Opinión

República Canaria de Costa Rica vs. República Canaria de Nicaragua


En justa concordancia con los recientes descubrimientos sobre el genoma humano y otras deducciones de tipo histórico, asumo con orgullo ser biznieto, por parte de padre, del Cid, de los califas de Andalucía, los godos, los invasores romanos en Hispania y hasta de Adán y Eva. Me permito, además, hacer referencia a un encuentro fortuito con algunos turistas españoles no peninsulares y engrosar nuestra lista de abuelos. Gracias a ellos, ahora puedo demostrar que los nicas y los ticos somos canarios.
Todo empezó cuando, interpelando a un grupo de exóticos mochileros de ojos azules, descubrí, no sin experimentar un poderoso y progresivo nivel de asombro, que la procedencia de ese grupo de extranjeros no era Centro ni Sudamérica, sino las Islas Canarias. Por la entonación, armonía, y el humor de la palabra hablada hubiese jurado que no se trataba de españoles, sino de hispanoamericanos. No obstante, eran españoles. Lo confieso, nunca sentí tanta afinidad lingüística y cultural al hablar con un español. Sentí la presencia de nuestro eslabón perdido. Al final de la tertulia, no podía despedirme de mis primos Canarios sin hacerles una última pregunta: ¿hay muchas aves, es decir, pájaros canarios en las Islas Canarias? La respuesta me estremeció… Las Islas Canarias no deben su nombre a las aves canarias (canario viene de can o sea de perro). No se trata de la isla de las aves canarias, se trata de la Isla de los Perros.
Y entonces, desde ambos hemisferios de mi cerebro, en fracciones de segundo, aparecieron las imágenes del mejor amigo del hombre. Representados como superhéroes: Scooby Doo, Pluto, Tribilín, Rintintín o Lassie. Que lástima que estos perros notables, generosos, superestrellas del cine, prototipos del bien y defensores de la justicia no sean nicas o ticos. En contraste, no pude contener las imágenes de los primeros colonos de América invadiendo nuestras fértiles tierras centroamericanas: Gil González Dávila y su comparsa de buscadores de fortuna, Francisco Hernández de Córdoba, fundando en 1526 las primeras ciudades nicaragüenses como Bruselas (en Guanacaste), Granada y León. El Rey de España repartiendo por Cédula Real indios y tierras y definiendo la organización socio-económica en términos de encomiendas, mitas y repartimientos. Los abuelos españoles, mordiendo la piñata Real, adquiriendo tierra y mano de obra esclava para la explotación de la riqueza del nuevo mundo a cambio de “adoctrinar a los indios en los principios del cristianismo”. Y con los españoles, también, llegaron los primeros caballos, vacas y perros. Las crónicas relatan el pánico de los indios cuando eran atacados a mordiscos por éstos, siguiendo órdenes de sus dueños.
Más de medio siglo después de fundadas Granada y León, Juan de Caballón, partiendo desde Nicaragua, se dirige hacia el sur con más o menos un centenar de hombres, caballos, vacas y perros. Nuestros hermanos de la centroamericana república de Costa Rica se constituyen pues, desde sus inicios, en una canaria república. Y para muestra un botón: en el argot popular de los ticos el chorizo es el equivalente a la mordida de los nicaragüenses. Nuestra cultura canina se consagra en El Güegüence cuando se soborna al gobernador Tastuanes. Mordida se registra en el diccionario como la recompensa que recibe un funcionario público de un particular por hacerle un servicio o evitar una sanción. Mordida se define, además, como hincar los dientes.
Y la historia se repite. Ya no son los perros secuaces de Pedrarias Dávila los que asesinan indios, sino los Rottwailler devorando un nica en la ejemplar y pacífica república canaria de Costa Rica, y un malentendido racismo xenofóbico recrudece en ese país. Los ticos comparten con los nicas los mismos abuelos. Durante el siglo XIX la Universidad de León formó a innumerables presidentes ticos. Las ideas republicanas en Costa Rica fueron difundidas por nicaragüenses como el bachiller Osejo. Evaristo Carazo, ex presidente de Nicaragua, nació en Costa Rica. Rigoberto Cabezas era tico, Rafael Ángel Calderón Fournier nació en Nicaragua y hasta Silvia Poll es nica. Sin embargo, el tico promedio desconoce o reniega de su abuelo nica, aunque basta comparar el directorio telefónico para inferir que se trata de los mismos apellidos. (Nos veremos en la próxima canina semana).
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