Opinión

Enseñanza de la filosofía


Hace poco se celebró el Día Mundial de la Filosofía. Esta fecha fue establecida por la Unesco con el propósito de contribuir al desarrollo de los estudios de la disciplina que marca un hito fundamental en la cultura de Occidente desde los tiempos de la Grecia clásica. Al contrario de lo que pasó en nuestro país, el objetivo de la Unesco es alentar la presencia de la filosofía en la escuela secundaria.
La inserción curricular de esa materia se debe a las razones tradicionales de cultura y gimnasia mental a las que se les podría sumar la gravitación de la problemática contemporánea que afecta al hombre y la sociedad en términos globales.
La escuela es una organización abierta en continuo intercambio con el medio externo. Nada de lo que ocurra en el seno de la sociedad es ajeno al ámbito escolar. Entre otras cuestiones de nuestro tiempo, surgen con énfasis los temas vinculados con los avances de la ciencia y la tecnología y las transformaciones que ellos han traído, los renovados planteos de la vida moral y como basamento de esa arquitectura, la demanda creciente de un pensamiento lógico capacitado para acceder a la verdad, analizar y argumentar con sentido crítico.
La probabilidad de que los estudios filosóficos generen un espacio apto para la reflexión y el ejercicio racional constituye una rigurosa necesidad, ya que nuestra época está lamentablemente perturbada por la violencia, la acción directa, la manipulación de las opiniones y el tratamiento irracional de los problemas. Podría afirmarse que nunca tanto como hoy se requiere aprender lo que la filosofía enseña.
La etimología de dicha disciplina autoriza a creer que mientras se mantenga vivo el amor por el conocimiento, siempre se escuchará el llamado a recorrer los caminos que la filosofía permite explorar. La duda reside en cuanto a lograr de los jóvenes la actitud apropiada para un estudio que reclama sosiego y comprensión de los interrogantes, antes que respuestas inmediatas. Es más, a menudo parece enfriar la disposición a encarar problemas de esta índole el contenido de la hermosa metáfora que ha identificado el vuelo del pensamiento filosófico con el del ave de Minerva, que se eleva a la hora del crepúsculo.
Sin embargo, es posible. No se trata de convertir a los alumnos en filósofos. Eso carecería de sentido, sino enseñar el valor del cuestionamiento inteligente a través del diálogo, la importancia de indagar acerca de la verdad y de poner los problemas humanos en el centro de los razonamientos. Lo que constituye un modo de comprender a Sócrates, ejemplo permanente de filósofo y pedagogo. Solo los que no quieren que los jóvenes piensen están en contra y excluyen su enseñanza. ¡Oh, grandes burros!

Vicerrector de la UCC.