Opinión

¿Colegio de Periodistas?


Cuando los medios de comunicación eran más pequeños, el trabajo de los telenoticieros menos evidente, era común que los periodistas llegáramos a un lugar a cubrir cualquier hecho y que las personas se dirigieran al fotógrafo o al camarógrafo para explicar la situación, convencidas de que éste era el periodista.
La ignorancia en este aspecto ha sido superada por la población en la medida en que nuestro trabajo se ha ido desplazando a las calles, pero en contraposición nuestro gremio se quedó en la total oscuridad, lo que se evidencia en la lista del “Colegio” que fue publicada en EL NUEVO DIARIO.
Sí, señores, no quiero parecer grosera ni expresar animadversión hacia las personas que trabajan con nosotros y que son indispensables para nuestra labor, pero permítanme disentir del espíritu de ese Colegio de Periodistas.
Revisando la lista, encuentro en ella personas que no tienen nada que ver con nuestro gremio. Y no me refiero a que si tienen o no título universitario, sino a que nunca han ejercido. Un presentador de espectáculos no es periodista, un camarógrafo o fotógrafo tampoco, ni un sonidista, maestro de ceremonias, chofer de un medio de comunicación, artista de la farándula nacional, hermano del dueño de la radio tal. No es periodista.
¿Me infligen un daño con aparecer en la lista? Claro que sí. Ningún abogado se sentiría a gusto si de pronto su secretaria o secretario aparece brindando sus mismos servicios, sin haber siquiera pasado por la universidad. Un médico no aceptaría que la enfermera que le asiste en el quirófano de un día a otro instale su propio consultorio.
Y aunque es posible que en ambos ejemplos las personas que usurpan la profesión sepan algo de lo que están haciendo, simplemente no estarían autorizadas para hacerlo, porque ni son abogados ni son médicos.
En los Colegios de Ingenieros no caben los maestros de obra, albañiles o ayudantes. Sólo hay ingenieros. Pero en el caso de los periodistas, que quisimos ganar respeto ante la sociedad al colegiarnos, los parámetros para formar parte del Colegio fueron tan flexibles como un chicle.
Yo esperaba que la lista del Colegio de Periodistas mostrara efectivamente a quienes somos periodistas -–o comunicadores sociales, como ahora se nos llama--. Pero están allí prácticamente todos los miembros de la planilla de un medio de comunicación, y para mayor sorpresa, gente que yo sé que se ha graduado de periodista y está ejerciendo, no aparece.
Puede que esa misma falta de seriedad al momento de establecer las características y/o cualidades para ser llamado “periodista” haya diluido las intenciones de los que verdaderamente ejercen.
Si me preguntan que si me inscribí, lo admito, sí, yo me inscribí creyendo que este “Colegio” nos traería dignificación al gremio que ha sido pisoteado por políticos y personajes, y vilipendiado por mercenarios de la profesión que incursionan, en muchos casos, por el vil amor al dinero sin ningún principio.
Me avergüenza que sean parte del “Colegio” personas que se compran una grabadora y asisten a cuanta actividad haya en la agenda gubernamental y de la empresa privada para consumir los bocadillos y refrescos, cual “merienda de negros”. Ya no digamos lo que hacen para estas fechas navideñas, porque donde haya licor es fijo que llegarán “periodistas”.
Tampoco estoy a gusto con que la Colonia del Periodista, que supuestamente fue gestada para satisfacer las necesidades de vivienda de los periodistas, sea ocupada minoritariamente por colegas, por la razón que sea.
A mi crítica pueden responder echándome en cara que tener título de periodista tampoco garantiza que se ejerza correctamente, pero yo reconozco que hay una palpable baja calidad en muchos periodistas, graduados o por graduarse, que a diario seguro provocan que Cervantes se revuelque en su tumba, con verdaderas burradas, como “se aliaron a golpes”, “el presunto sospechoso”, “procediendo a...” y otras más que prefiero no recordar porque igualmente me avergüenzan.
Sé que hay buenas intenciones detrás de los periodistas que dieron vida al “Colegio”, pero de ahí a ser benévolos y dejar que entre todo el mundo, no hizo un favor a nadie. Quedamos en las mismas, seguirán esos “papas fritas”, como comúnmente se les llama, atropellando esta bella profesión.