Opinión

Democracia participativa


Los gobernantes centroamericanos se reunieron en León y realizaron la transferencia de la presidencia temporal del SICA de Bolaños a Torrijos.
A estas alturas los gobernantes debieran estar convencidos de que no se puede conducir un gobierno con una actitud de autosuficiencia y de espaldas a los sectores que no comparten su credo político.
Si aún consideran que pueden conducir los asuntos públicos de una nación de esa manera, incurren en un gravísimo error.
Hoy ningún gobierno puede prescindir del diálogo permanente con las distintas fuerzas del espectro social y con los sectores de oposición. Peor todavía suprimiendo el diálogo en el interior de su partido, con una rigidez que termina eliminando a todo aquel que se anima a disentir.
Si dirigimos una mirada al exterior y revisamos los conceptos y las pautas con que se gobiernan las democracias sólidas, maduras y prósperas, advertimos que el diálogo y la interdependencia entre las distintas fuerzas políticas han pasado a ser instrumentos de fundamental importancia.
La lección, en ese sentido, es contundente. Tanto en los países centrales como en las naciones de la periferia que han tenido algún éxito en su intento de marchar hacia el desarrollo, la fórmula de organización política que ha terminado por imponerse es la de un sistema democrático fundado en la democracia participativa.
El nuevo gobernante de Honduras ha llegado a comprenderlo y eso le dio la victoria en las pasadas elecciones.
El SICA, Sistema de Integración Centroamericana, considera la participación de la sociedad civil integrando junto al secretario general un consejo formado por organizaciones populares y no gubernamentales.
Para concretar un sistema fundado en compromisos con la gente, no existe otro camino que el diálogo permanente entre el gobierno y las organizaciones no gubernamentales.
El ejemplo cercano más conocido de un régimen basado en esa concepción de objetivos y políticas acordados por el conjunto de la ciudadanía y respetados por los gobernantes es la España democrática surgida del pacto de La Moncloa.
Los gobiernos que se niegan al diálogo se condenan al aislamiento y desarticulan la posibilidad de perpetuar en el tiempo sus propios planes y estrategias de crecimiento y desarrollo.
Sólo el diálogo tolerante, fluido, racional y permanente entre gobierno y sociedad civil permite que la democracia se convierta en sistema y que los proyectos de largo aliento adquieran el carácter de auténticas políticas de Estado.
Un gobernante que apuesta sólo a concentrar poder a cualquier precio solo logra convertirse en un referente anecdótico o pasajero en la historia de su patria.
Pese a estar escrito y refrendado en el protocolo de Tegucigalpa, Bolaños tiró a la basura el sabio consejo y no escuchó las opiniones a la hora de definir sus líneas de acción. Resultado no llegó a ninguna parte y pasará a la historia sin pena ni gloria. El que hubiera querido ser el mejor presidente de este terruño.
*Vicerrector de la UCC.