Opinión

Miriam de Salas


Hace poco la Unesco proclamó como patrimonio de la Humanidad a la Obra Oral e Intangible del Güegüense o Macho Ratón. Esta obra fue escrita para la posteridad, para que fuera leída, comentada y difundida, tanto así como la Ilíada de Homero.
El reconocimiento de la Unesco significa un gran honor para nosotros los nicaragüenses, pero esta obra tiene desde hace mucho tiempo su propio peso literario y cultural ante el mundo.
El Güegüense o Macho Ratón es una pieza literaria que representa la expresión cultural de nuestro pueblo y de nuestras raíces, y forma parte de las 43 nuevas obras maestras del patrimonio mundial. También es ejemplo vivo conservado por tradición oral desde mediados del siglo XVII.
La obra es una sátira acompañada por una expresión de protesta contra el colonialismo y se intercalaba con danzas y textos que integran las lenguas españolas, vasca y náhuatl. Tiene su origen en la cruel explotación de las autoridades coloniales en contra de los sometidos indios, ante el ultraje y la humillación que sufrieron de parte de los españoles.
En los colegios del país se lee la obra como parte de la materia Español en el año básico, y los alumnos la asimilan con relativa indiferencia casi por salir del apuro sin darle la importancia que merece. A propósito de eso, uno de estos días vinieron a comprar a mi farmacia naturista que tengo acá en Matagalpa varios chavalos, y me dijeron que se acababan de bachillerar y según ellos iban para la universidad. Entre la plática les pregunté con algo de curiosidad qué sabían ellos del Güegüense, que si habían leído la obra y qué opinaban de ella. Se miraron unos a otros como perdidos, y el mas osado me dijo textualmente: “Bueno, yo he visto en la TV un ballet de un tal Ronald Abud Vivas donde salen unos majes todos ennotados, brincando con unas mascaras y con vestidos chillones, pero en realidad no sé de qué se trata esa onda...”
¡Qué tal!
Es una vergüenza nacional el poco o escaso conocimiento que se tiene de esta obra, y es más vergonzoso que en el mundo exterior se sepa y se admire más esta joya literaria que nuestro país. Es alarmante también la deficiencia académica y cultural de nuestra juventud. Hoy en día están saliendo miles de bachilleres en todos los colegios del país. ¿Cuántos de ellos pensarán y se expresarán igual que los chavalos con quienes platique?
Es tiempo de que induzcamos a las nuevas generaciones a que lean y conozcan lo nuestro. La lectura literaria es la puerta que nos conduce a la cultura. Motivemos a los chavalos a que escuchen la dulzona música del Güegüense o Macho Ratón para que el sonido melancólico de los chischiles les despierte el primitivo llamado de la sangre indígena que orgullosamente llevamos.
Solo puedo decirles que admiro con profundo respeto la obra del Güegüense o Macho Ratón, la he leído varias veces y toco este tema no porque esté de “moda” ni porque me considere profunda en la materia, sino porque siento vibrar las fibras más sensitivas de mi espíritu cuando escucho en su melodía ecos de lejanos atavismos.
Pienso que el Güegüense lleva hoy en día ese sonido de chischiles que evoca un funeral burlesco dentro de nosotros mismos, donde en danzas ancestrales vamos cargando nuestras propias desgracias y nuestro propio ataúd.

Matagalpa