Opinión

¿A quién benefician los últimos acuerdos políticos?


Los acuerdos parlamentarios y municipales entre el PLC y el FSLN siguen irritando a diversos sectores sociales, cada uno esgrimiendo variadas razones: por el expediente público de los liberales, por la antipatía al Frente Sandinista, porque tales acuerdos benefician la partidización de las instituciones a favor de ciertos partidos políticos, etc., etc.
Recientemente hemos asistido a otros acuerdos entre las diferentes fuerzas políticas del país. Un acuerdo marco entre las tres fuerzas políticas (liberales, sandinistas y conservadores), por medio del cual se posponen las reformas constitucionales que pretendían limitar el hegemonismo presidencialista en Nicaragua. Otro acuerdo entre la bancada liberal y el presidente Bolaños, cuyos efectos principales han sido la aprobación de dos iniciativas de ley que tendrán una gran repercusión en la vida social y económica de Nicaragua. Me refiero al tratado comercial con los Estados Unidos (Cafta) y al presupuesto de la República 2006 recomendado por el FMI.
Yo sigo insistiendo que a cualquier fuerza política le asiste el derecho de realizar acuerdos con quien quiera. Creo asimismo que los acuerdos políticos se valoran por el contenido y no por las cualidades del adversario. Y finalmente vuelvo a plantear que el debate debiera de regirse por la argumentación y no por el insulto, pues de lo que se trata es de analizar hechos y debatir posiciones políticas.
A diferencia de los acuerdos libero-sandinistas, los acuerdos tripartitos alrededor de la ley marco y los acuerdos libero-conservadores sobre el Cafta y el presupuesto, no tienen quien los insulte. Yo tampoco los voy a insultar, pues el objetivo del análisis es participar en la discusión, no desahogar emotivas animadversiones que el juego político pueda provocarnos.
Lo que más me llama la atención sobre los nuevos acuerdos políticos, sus protagonistas y sus contenidos respectivos, es que esta vez no haya quien insulte a sus responsables, lo que efectivamente hay que celebrar, independientemente que estemos o no de acuerdo con los mismos. De todas maneras no me parece ocioso preguntarnos a qué se debe este cambio de actitud de nuestros analistas nacionales. Podríamos adelantar algunas hipótesis: a) Qué nuestros analistas hayan abandonado su odio hacia al adversario, lo que me parecería estupendo, b) que nuestros analistas coincidan con las posiciones de los actores de los acuerdos, si esto último fuese así, significa que los argumentos anteriores quedarían rodando por el suelo: ya los liberales no son corruptos, los ministros pueden ser encontrados corruptamente in fraganti sin que eso nos perturbe, los sandinistas se han vuelto demócratas, las fuerzas políticas pueden nombrar funcionarios del seno de sus propios partidos (tal como lo hace el presidente al nombrar ministros que pertenecen al APRE), c) que las posiciones de derecha hayan salido fortalecidas o que las posiciones del Frente Sandinista hayan salido debilitadas, d) que a partir de ahora, los acuerdos políticos serán reconocidos como parte de las reglas del juego de la democracia nicaragüense, e) que se haya agotado la bandera antipacto de los que la levantaron, f) que tales acuerdos hayan sido impulsados por fuerzas externas, la OEA en un caso, y la embajada estadounidense en el otro caso.
Igual que ayer, yo prefiero analizar los acuerdos en relación a los resultados para uno u otro de los intereses en juego. He aquí mis consideraciones. En el acuerdo marco puede lamentarse la desaparición de la nueva ley de seguridad social, al menos para la gran mayoría de los sectores a quienes beneficiaba. Asimismo, es de lamentar que los ministros puedan hacer lo que quieran sin que nadie pueda hacer nada. El acuerdo sobre el Cafta, al que algunos sectores anteriormente partidarios empiezan a verle sus defectos, será responsable sin lugar a dudas del desmantelamiento de la seguridad y de la soberanía alimentaria. El acuerdo sobre el presupuesto de la República 2006 me parece igualmente devastador para las cuentas nacionales y para el bienestar de la población. Su principal estocada es, sin lugar a dudas, la política de endeudamiento público que el Fondo Monetario Internacional impuso al gobierno y a la sociedad.
Según el presupuesto aprobado, el gobierno se compromete a pagar en el 2006 alrededor de 5 mil millones de córdobas, principalmente a la banca nacional (es decir, el 20% del presupuesto general equivalente a 25,000 millones de córdobas), tal como puede observarse en el cuadro de abajo.
Lo más novedoso es el peso significativo que ha tomado el servicio de la deuda interna frente al servicio de la deuda externa. En otras palabras, mientras más nos condonan la deuda externa, más nos endeudamos con acreedores internos. Como lo han denunciado varios especialistas y la misma Contraloría General de la República, la deuda interna contraída por el gobierno nacional con los bancos privados nicaragüenses es totalmente ilegal y además leonina, pues fue pactada a una tasa de interés y en condiciones de pago enormemente onerosas para el gobierno y por lo tanto para la población, quien a través de sus impuestos tendrá que pagarla. Imagínense ustedes que, según lo dictado por el FMI, de ahora hasta el 2008, les estaremos pagando a los acreedores nicaragüenses alrededor de 20,000 millones de córdobas, por unas fincas expropiadas que ya se habían pagado, o por un rescate bancario concedido por el gobierno de Nicaragua y que favoreció a los mismos banqueros.
Podemos decir, entonces, que si a alguien benefician los últimos acuerdos políticos es a los viejos y nuevos sectores de la oligarquía (terratenientes y banqueros).
Ojalá, pues, que podamos empezar un verdadero debate de ideas, donde la escasez de argumentos de uno u otro lado no se compense con insultos. Recordémosle a quienes han perdido la paz interna que lo que cuentan son las categorías que danzan en el debate. Quizás el ejemplo más aleccionador sea el mensaje del viejo Marx cuando le preguntaron sobre su sentimiento personal hacia los burgueses que aparecían escenificando su máxima obra (El Capital):
“En esta obra, las figuras del capitalista y del terrateniente no aparecen pintadas, ni mucho menos, de color de rosa. Pero adviértase que aquí sólo nos referimos a las personas en cuanto a personificación de categorías económicas, como representantes de determinados intereses y relaciones de clase. Quién como yo concibe el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico-natural, no puede hacer al individuo responsable de la existencia de las relaciones de que él es socialmente criatura, aunque subjetivamente se considere muy por encima de ellas” (Carlos Marx).