Opinión

Traicionando las lágrimas de una madre

“Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel.” Jueces 2:10 (versión Reina-Valera traducción de 1960)

La carta abierta al comandante Daniel Ortega, de parte del joven Emila Persola, quien no conoció la lucha contra la dictadura somocista ni la gesta heroica de nuestro pueblo (El Nuevo Diario, domingo 4 de diciembre de 2005), contiene una serie de gravísimas distorsiones y aberraciones que por su magnitud no hay que dejar pasar. En primer lugar, mi estimado joven, Daniel Ortega Saavedra no es Anastasio Somoza García ni es usted Rigoberto López Pérez. Comparar a Daniel Ortega Saavedra, el líder anti-imperialista nicaragüense de la actualidad, con Anastasio Somoza García es una monstruosidad histórica, una grotesca distorsión de la realidad y un insulto a la inteligencia.
Somoza García y Ortega Saavedra pertenecen a dos vertientes diametralmente opuestas. Mientras Somoza García representó la línea de la felonía de Adolfo Díaz, Ortega Saavedra representa la línea de Augusto César Sandino. Todos nuestros grandes próceres a los cuales rendimos honor en los desfiles patrios del 14 de septiembre, por si no lo sabía usted mi estimado joven, todos fueron anti-imperialistas como Daniel Ortega Saavedra. Anastasio Somoza García, en cambio, representaba la ignominia del invasor extranjero. Con razón, el ex-ministro de Educación, Humberto Belli, ex director del Instituto Puebla, autor de un libro en inglés lleno de mentiras contra la Revolución, “Christians under Fire” (Cristianos bajo fuego), estaba tan interesado en re-escribir la historia y eliminar los libros de texto anteriores a 1990 para que ahora tengamos ciudadanos como usted, ignorantes de su propia historia.
¿Qué clase de historia aprendió usted, mi estimada joven, bajo los nuevos currículum del ex ministro Belli? ¿Nunca le enseñaron el orgullo patrio de ser herederos de la tradición del general José Dolores Estrada, quien derrotó al yanke invasor en la batalla de San Jacinto, en 1856, cuando aún no triunfaban ni la revolución rusa, mucho menos la cubana, pero ya teníamos encima al yanke invasor? ¿Nunca leyó usted en los libros de texto que al quedarse sin municiones el héroe Andrés Castro derribó a pedradas a un filibustero yanke? En las clases de historia bajo gobiernos “demócratas” o sea pro-yanquis ¿nunca le enseñaron de la resistencia del patriota Benjamín Zeledón en 1912, quien combatió con increíble heroísmo y en lucha desigual (siempre ha sido así en toda la historia desde David y Goliat hace 3 mil años), en La Barranca, frente al cerro El Coyotepe en Masaya? ¿Nunca le dijeron que los machos (así les decían nuestros campesinos a los invasores rubios), luego de asesinar a Zeledón, arrastraron su cadáver por las calles de Masaya, un domingo por la mañana ante el estupor, ira e impotencia del pueblo de Masaya? ¿Nunca ha leído usted en los libros de historia, la verdadera historia, no la de Humberto Belli, que entre los que presenciaron el sacrilegio del héroe estaba un muchacho de Niquinohomo, flaquito y bajito que andaba haciendo compras de su padre en el mercado de Masaya?
¿Nadie le ha informado que ese muchacho flaquito y bajito pasaría después a la historia como “el más ilustre de todos los nicaragüenses” y su nombre era Augusto César Sandino? Sabía usted que Sandino fue el fundador del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, EDSN, y que fue asesinado a traición por Anastasio Somoza García, en 1934? ¿Sabía usted que el padre del actual secretario general del FSLN fue combatiente del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Sandino, al igual que lo fue el padre del comandante Tomás Borge Martínez? Lo más probable es que una buena parte de lo que le digo, usted no lo sabía. Por supuesto que la culpa no es suya, sino de Humberto Belli, quien quiso “re-escribir” la historia de Nicaragua y pretendió cambiar los libros de texto de Historia de Nicaragua en la época en que usted era estudiante de secundaria.
Pero su nada bien intencionada pretensión de comparar a Anastasio Somoza García con Daniel Ortega Saavedra, no es lo más grave en su infortunada carta abierta. Usted, que al parecer no había nacido cuando se dio la insurrección contra Somoza en 1979, usted que era muy pequeño para recordar el sacrificio de la juventud para defender la soberanía nacional, ahora viene a cometer la monstruosidad de sugerir el asesinato del comandante Ortega. ¿Sabe usted que si llegara a suceder tal magnicidio, este país caería en un torbellino de imprevisibles consecuencias? ¿Sabía usted que los enemigos del sandinismo tienen rato de estar clamando por sangre? Uno de los “ungidos” ha amenazado que si no se le permite ser candidato, “aquí va a correr sangre.”
Después de tanta sangre derramada, después de tantas lágrimas de nuestras madres, esposas, novias, hermanas e hijas, es sencillamente inaceptable que se sugiera el asesinato político como usted lo sugiere. Su irresponsabilidad parece no tener límites. ¿Sabía usted que si usted escribiera semejantes barbaridades en un periódico de Estados Unidos, en primer lugar, no se lo publicarían, pero si lo hicieran, el mismo día estaría siendo interrogado por las autoridades?
Tiene usted razón, mi estimado joven, usted pertenece a una generación perdida. Una generación que no conoció la entrega, el sacrificio y el heroísmo de mi generación que escribió las más brillantes páginas de nuestra historia. Tiene razón, mi querido joven, usted no vivió el momento más glorioso de nuestra historia cuando derrocamos a Somoza y los sueños de obreros y campesinos comenzaron a convertirse en realidad. Tiene usted toda la razón porque con el retorno de los brujos de Miami, los niños de Nicaragua perdieron la esperanza, los pobres de Nicaragua, perdieron. No sólo su generación se perdió con la derrota electoral de 1,990. Perdimos la inmensa mayoría de los nicaragüenses y ganó esa minoría ínfima de explotadores y oligarcas. Perdieron un millón de nicaragüenses que ante la incapacidad de los gobiernos pro-estadounidenses de generar empleos, han tenido que emigrar a Estados Unidos. No sólo usted perdió su futuro (quizás eso explique las lágrimas de su madre), perdieron también medio millón de nicaragüenses que están en Costa Rica donde a los pobrecitos les echan los perros, pero no se pueden regresar a morirse de hambre a Nicaragua, porque estos tres últimos gobiernos han sido ineptos.
Tiene usted toda la razón, joven, su generación y las que vienen después de usted están perdidas. Luego de 15 años de experimento “democrático”, un millón de niños no asiste a la escuela. Así que hagamos un poco de aritmética de primaria, un millón de nicas en Estados Unidos, emigrados en los últimos 15 años, medio millón en Costa Rica, un millón de niños en nuestras fronteras sin asistir a la escuela, eso sin contar con el ejército de desempleados de la nueva era, eso sin contar a los pandilleros, eso sin contar con las prostitutas y los delincuentes. Ya son dos millones y medio de nicaragüenses que perdimos el 25 de febrero de 1990. Usted ha dicho una gran verdad, su generación está perdida, Nicaragua entera tiene 15 años de estar perdida, perdimos 17 mil millones de dólares que eran en debernos los gringos, por el fallo de La Haya, pero que doña Violeta se los perdonó. Perdieron las madres de héroes y mártires, perdieron miles y miles de jóvenes que vieron truncados sus sueños de juventud.
Ganaron aquellos que ganan 20 mil dólares mensuales, ganaron aquellos que tienen a toda su familia empleada en el gobierno, ganaron aquellos que entran a la EMBUSA como Pedro por su casa. Ganaron aquellos que fueron declarados culpables de crímenes de lesa humanidad por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA en 1978. Ganaron aquellos que fueron condenados por la Corte Internacional de Justicia de La Haya en 1986 por su inmoral e ilegal guerra de agresión mercenaria contra la Revolución Sandinista. Ganaron aquellos que trasegaban cocaína desde Colombia, vía Ilopango, y la vendían en Estados Unidos para financiar la “lucha” contra los pobres en Nicaragua.
Estimado joven, lo más grave de su carta abierta no es la aberración histórica de citar fuera de contexto a Rigoberto López Pérez, lo más grave de su carta no es sugerir el asesinato de Daniel Ortega Saavedra, lo más grave de su propuesta no es reconocer que con el triunfo de los “sectores democráticos” usted pasó a formar parte de la “generación perdida”, sí, perdida en zapatos Nikki, películas de violencia, a la Arnold Swartzenegger e ignorante de su propia historia; lo más grave de su carta abierta es que usted se ha burlado de las lágrimas de su propia madre. Que Dios la perdone por semejante infamia.
Saludos nicaragüenses.