Opinión

El bachiller de hoy


Una amiga, periodista de profesión, recientemente empezó a impartir clases en una universidad privada que ofrece la carrera de periodismo o comunicación social, como quiera llamársele. Con una experiencia que ya no puede tacharse de modesta, mi amiga se enfrenta cada fin de semana a un grupo de estudiantes que, según sus palabras, lo menos que merecen es ser devueltos no a secundaria, sino a primaria.
Los jóvenes, cuyos padres pagan cumplidamente la mensualidad del Alma Máter, en dólares, como es la moda, ni siquiera se preocupan por hacer las tareas que su profesora les encomienda. Simplemente no las hacen y no se interesan en realizar debates, pues la tónica de algunas universidades privadas es, como cualquier empresa, mantener la mayor cantidad de alumnos, y con o sin esfuerzo, estos muchachos probablemente culminarán “con éxito” sus carreras.
El colmo fue cuando mi amiga les pidió un trabajo y resulta que sólo una alumna del grupo lo había realizado, y cuando le pidió que pasara al pizarrón a exponer lo que había aprendido, ella olímpicamente le contestó que no podía decir nada, porque había pagado para que le hicieran la tarea.
El típico bachiller
Parece mentira, pero ese es el tipo de bachiller que está saliendo de los institutos, públicos y muchos privados. Son muchachos que no saben ni dividir, mucho menos hacer una operación con fracciones, porque siempre han dependido de la calculadora. Tampoco se esfuerzan por leer, siquiera periódicos o al menos chistes por Internet, porque son una generación con ningún gusto por la lectura.
Es cierto, me dirán algunos padres que éste no es el común, que hay sus excepciones, pero, señores, la cruda verdad es que en su mayoría, los muchachos brillantes y buenos alumnos son autodidactas, que han profundizado sus conocimientos en base a las herramientas que les brindan sus maestros, y de la mano de sus familias.
La fórmula de los colegios públicos y algunos privados para sacar bachilleres con aparente buen rendimiento, es practicar una política “educativa” de premio. Premio por hacer barra a la banda de guerra, por llegar a diario al centro escolar –como si no fuera obligación del estudiante--, por llevar en orden los cuadernos y otros aspectos tan rutinarios que hace dos décadas ni se tomaban en cuenta.
Huelga mencionar otras formas para levantar las notas y el rendimiento académico en general. Puntos a cambio de la compra de tickets para fiestas o para ir al cine, etc.
Esas togas y birretes
Pero en vez de ver padres preocupados por el saber de estos jóvenes, cada año se ve más arraigado el consumismo en las familias nicaragüenses. Es más importante que el muchacho o la muchacha vaya “bien presentado” a la promoción, que tenga un rendimiento académico honestamente ganado a punto de estudio y sacrificio.
Eso lo vemos incluso desde preescolar, de donde muchos niños egresan sin saber leer y sin embargo, la familia echa la casa por la ventana para el festejo. La situación es incomprensible, tomando en cuenta la crisis económica que golpea a la sociedad nicaragüense y que, en su mayoría, los padres son personas trabajadoras, de pocos recursos.
Así de increíble es esta situación. Las madres y padres lloran de la emoción con la trillada marcha de “Aída”, mientras sus vástagos lucen su toga y birrete aunque en el cerebro haya poco material útil para el futuro.
El problema de la baja calidad de la educación viene, desgraciadamente, desde 1990. Es cierto que los sandinistas no brindaron la mejor educación, pero había un esfuerzo más palpable por obligar al estudiante a rendir y pensar, por perfilarlo hacia una profesión u oficio, algo que evidentemente ahora no existe.
Mientras no haya una redefinición de los planes educativos, mientras no se mejore sustancialmente el salario de los maestros y se permita ese descarado tráfico de notas que fomenta la mal llamada Autonomía Administrativa, y sobre todo, mientras los padres nos esmeremos más en guardar las apariencias sin importar lo que nuestros hijos aprendan, no veremos bachilleres de calidad.
(*) kcastillo@elnuevodiario.com.ni