Opinión

Milena García enciende una vela


Se enciende una vela. Poco a poco van apareciendo un conjunto de palabras hasta formar la siguiente frase: “Duermo, nadie a quien darle las gracias”. Se apaga la vela ¿Cómo se llama la obra?
Paradójicamente esta obra fílmica realizada por Milena García y que tiene una duración de 42 segundos, se convierte en iluminación y al mismo tiempo en oscuridad: el poema es luz que necesitamos empuñar antes que la vida se agote, de ahí esa dualidad entre vida y muerte, luz y sombra, como aquel poema escrito por T.S.Elliot cuando dice: “Tú no sabes lo que es la vida, tú, que la empuñas en tus manos”. Pero esencialmente, Milena logra un planteamiento preciso sobre el tema de la soledad, planteamiento que desemboca en el tema de la existencia humana frente a la vacuidad divina, frente al vacío mismo del ser humano.
Es precisamente durante las dificultades de la vida, ese momento considerado como “Trance”, tal y como se llama el poema fílmico, cuando se cuestiona más la existencia de Dios. Milena es categórica en su endecasílabo. Para ella no hay absolutamente nadie en ese momento final de la pequeña muerte como llamó Mario Benedetti, al sueño. La vida es una luz que se consume, una interrogante que el hombre no sabe responder, porque la noche es extensa en sus laberintos, diría Borges, y no sabemos cuándo vamos a despertar, dónde, ni cómo. Si acaso despertamos.
Milena García, quien nació el 01 de octubre del año 1977, siempre quiso estudiar cine, quizá por eso entendamos un poco su empatía por la poesía fílmica. Hay que considerar, además, que ella siempre ha escrito poesía, aunque “nunca me he considerado poeta, me gusta escribir y punto”, confesó a un periódico local en diciembre de 2000. Me consta. Lo mismo me respondió cuando hace algunos meses intenté escribir sobre su obra poética, aún inédita. Quizá por su timidez y el hecho de que no nos conociéramos mucho, evitó que se llevara a cabo un encuentro.
No creo, por tanto, que Milena sea el tipo de artista que produce dos obras al año con el objetivo de ganar un concurso. Y aunque el tráfico de gloria en nuestro país se decepcione de las obras expuestas en la Bienal, lo mejor es que como espectadores vayamos nosotros mismos para tener una valoración propia de lo que vemos y pensamos. Quizá en lo que sí me decepciono, es en la decisión del jurado de haberle otorgado únicamente una mención de honor a la obra “Trance”. A mi parecer, esta obra debió estar entre los primeros lugares de la V Bienal de Artes Visuales Nicaragüenses de la Fundación Ortiz-Gurdián 2005, por tratarse de una obra que expone algo tan sublime en un tiempo donde al ser humano no le queda nada en qué creer y nadie en quién pensar. Una obra con profundidad en su mensaje, con intensidad poética que es lo que falta muchas veces al lenguaje, una obra desligada completamente del tema político que tanto gusta a los jurados extranjeros y una obra que tiene independencia de temas coyunturales, y que por tanto, buscó diferenciarse de los clichés para este tipo de concursos.
Milena García, que desde hace tiempo habita su propia imagen de cera, como diría Silvia Plath, logró desde esa imagen de cera, que es la vela como objeto visual, empuñar un poema e iluminarlo, a pesar que todo en la vida continúe siendo tan solitario y oscuro como aparenta. Se apaga la vela. Esta madrugada tengo a quien darle las gracias, ahora por el buen arte. Gracias, Milena.

francisco_udiel@yahoo.com