Opinión

Manito de gato


Inconsistente, ilógico e incoherente resulta tratar de justificar el dinero gastado para reparar el caminito de El Raizón con el argumento que se trata de una ruta alterna para evacuar al Presidente. Inconsistente y además flojo, porque en los últimos 25 años no se registraron indicios de que organización o individuos hayan tratado de secuestrar presidentes. Ilógico y hasta desatinado, porque una operación de esa magnitud exige comandos especiales. Incoherente e incluso necio, porque en nuestros países a los señores presidentes los cuidan hasta para ir a miar. Pero, imaginemos por un momento un escenario en el que un grupo de sublevados deciden sitiar y tomar de rehén al Presidente. En poquísimos minutos las fuerzas elites del Ejército y la Policía activarían sus dispositivos de máxima seguridad, y por aire o por tierra, con helicópteros artillados, tanques blindados y toda la parafernalia derivada de un operativo militar de rescate de tal dimensión lo sacarían del sector, y sin duda alguna, no sería por el mentado caminito de evacuación alterna.
Pero, dejemos las ficciones a los escritores. Entrevistado por END, el neo ministro del MTI afirmó que las reparaciones al tramo mencionado se pagaron con fondos del presupuesto de la carretera Ticuantepe-Masaya-Granada, obra que nada tiene que ver con la apodada Ruta Alterna. Si el ahora ex ministro autorizó contratar a una empresa constructora para que trabajara sobre ese camino, o si la orden bajó por los peldaños del organigrama presidencial, se incurrió en malversación de fondos públicos, algo que parece ser la forma normal de administrar la cosa pública en nuestro país. Lo que es curioso es el calificativo Manito de Gato utilizada por el Ministro para referirse al millón 200 mil córdobas gastados para reparar el caminito. Con ese sinónimo de minucia o bagatela, ratifican que lo que no les cuesta lo hacen fiesta y expresan la concepción felinesca que tienen del manejo de la administración de los fondos públicos.
Con la manito de gato del Ministro se le podría pagar 50 años de salario a un maestro de 2 mil córdobas mensuales; o 20 años a un médico, de 5 mil córdobas mensuales; o asegurar material de reposición y medicinas para hospitales y centros de salud. Con el millón 200 mil córdobas -equivalentes a US$70,590- se podría pagar un año de salario de US$5,430, de los que ganan los ministros, incluyendo su treceavo mes; o comprar 100 computadoras para igual número de alcaldías, se podrían hacer tantas cosas. Pero, no es ilógica su terminología felina, pues quienes llegan al poder se afilan las garras y agarran y desgarran lo que no les cuesta, ni les pertenece.
Con la honrosa excepción de doña Violeta en el siglo pasado, quienes han llegado a la presidencia de la república creen que se sacaron el país en la lotería, y bautizan con su apellido al puerto o la villa tal; o se apoderan de una o más calles de la ciudad y se la anexan al patio; o asfaltan caminos que sólo llegan a sus fincas; o se construyen helipuertos detrás de la cocina, y no se diga la millonada de dólares que arisquean de las arcas nacionales y que luego se descubren depositados en cuentas privadas en bancos de otras latitudes del mundo. Esa es su actitud ante Nicaragua. Y los electores impávidos e impotentes observamos sus latrocinios. Esta gente no ha alcanzado la estatura de estadistas. A tipos así se les llama de otra manera.
Nicaragua es un país de contrastes. No se vale, como dicen los mexicanos, que en nuestra Corte Suprema de Justicia, que en cualquier país del mundo es la imagen de la honradez, honestidad y legalidad, alguien robe más de 600 mil dólares decomisados al narcotráfico. No da risa que un magistrado señalado de participar en ese robo diga a los periodistas que los tiene en Miami, pues tal aseveración indica que algo en el cuerpo de nuestra cegatona Justicia está podrido. Y el magistrado está como Pedro por su casa, impartiendo justicia cuando al menos debería estar en cese de funciones mientras se dilucida su situación. Pero no, aquí las cosas funcionan de otra manera.
En nuestro país, los industriales de la política son centenares, más de los que hay en los países vecinos y en los desarrollados. La Corte Suprema de Justicia de Nicaragua tiene 16 magistrados, en cambio la de Estados Unidos de Norteamérica sólo tiene 9; la Asamblea Nacional está integrada por casi 100 diputados y sus respectivos suplentes; el Consejo Supremo Electoral creo que está integrado por al menos 7 magistrados y sus respectivos suplentes; más la burocracia del Ejecutivo compuesta por un montón de gente. A todos estos ciudadanos que tienen el privilegio de servir al pueblo, hay que agregar esa nueva casta: los asesores. Hay un millón. Tener asesor es como una moda o un status. Alguien sin asesor está disminuido. Conozco varios asesores que aun cancanean al leer, siendo el mérito de varios ser cuñado, primo, amiguita o amiguito del asesorado o la asesorada. ¡Con tantas cargas no se sale de la pobreza!
Durante la década sandinista fueron derogadas casi todas las leyes del somocismo y se construyó un nuevo orden jurídico legal. Fueron hechas miles de leyes y decretos. ¿Cuántas leyes habrán hecho los demócratas en los últimos 15 años; será que se necesitan tantas leyes para un país pequeño y hasta provinciano como el nuestro? Ni que fuéramos cimarrones. Pero mire cómo son las cosas. Cada año los honorables diputados otorgan indultos, pero aún no han aprobado una ley que los regule, que establezca quién puede ser indultado y quién no. Entonces la gente especula por qué sacan a alguien que toda la sociedad rechaza. Inmenso desperdicio de plata es tener casi 100 diputados legislando, pues para apretar el botón que ordenan sus patrones con 50 es más que suficiente.
Dicen que los nicas estamos como estamos porque somos como somos. No sé qué se quiso decir con la frasecita esa. Es aconsejable tener prudencia respecto a quién le daremos nuestro voto el próximo año. Ojalá que antes que terminen su período, los honorables legisladores aprueben leyes que permitan revocar el mandato del Presidente si éste incumple el motete de promesas hechas en campaña electoral; para poder destituir a los ahora intocables magistrados; para evaluar el desempeño de los diputados en las obras que hacen por los pueblos que dicen representar. Esto nos permitiría no tener que aguantarlos hasta que a todos se les termine su período, como ha ocurrido hasta hoy, que ha sido una soberana estafa democrática.
Managua, diciembre 2005.