Opinión

Supremacía musical


Hace unos días leí una nota del periodista y escritor Edwin Sánchez, en la que se refería a la caída de la dictadura musical del Caribe. Mi opinión al respecto es que el “Black Power” de la música de Dimensión Costeña, radica en que ellos alistan y montan sus propias canciones a ritmo de Palo de Mayo. Creo que la “supremacía del poder musical” está en manos de Dimensión Costeña no por casualidad, y la sigue teniendo no por rumbear canciones de otros, sino porque crean sus propios éxitos musicales para el Atlántico y el Pacífico.
La diferencia entre quien “rumbea” los temas musicales de otros compositores y quien escribe, compone y arregla sus propias canciones, es abismal. Eso por un lado, pero el otro asunto es que los éxitos de Dimensión Costeña se escuchan en la propia zona de origen de los caribeños, y sus temas también se escuchan en todas las emisoras de Nicaragua, y eso es el “Black Power” de su música.
Pero si alguien tiene alguna duda sobre el “Black Power” de esta organización caribeña, en su último hit musical ellos defienden la Soberanía Nacional de Nicaragua a ritmo de Palo de Mayo, dejando claro que el río San Juan es de Nicaragua y que el gobierno de Costa Rica, “vaya a La Haya o adonde vaya, es NICA el río San Juan”.
Dimensión Costeña tituló como “El rostro cultural de Nicaragua” su último tema musical: el río San Juan: ¡Es nica! Su compositor y arreglista es Luis Cassell, su intérprete es Anthony Mathews. Desde que apareció esta canción ha sido un éxito, y la gente la solicita en las diferentes emisoras del país porque tiene “feeling”. Y esta defensa de la Soberanía Nacional ha servido para que hoy en día le lluevan los contratos a Dimensión Costeña.
No se puede obviar que de los nuevos grupos musicales que surgieron después de la desaparición de los primeros grupos electrónicos que existieron en el país y cuya principal base de operaciones era Managua, destruida por el terremoto del 72, los costeños fueron los primeros en hacer “covers” con baladas que hicieron furor en la juventud de los años 60 y 70, esos popurrí los titularon: Melancolía 1, 2 y 3.
Nueva Compañía ha realizado una gran labor al llevar de lo acústico a lo electrónico las canciones de los compositores nacionales, y eso tiene su mérito, se quiera o no, pero también hay que señalar que ninguna de esas canciones es original de ellos, y es por eso que el respetable público les llama “rumbeadores” de canciones. Pero buenos rumberos.
Qué salida más estrepitosa del grupo fue la del maestro Gustavo Leytón, o la de Odalia Fernández. Lógicamente, eso ni se discute: la salida más dolorosa fue la de Odalia, ella salió de entre el público en un concierto que La Nueva Compañía brindó en el Rucfa y a pesar de todo demostró tener dominio escénico, carisma, que combinados con sus movimientos rítmicos hacían que ella volcara una descarga de energía positiva con la que contagiaba al público. Esto lo recuerda no más de una persona, como se dice en el artículo de Edwin. Eso lo recuerdan miles de personas no sólo en Nicaragua, sino en todos los escenarios en donde ella se presentó junto a La Nueva Compañía.
Con todo el respeto que se merece la nueva vocalista de la escuadra que dirige Oscar Hernández, aunque ella llegó a La Nueva Compañía proveniente de otra agrupación, es difícil que pueda llenar el vacío dejado por Odalia. Negarlo sería como querer tapar el sol con un dedo. Odalia es parte del “Black Power” de la música que existe en la Costa Caribe de Nicaragua, porque por sus venas corre sangre costeña.
En el caso del profesor Gustavo Leytón, se puede decir que se cometió un error muy grave y eso se debe a que los aplausos conquistados por Dimensión Costeña cuando él y las bailarinas realizaban unos pases acrobáticos y comerciales que nada tienen que ver con el auténtico Palo de Mayo, siempre fueron para el colectivo; pero cuando llegó la crítica luego de la inauguración de la Concha Acústica, el “culpable” de todo resultó ser Leytón, olvidándose todos de que, por esos mismos pases, fueron muy aplaudidos tanto en Europa como en USA y otros países de América Latina, ya no digamos en Nicaragua.
Se le olvidó a la dirección del “Black Power Music” costeño que los éxitos y los fracasos siempre se deben recibir de forma colectiva y en el caso de las felicitaciones, ovaciones y críticas, éstas deben digerirse de tal manera que sirva para mejorar y de esa manera mantener la supremacía de la música caribeña.
Referente al tiempo en que los grupos musicales del pacífico mantuvieran el poder musical, eso radicó en que los temas que ellos interpretaban en su mayoría eran “covers” que eran magistralmente “fusilados”, aunque tenían ciertos temas originales, pero la mayoría alcanzó el éxito con temas que no eran de su autoría.
Los Rockets fueron uno de los primeros grupos electrónicos que existieron en la década del 60, y tenían su única versión de El Tema de William, original del maestro William Malespín, pero que fue grabada y producida por esta legendaria organización que lidera el maestro Ricardo Palma. Otros de sus temas originales son: Abrázame, El Monje Loco y Tarántula, entre otros.
Un caso muy especial es el del grupo Los SM 70, de don Carlos Hurtado (q.e.p.d.), ellos aparecieron en esa época como su nombre lo indica. Sus canciones fueron originales, ellos fabricaron sus propios éxitos, ellos arreglaban, alistaban y montaban sus propias canciones. El éxito que este grupo alcanzó fue con su propia producción. Esa creación y producción de sus propias obras en la mayoría de los grupos nacionales se ha perdido, y mientras no retomen ese camino será difícil desplazar a Dimensión Costeña de la Supremacía Musical.
En el caso del grupo que tiene su centro de operaciones en la Colonia Centroamérica (Macolla), Edwin Sánchez, dice: “Y si acaso por allá… Macolla”. Este grupo, se quiera o no, es un grupo de estudio, y desgraciadamente en este país ellos tienen poca posibilidad para avanzar por la falta de apoyo. Macolla es el único grupo que ha firmado contrato con una compañía disquera internacional: Sony Music.
Por sus constantes producciones originales a ritmo de Palo de Mayo es que el “Black Power de la Music Caribeña” mantiene la supremacía en Nicaragua y hacen que se mantenga unida la región del Atlántico con el Pacífico. Esa es la realidad. El río San Juan ¡es nica!