Opinión

El Güegüence, nuestro y universal


Ph.D. IDEUCA

Hace apenas unos días, el 25 de noviembre, la Unesco proclama al Güegüence como obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la Humanidad. Algo muy nuestro, y sin dejar de ser nicaragüense, transciende nuestras fronteras para ubicarse como patrimonio y posesión de la Humanidad. Entra en la categoría de obra maestra, digna de admiración, fuente de recreación cultural y de enseñanza permanente.
No deja de sorprender que en la superficialidad reinante del imperio de lo material, de lo que se calcula, pesa, mide, cuesta y se consume, algo inmaterial sea relevante, que se reconozca en su nueva dimensión, que adquiere un profundo sentido, con capacidad de producir los sentimientos nacionales de satisfacción, gozo y orgullo como lo ha hecho la obra maestra: El Güegüence.
Por otra parte, nada raro que algo inmaterial penetre nuestro ser cuando en cierto modo todo la Humanidad es el hábitat natural de una enorme dimensión inmaterial. Por algo Savigny habla del Volkgeist, del espíritu popular que por distintas rutas recorre la historia y se encarna en presencia viviente en su interior desde el que pronuncia sin cesar su palabra silenciosa, penetrante e ininterrumpida.
La Unesco entiende por “patrimonio cultural inmaterial” las prácticas, representaciones y expresiones, los conocimientos y las técnicas que procuran a las comunidades, los grupos e individuos un sentimiento de identidad y continuidad. Los instrumentos, objetos, “artefactos” y espacios culturales asociados a esas prácticas forman parte integrante de este patrimonio. El patrimonio cultural inmaterial se manifiesta en los siguientes campos:
• tradiciones y expresiones orales,
• artes del espectáculo,
• prácticas sociales, rituales y festividades,
• conocimientos y prácticas relacionados con la naturaleza y el universo,
• las técnicas propias de la artesanía tradicional.
El patrimonio cultural inmaterial, transmitido de generación en generación, lo recrean permanentemente las comunidades y los grupos en función de su medio, su interacción con la naturaleza y su historia. La salvaguardia de este patrimonio es una garantía de sostenibilidad de la diversidad cultural.
El Güegüence atraviesa muchos de estos criterios y cruza varias de estas rutas ubicándose con su contexto, mensaje, historia, lenguaje, música, danza y vivencia popular como una verdadera obra maestra del patrimonio oral e inmaterial.
Lo interesante de esto es que nuestro Güegüence ha sobrevivido intacto y quizás más enriquecido pese a las invasiones culturales y sus mecanismos para echar al olvido expresiones originales de la nicaraguanidad. La inculturación foránea con frecuencia se abre paso eliminando u olvidando algunas raíces que fundamentan la identidad de los pueblos.
A manera de ejemplo, nunca olvido una reyerta entre dos estudiantes universitarios, el uno defendiendo los aparatosos disfraces de Hallowen como expresión de la modernidad y el otro defendiendo con legítima vehemencia la cotona de Masaya como la vestimenta más representativa para exaltar nuestras celebraciones con raíces nicaragüenses, rechazando expresiones comerciales importadas. Ambos estudiantes se movían en una perspectiva cultural diferente, con el agravante que el uno, nica, optaba por un disfraz importado aceptado ya por muchos nicaragüenses como signo de modernidad y el otro, también nica, identificándose orgullosamente con la cotona nacional. El uno se sentía moderno, al día, con disfraces ajenos, el otro se sentía también moderno y orgulloso con una cotona de Masaya.
Por supuesto que la inculturación tiene sus valores y riquezas que hacen avanzar la historia de los pueblos aportando elementos de la identidad nacional, pero siempre con la condición de que no borren o destruyan lo original y las raíces más hondas de nuestra identidad.
El Güegüence ha convivido en el país entre otras expresiones culturales, pero ha conservado su aliento y su alma originales. El espíritu de los pueblos está demasiado dentro de sus entrañas como para dejarse arrebatar su originalidad y su fuerza para abrirse paso entre las tempestades que lo quieren destruir y enterrar.
El Güegüence es un ejemplo de ello hasta encarnarse en una especie de estereotipo de algunos comportamientos individuales y sociales del nicaragüense.
Esto no significa que el Güegüence sea el prototipo del nica, el nicaragüense es mucho más que el Güegüence pero éste se ha introducido en parte de su alma cultural. El Güegüence es una obra maestra de la cultura oral e inmaterial de la Humanidad declarada así por la Unesco y con él los nicaragüenses somos en cierto sentido universales.