Opinión

¡Cómo han cambiado los tiempos!


Durante el período comprendido entre los años 1950 y l970, la deuda externa de Nicaragua fue factor de apoyo positivo para superar las crisis e impulsar el desarrollo económico y social; en cambio, a partir del terremoto de 1972, y durante las décadas de los 80 y 90, más los años corridos del presente siglo, la cooperación extranjera ha favorecido el desorden, y consecuentemente ha sido factor determinante para abrir puertas a una corrupción nunca antes conocida. En la primera etapa, el enfoque fue de despegue y crecimiento económico nacional, en la segunda, desarrollo del comercio y servicios. Proyectos salpicados por allí y por allá.
Al inicio de la década de los 50, el saldo por pagar de la deuda retirada al finalizar 1951 fue de US $2,6 millones, principales deudores: Gobierno central y entes autónomos de Estado; principales acreedores: instituciones financieras de EU y de otros países.
Los saldos por pagar registrados al finalizar 1960 fueron de US 21,7 millones, en 1968 de US $ 138.3 millones, y en 1969 de US $ 187.8 millones. Principales deudores y acreedores, los mismos.
Los indicadores de la deuda por la disciplina seguida fueron bajos, razonables con el PIB, igual con el servicio o amortización, con las exportaciones del país, con ingresos del gobierno, etc., la estabilidad del córdoba con el dólar, la confianza del público, fue soportada por las propias exportaciones de Nicaragua y ahorro propio. Los pagos de servicios comprometidos fueron rigurosamente cumplidos.
El tipo de cambio a partir de 1963 se mantuvo solidamente estable y en forma abierta a los requerimientos de los ciudadanos, la confianza en la moneda nacional, el córdoba, fue absoluta, y por un largo tiempo negocios y actividades comerciales se efectuaron en córdobas, los dólares no preocupaban, se disponía de cuanto era necesario y al momento.
En el primer lustro de los 50, una misión del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, hoy Banco Mundial, elaboró un diagnóstico de la economía nacional y esbozó un marco orientador de infraestructuras económicas e inversión pública. El informe se publicó en un libro para distribución y venta.
Luego de unos pocos años de oxigenación económica post segunda guerra mundial, Nicaragua no era sólo un país en extremo atrasado, la realidad de su economía era primitiva, un país históricamente desgastado por luchas políticas de poder, que marginaban el desarrollo económico y el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo.
Al obstáculo político se sumaba el mínimo ahorro nacional, público y privado disponible, el empirismo de la alta burocracia gubernamental y la carencia de proyectos de inversión.
Para salir del hoyo se tuvo que planificar la elaboración de proyectos de infraestructuras que apoyaran la producción agropecuaria existente y futura, aprovechar como eje de crecimiento inmediato a la agricultura, que es lo que se tenía a mano, en sus rubros de café, algodón y ganadería, impulsar su modernización para hacerlos competitivos en los mercados mundiales y organizar instituciones de fomento de apoyo, enmarcado en el objetivo propuesto.
Es importante anotar que en ese período los organismos financieros internacionales y regionales no otorgaban préstamos para el cultivo anual de algodón, café y renovación, ni para ganadería, por lo que el impulso a la producción de tales bienes tuvo que hacerse con recursos nacionales y recurriendo complementariamente a otros proveedores privados o gubernamentales.
Las características de un país que no arrancaba no eran atractivas para inversionistas privados, un mercado pequeño, sin potencial. La inversión pública tuvo que salir al frente, liderar las prioridades en carreteras, energía y facilidades portuarias, iniciando a su vez la preparación de proyectos, cada uno con especificaciones técnicas al detalle para documentar solicitudes de préstamos a organismos financieros internacionales, los cuales aprobados eran rigurosamente supervisados para que no resultaran “gatos por liebres”.
Las fuentes de endeudamiento eran organismos internacionales y regionales que aplicaban tasas de interés y plazos razonables, empréstitos con instituciones gubernamentales a tasas de interés y plazos relativamente bajos, pero, con la limitante de ser recursos atados, es decir, uso condicionado, casas proveedoras de maquinarias y equipos, y préstamos con bancos comerciales en corto plazo, así como otras instituciones privadas extranjeras.
Los deudores fueron el Gobierno central, gobiernos locales, entes autónomos y particulares, con o sin garantía del gobierno. La estabilidad del tipo de cambio abrió puertas al comercio, para obtener directamente créditos del extranjero a corto plazo y liberar recursos a bancos nacionales o ampliar operaciones de usos alternativos.
El buen uso y reembolso del crédito generó un amplio apoyo crediticio del exterior, que fomentó el aceleramiento del crecimiento económico, sin ese apoyo, por ejemplo, no hubiera sido posible la recuperación del cultivo del algodón, motor agrícola, su tecnificación y creciente productividad en rendimiento por área sembrada llegó a ser una de las más altas del mundo.
El crédito razonable a productores agrícolas y ganaderos en función de productividad y confianza mutua entre acreedores y deudores, logró salvar vicios del pasado sobre el mal uso del crédito y de la prenda agraria.
En la segunda etapa, en la deuda pública, por diversas circunstancias, con una afluencia exuberante de recursos provenientes del extranjero, prevalecieron criterios políticos en su uso, ajenos a lo que el país estaba necesitando. La abundancia por sobre la capacidad de uso, sin objetivos concretos, favoreció el desorden y el despilfarro. Los frecuentes viajes a Taiwan de funcionarios del gobierno anterior y del actual generaron un flujo de recursos para todo uso.
Al final de la etapa, la deuda externa alcanzó cifras desproporcionadas a la capacidad crediticia y de reembolso del país, convirtiéndose en un factor perturbador de la recuperación de la economía. Nadie en la práctica da en préstamo cantidades que sobrepasen muchas veces la capacidad de reembolso del solicitante o deudor, salvo se persigan objetivos ocultos.
En los años corridos del Siglo XXI, el efecto de la deuda pública se agravó con la generación de una deuda interna politizada, de muchos millones de córdobas, a consecuencia del saqueo bancario, y los culpables disfrutan esas fortunas que se pagan con impuestos. Al asumir el gobierno semejante robo, se afecta el presupuesto de gastos, y es la explicación por la cual el gobierno se ha convertido en cómplice del robo y su estrechez siempre alega más ingresos o impuestos.
En esta segunda etapa la deuda ha carecido de capacidad para generar su propio reembolso, por lo que se ha sacrificado el bienestar presente y futuro de los nicaragüenses para pagar deudas sucias del pasado. Cómplices han sido los acreedores por extralimitarse en el endeudamiento, a sabiendas de que Nicaragua no tenía capacidad del sobre endeudamiento.
El problema de la deuda pública de Nicaragua se agrava al continuar endeudándose sin definir en una planificación su capacidad de endeudamiento y aceptando de acreedores préstamos para cualquier proyecto, sin prioridad alguna. Ya sean préstamos para el gobierno y sus instituciones o para proyectos de particulares, esas deudas en su término tendrán que pagar las generaciones venideras. La capacidad del país de producir divisas marca un desequilibrio con su deuda, déficit sustancial, y de continuar el mismo rumbo, pobre el pueblo nicaragüense.