Opinión

¿Se están generando nuevos liderazgos en Nicaragua?


La desconfianza no es buena consejera para la aceptación de nuevos liderazgos. Precisamente, si en algo hay coincidencia entre la ciudadanía nicaragüense es la de compartir cotidianamente el juego y rejuego de los políticos que hacen y deshacen sin dar explicaciones claras acerca de sus actos. Esa es una de las razones de algunas decepciones, resentimientos y hasta de cambios radicales en algunos ciudadanos.
Analicemos detenidamente la aparición de los llamados “nuevos liderazgos” y procuremos descubrir “su norte”.
En primer término, lo de nuevo sale sobrando, ya que quienes intentan ganar espacios bajo el lema de nuevos liderazgos, no son más que antiguos miembros de los dos grandes partidos, liberal y sandinista. Es decir, han salido a la palestra pública para disputar el liderazgo a quienes dominan la maquinaria partidaria y que son figuras ampliamente conocidas en todo el territorio nacional. Están disputándole el liderazgo a quienes han realizado una gestión constante, por muchos años, frente al PLC y FSLN. Le están disputando el liderazgo a quienes han hecho acuerdos de gobernabilidad que luego han llevado a reformas constitucionales destinadas a dividirse el poder político institucional.
Esos dirigentes históricos son ampliamente respaldados por sus adeptos y ampliamente rechazados por los que les adversan. Es decir, que se caracterizan por su poder de atracción y rechazo al mismo tiempo. Por lo que se ha podido observar (y del análisis a fondo del contenido de las últimas encuestas grandes) el voto duro sandinista continúa en sus puestos, es decir, independientemente de la aceptación o no de la figura de Daniel Ortega, los sandinistas del Frente Sandinista siguen firmes. El PLC parecería un poco más afectado por los “nuevos liderazgos”, ya que Alvarado y Montealegre provienen de sus filas. En tal caso, serán las votaciones las que den la última palabra.
En relación a los “nuevos liderazgos”, hay algo en común en todos ellos: el beneplácito del Gobierno de Estados Unidos. El hacerse rodear por antiguos guerrilleros no le quita a Lewites el lastre de “sus visitas” a Bolaños, y el beneplácito de éste por su candidatura, y no le quita el lastre del visto bueno del “representante de la embajada amiga”. Con esos antecedentes tan desagradables para los sectores populares parecería difícil encontrar eco en el voto duro sandinista y convergente, el mismo de las 87 alcaldías.
No cabe dudas, que a Lewites le será algo complicado llegar a los sectores populares y convencerlos y convertirse en su representante. Me refiero al voto históricamente sandinista, es decir, históricamente contrario a lo que representa Bolaños y sus banqueros, y lo que representa el Gobierno norteamericano con su responsabilidad por la masacre de miles de familias sandinistas, en la guerra de los 80. Por si fuera poco, ambos han visto con beneplácito la candidatura de Lewites, y todos son responsables por quitarle el 10% de las transferencias municipales a las Alcaldías, en estos días.
El caso de Montealegre tiene cierta ventaja porque el Jefe del PLC no puede correr como candidato. Esta ventaja le permite disputar el liderazgo a otros aspirantes, del PLC, que son tan conocidos como él, pero ninguno con el perfil político del Jefe.
La ventaja de Montealegre es una especie de ficción, porque su misión, según entiendo, en tanto “nuevo líder” debería ser el de nuclear de manera urgente a todos los no sandinistas, incluyendo parte de los seguidores de Lewites. No obstante, parecería que el liderazgo de Montealegre (con su lenguaje de persona educada) aún está lejos de los sectores populares, y más bien las características socio económicas de sus seguidores, parecen calzar como complemento perfecto de los votantes de los sectores populares del PLC.
En otras palabras, es muy difícil forjar liderazgos de la noche a la mañana, particularmente frente a un electorado, desconfiado, polarizado y que cree más en las consignas que en los argumentos. Que cree más en los candidatos que ven durante todo el año, y al que recurren para resolver sus problemas, que en los candidatos relativamente desconocidos, por más que los medios de comunicación les tomen fotos de frente y perfil, y las encuestadoras pagadas por ellos mismos, o empresarios afines, presenten su nuevo liderazgo en gráficos de todos los colores.
Habrá que tomar en cuenta que no estamos en Estados Unidos en donde los liderazgos los hacen las grandes empresas (muchas de ellas trasnacionales). Vivimos en Nicaragua, con un pueblo lleno de necesidades, muchas veces manipulado por los políticos, pero un pueblo que no olvida a quienes han estado con ellos en las duras y las maduras.
En términos de discurso político parecería que los vientos no favorecen al nuevo liderazgo. El hecho de haber asumido el discurso antipacto más bien ha causado problemas, porque los cercanos a Bolaños han tenido que bajar el tono de sus encendidas arengas a partir de la nueva ley marco. Otro tanto les ha ocurrido al sector de las marchas de clase media y alta, ya que gran parte de ellos conforman las bases de Montealegre, Alvarado y Lewites, y otros son asalariados de Bolaños.
Como decía al inicio no es fácil forjar nuevos liderazgos (aunque se tenga el dinero), particularmente porque todos los “nuevos” son viejos conocidos en el sandinismo y el liberalismo, y lo mismo ocurre con sus seguidores. Para la derecha, en general, y para la administración norteamericana en particular el FSLN no es su adversario, sino su enemigo político. De manera que lo único que podría entenderse por nuevo liderazgo sería un candidato fruto de una especie de ensalada de colores verde, rojo y anaranjado con el beneplácito de Estados Unidos y con la única misión de derrotar al candidato sandinista sin interesar demasiado si al día siguiente les ocurre lo mismo que a la fenecida UNO.
Para preocupación de ciertos ideólogos, poco a poco han ido surgiendo facetas en los nuevos liderazgos que dan para pensar en la famosa frase “más de lo mismo”. Es así que no faltan los estilos autoritarios, de autosuficiencia, con el sello de discursos populistas sin la más mínima mención a programas de gobierno.
En lo personal, considero saludable que haya varias candidaturas, pero habría que preguntar, ya saben donde, si es positivo que haya varios candidatos disputándole el poder al FSLN. La respuesta podría ser ejemplar, en el sentido de que varios nuevos liderazgos es algo así como gastar pólvora en zopilotes, y eso a mí no gustar.
* Sociólogo
Juancarlos3347@yahoo.com