Opinión

El FMI, la conciencia del mal


Ya fue aprobado el Presupuesto General de la República de Nicaragua para el periodo de 2006, y con gran entusiasmo los diputados del PLC, y otros utilizados por la manga oficialista del gobierno, dieron por cerrada esta batalla, con la que nuevamente el Presidente pecó de entusiasta al resaltar de los supuestos beneficios que representa el obedecer con plena exactitud los designios o imposiciones de los burócratas del FMI.
En su momento, Su Santidad, el papa Juan Pablo Segundo, Karol Wojtyla, acertadamente calificaba las acciones de estos organismos financieros coercitivos, como parte del eslabón de lo que él llamó “el capitalismo salvaje”, pues a pesar de que el mundo poderoso se regocija de lo tanto que se puede hacer con el capital para beneficio de sus propios intereses, por otro lado se patentiza a su vez el drama mundial de los desposeídos.
Las cifras son aterradoras, miles de millones sin hogar y otros tantos que no responden a lo que se define como una vivienda digna o con el mínimo de las condiciones. Nicaragua, por ejemplo, tiene una deficiencia más allá de las 400 mil viviendas. Qué tanto se preocupa entonces el gobierno o el FMI para enfrentar esta crisis. La ONU nos dice que en el mundo se necesitan más de 100 millones de viviendas.
La salud, el SIDA, los casi un mil millones de analfabetos en el mundo, el millón de niños que no asisten a las escuelas, según el MECD, la falta de hospitales y medicinas y los salarios humillantes y vergonzosos que obtienen los trabajadores y médicos. En cambio, los burócratas con el mismo estilo, la misma canción o estribillo de que no hay, pero con 10 mil dólares en los bolsillos, se vuelven miopes y oportunistas.
El agro abandonado y los bancos esquilmando con sus exagerados intereses a los campesinos y, por ende, llevando el hambre a un gran sector de esta población, que ya no saben qué hacer, mientras que la conciencia del mal, los fondomonetaristas con sus pares nacionales, olvidándose que este conglomerado es actor y autor de gran parte de la economía nacional y, para colmo de males, el TLC presto a extraer todos nuestros recursos y dejarnos más pobreza y miseria, fortaleciendo las riquezas de unos cuantos.
La maldad es lo que está reinando aquí y en el mundo, el fundamentalismo se está arrogando el derecho de imponer la semántica del terrorismo, robándose los recursos que ellos juzgan pertinente poseer. Manipulan, compran, invaden y matan en nombre del bien, a pesar de que son la esencia del mal, de la oscuridad. Imponen sus desaciertos como aquí en nuestro país, para seguir manteniendo la soga que ahoga y estruja el sentimiento de los nuestros. Sin embargo, llegará el momento en que aparezca la luz, que vencerá a ese túnel de maldad, miedo y opresión.
Docente UNI.