y mucho menos si esto es incubado por gobiernos extranjeros mucho más impenitentes que nosotros, pero trajeados con corbata y cuello blanco duro.
Si esto fuera así y lográramos esta providencia en el año nuevo, entonces tal vez podamos salvarnos de la catástrofe. O mejor aún, tal vez podamos salvar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Salvarlos de transitar por aquellos viejos senderos llenos de espinas, ya por nosotros una vez caminados. Y así que se guarde un mínimo de esperanza y una segunda oportunidad para ellos, porque al paso que vamos con los Bush y compañía, este mundo se puede terminar mucho antes de lo que podemos imaginar.
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En Palmira, Dic del 2005.