Opinión

Primeros edificios de apartamentos en Managua


A inicios de noviembre de 2005 fui invitado por los bachilleres Anielka López y Lina Gutiérrez para su defensa en dúo de su monografía relativa a los primeros edificios de altura dedicados a viviendas en Managua previo al sismo de 1972, y optar ambas por el título de Arquitecto en la Universidad Católica de Managua. Asistí y a continuación mi experiencia como aporte a la historia de la ciudad.
Los nuevos nicas, cuando transitan por la Calle Colón, a la altura de la Fuerza Naval, encuentran en el lado del lago, unos edificios vetustos y ruinosos que generan interrogantes. Son tres y están catalogados de inservibles por efectos del terremoto de diciembre 1972. Familias de bajos recursos los habitan, bajo avisos de peligro. Tienen nombres propios y tras ellos, historias.
Justamente en el cruce de la 8va, Calle S. E. y la 3ª. Avenida S. E. de la antigua capital se encuentran dos, el Neret por la esquina de abajo (N.O.) y el Sajonia, en la esquina diagonal. Una cuadra al sur, por la misma avenida y la Colón, lado de arriba, está el Venezuela. Tienen los tres cuatro pisos, con sólidas apariencias los dos primeros. Fueron en la segunda mitad del siglo pasado los pioneros en apartamentos y símbolos de progreso con orgullo capitalino.
El primero en ser levantado, inclusive en el país, fue el Neret, inaugurado en 1954. Obedeció a la inquietud empresarial de Enrique Neret, un señor francés que había llegado al país en los años veinte, de empleado en la Casa Dreyfus. Venía con ideas parisinas y cuando tuvo capital, hecho a puro trabajo, encargó el diseño y cálculo a la firma Cardenal Lacayo Fiallos, que también lo construyó.
Por otra parte, viviendo aún en Venezuela, el Ing. Manuel Ignacio Lacayo desarrolló y financió su proyecto de los otros dos, con diseños de la misma firma de Managua, que también construyó el Venezuela. Éste fue abierto en 1955. El más joven Sajonia surgió como producto de Sovipe, empresa constructora nacida en 1950. La inauguración se dio en 1957. Y Managua tenía, tres torres para vivir.
Es notorio un Art Deco tardío en los tres, y según opiniones, acertadas a mi parecer, de las jóvenes López y Gutiérrez, el Modernismo está presente en sus conceptos de funcionalismo y racionalismo. Entiéndase, el funcionalismo obliga a la funcionalidad sobre la forma estética y el racionalismo, da la correcta proporción de espacios con relación a la altura, y ambos conceptos, reales en los tres edificios de concreto armado, como en sus cuatro apartamentos del Neret y ocho en cada uno de los otros dos.
Resulta que cuando regresé a Nicaragua en 1962, fue mi primera vivienda el apartamento derecho del tercer piso, cuando se ve el edificio Sajonia de frente. Viví allí por varios años. Compartí con el Dr. Roberto Incer Barquero hasta que se mudó cuando se casó. Su hermano Jaime también fue compañero, aunque por menos tiempo. Por ello describiré mi morada de 200 y algo metros cuadrados.
Después de subir dos pisos por escalera situada en el centro del inmueble, llegaba a un inmenso lobby con acceso a una puerta de entrada. Un gran salón comedor recibía. Tres amplias habitaciones y un baño formaban el área privada, al fondo, al sur. Cocina, espacio de lavado y cuarto de empleada estaban al frente y bien disimulados (lado noreste). Un largo balcón y baranda, que aún se observan, ofrecían bella vista sobre la ciudad y el lago.
Sólo el Neret, donde vivió Chale Kettel y su familia, tenía ascensor. No existía estacionamiento de vehículos en los tres, pues no había robos. Recuerdo a Diana Ortiz de León, que con su familia vivía en el Sajonia, asimismo un diplomático francés y otro ecuatoriano. Han pasado muchos años, pero la buena vida de soltero que me dio el Sajonia y el entorno social entre los tres están presentes.
El jurado calificó de excelente la tesis, mas dio 90. Felicitó al arquitecto Romer Altamirano por su tutoría. Y yo que allí viví, a los tres les di ¡100!, porque no es lo mismo verla venir, que bailar con ella. Lo siento, tribunos.
¡Qué le pasa a Lupita!