Opinión

De un ciudadano de la Última Generación Perdida (Los Carlitos) - NUEVA GENERACION


“Estoy buscando el pez de la libertad
en la muerte del tirano.”

R. López Pérez

Estimado ex Presidente:
Aprovecho la oportunidad para dirigirme a usted por este medio, en calidad de joven ciudadano con el interés preciso de hacerle llegar con franqueza esto que me es de suma importancia. Le pido, por favor, se tome un cafecito y me deje robarle diez minutos de su agenda para poder así plantearle mi situación y mi agobiado estado en el tiempo.
Han pasado quince años desde que vi a mi madre, un 26 de febrero de 1990, llorar penosamente su derrota. Entonces, yo también perdí, con diez años de edad, mi infancia; su derrota y mi infancia, fueron para mí algo así como una misma pérdida. Una fecha de escisión marcada claramente. Desaparecieron cosas fundamentales para entonces: la fila de la provisión los viernes con la abuela, El Chocoyito Chimbarón en la tele por la mañana los domingos, y también las alegrísimas piñatas que hacían en Bello Horizonte en la casa del Tío Tomás, para diciembre.
Yo, estimado ex Presidente, aprendí a sumar con los Carlitos, a cantar con las canciones del partido, y a honrar en actos la muerte de los héroes y mártires. Aprendí de mi madre que los malos eran hombres azules y se hacían llamar contras. Y en el colegio jesuita al que asistí, aprendí que más que saberse el catecismo, la solidaridad con el otro era lo importante para recibir la comunión. La vida era sencilla para entonces, y también era la idea de que sencilla la viviéramos.
Recuerdo que mis primos y yo lo veíamos a usted con frecuencia por la TV. Y aunque dedo decir, que algunas veces nos molestaba, porque interrumpían nuestro documental sobre aves exóticas para presentarlo en alguna noticia relevante; aprendimos, después de todo, a respetarlo. Quizás la única cuestión esencial en la que no simpatizábamos era que nosotros éramos dantistas y usted boerista.
Pero aparte de eso, con frecuencia se escuchaba hablar en casa con gran encomio sobre usted. Daniel aquí, Daniel allá. Era nuestro gran líder revolucionario. Nuestro maratónico orador con retórica cubana. Y recuerdo, que algunas veces pasaban aquella toma de usted corriendo en Washington, y nosotros nos quedamos idos mirando cómo le daba la vuelta al campo.
De repente, a alguno de mis primos, aunque ya estuvieran presentando la novela, se le metía de salirse hasta la puerta de la calle y eufórico a gritar: “¡Viva Daniel, jodido! ¡Ese es mi gallo, y qué!”. Y así todos sabíamos que era usted, para entonces, el heroico elegido.
Pero un día se aproximaron ya las elecciones, y mi madre y otras tías (porque éramos un montón de primos sólo con mamás) nos llevaron a todos a la plaza, y éramos miles, cientos de miles, un gran enjambre de hormigas excitadas, y entonces ahí lo vi yo aparecer. Era tuani verlo en su caravana con sus renegados. Me sentí emocionado cuando pasó a nuestro lado sonriendo y saludándonos con su tupido bigote negro. Pero lastima, después sucedió lo inimaginable y su imagen quedó implacable en mi memoria, perdimos y ya no lo volví a ver más.
Yo me metí en otras cosas de importancia: la primera novia, las salidas con lo amigos, cambié el beis por el fut, descubrí a Julio Verne, más tarde a Salgari, a U2, cayó el Muro, me pasaron a Juan Aburto, por ahí no se por qué a Pink Floyd, apareció Alfonso Cortés. Después, usted volvió a perder, ahora contra el Gordo, conocí a Poe, a Soda Estereo, a Caifanes y luego las salidas se volvieron un poco más reciecitas (hasta las una o dos de la madrugada), y apareció Kurt Cobain y así el movimiento grounge.
Y entonces se definió a la Generación X post Guerra Fría, y a Los Carlitos nos atrapó el postmodernismo: el escepticismo, la apatía a las utopías paternales, el descompromiso político, los miedos, y por ahí cayó en mis manos Sábato, Kundera, Rulfo, Orwell, Dostoievski y Saramago y entonces se cayeron las Torres, y volvió usted a perder, ahora contra el Churri, y se graduaron de la universidad algunos primos, y entonces todo parecería que transcurría hacia el futuro. Un futuro ocupado con nuevos personajes, aunque, lamentablemente, en un nuevo mundo maniqueado como siempre por las potencias poderosas.
Estimado ex Presidente, como verá, ya ha pasado mucho desde esa última vez en la plaza. Pero bueno, un día de estos, sucede que lo volví a ver cuando pasó frente a la UNAN, y yo estaba almorzándome un quesillo en la parada. No andaba en renegado, sino que un Jeep Mercedes cuadrado “como de esos que han salido”. Y obviamente, esta vez no me sentí tuani. Reflexionaba entonces, sobre su persona y los años que llevaba perteneciendo en mi memoria histórica. Y me preguntaba, ¿por cuánto tiempo puede dirigirte un líder antes de adoptar un rol de dictador? ¿qué hay en la mente de un revolucionario conservando 25 años una plaza con un discurso parchado? Y entonces me decía, ¿será posible darle una oportunidad más de gobernar a un ex presidente a quien los procesos históricos le negaron las condiciones precisas para encaminarnos a materializar una revolución social definitiva o sencillamente deberíamos considerarlo un proyecto abortado?
Nosotros, esta Generación Perdida, hemos visto penosamente la evolución de su actitud camaleónica dirigirse a una región extraña de política pantanosa; hemos visto, la tierna terquedad de su Yo insistiendo en recuperar el Poder, lo hemos visto condenarnos al pathos de su figura mesiánica, a un paternalismo mezquino insistiendo en castrarnos socialmente, subestimando nuestras capacidades para develar el futuro con nuevas alternativas e insistiendo ridículamente con una sobreprotección casi judía.
Los hombres, a cierta edad, ya no cambian sus ideas, estimado ex presidente. Ponerlo, nuevamente en el Poder, sería una inmadurez de nuestra parte. A este pueblo, al que usted ha hecho el bien, penosamente también ha confundido. Es preciso, entonces, que entienda ahora mi situación y el porqué de mi agobiado estado en el Tiempo. Yo también busco hoy al pez de la libertad, como usted ayer, en la muerte del tirano.

Estudiante de Filología y Comunicación UNAN-Managua
eduardopersola@gmail.com