Opinión

Impuestos, competitividad y desarrollo humano


En los últimos años, de manera continua, los diversos reportes de agencias internacionales dedicadas al monitoreo y análisis de los principales indicadores sociales y económicos de las distintas regiones del mundo, expresan con claridad meridiana la existencia de vínculos directos e innegables entre responsabilidad tributaria, competitividad económica y desarrollo humano.
En cuanto a los nexos innegables existentes entre responsabilidad tributaria y competitividad económica, ha existido toda una corriente económica y política que desde hace décadas viene argumentando en pro de la idea de liberar a los ricos del pago de impuestos en concordancia con sus niveles reales de ingresos, bajo el alegato, poco sólido por cierto, de que hacer esto impacta negativamente sobre la productividad de las naciones, pues según dicen, inhibe la inversión privada tanto interna como extranjera, y le resta competitividad a sus actividades productivas.
Sin embargo, estos argumentos no se sostienen por sí solos. Una pequeña muestra de ello lo obtenemos con el más reciente Informe de Competitividad Global (que mide el rendimiento económico de 117 países durante 2005), dado a conocer por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), y en el cual Finlandia, EU, Suecia y Dinamarca aparecen en los primeros lugares a nivel mundial (Ver; Economist.com/Edit. 29 th. September, 2005 / y/o “Global Competitiveness, Report, 2005-2006/en; weforum.org).
Detengámonos un momento en el caso de Finlandia. Este país, a parte de ostentar el primer lugar mundial en competitividad, posee además, la reputación de ser el país con el nivel de impuestos sobre ingresos reales más altos del mundo (se dice que la clase empresarial paga alrededor del 50% de sus ingresos anuales en impuestos al Estado).
Pero hay algo más. Finlandia posee también una de las redes de protección social más extensas del mundo (cosa que también los neoliberales alegan que atenta contra la competitividad...). Y como vemos en los informes anuales de Naciones Unidas sobre Desarrollo Humano, estos indicadores de alto desempeño económico y responsabilidad social, son los que realmente explican el indiscutible puntaje de liderazgo mundial de Finlandia en este otro importante campo social y económico.
Estas importantes lecciones de Economía Política deberían de ser tomadas en cuenta por los neoliberales de nuestro patio centroamericano y latinoamericano. En nuestro medio, por tradición inmemorial, desde tiempos coloniales las elites económicas han visto el pago de impuestos a sus riquezas como una auténtica “violación a sus derechos humanos”, al punto que hoy en día es sobre los estratos medios y los sectores de menores ingresos que recae realmente la responsabilidad de mantener y financiar a unos presupuestos estatales cada vez más raquíticos e insuficientes.
En consecuencia, es importante que estos estudios globales continúen abatiendo estos insostenibles mitos económicos. En América Latina ya llevamos muchos años escuchando muchas argumentaciones que nos piden dejar en paz el reclamo de altos impuestos para altos ingresos, para que el (o los) capital pueda dedicarse a producir con éxito y sin interferencias del Estado. Y luego, solamente después de esto, vendrá (nos han dicho), la prosperidad social para las mayorías.
Pero hemos visto que esto tampoco es cierto. Hoy en día la famosa teoría del “derrame” (luego del crecimiento económico viene el bienestar colectivo), ya ni siquiera es sostenida por agencias como el Banco Mundial y el FMI, la cual durante largos años usaron como caballito de batalla para hacer avanzar sus severas políticas restrictivas en los países del tercer y cuarto mundo.
A menos que intentemos auto-engañarnos, todos sabemos que una población con hambre, desnutrición crónica y aguda, sin oportunidades de acceso a servicios básicos de salud y de educación de calidad, no tiene muchas posibilidades de transformarse en actor competitivo dentro de su país, ni siquiera dentro de su comunidad ni en el entorno inmediato que es el familiar.
Por todo ello, con miras a continuar botando todas estas supuestas verdades desarrollistas, es importante que le tomemos la palabra a agencias internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Después de sufrir por décadas las múltiples presiones desde la sociedad civil de muchos países, y desde el accionar de muchas organizaciones sociales, populares y medios de comunicación progresistas, finalmente dichos organismos empiezan a ceder en sus obsoletas y antihumanas argumentaciones.
En tal sentido, es importante mantener la presión desde abajo, y con altos niveles de propositividad. Por ejemplo, es hora de que empecemos a hablar en América Latina de la impostergable necesidad de crear finalmente “bonos de subsistencia” para las familias más pobres de nuestras sociedades hambreadas. Esto ya empezó a tomar forma en Brasil y en un par adicional de países en Suramérica, pero debemos de hacer extensiva esta propuesta a otras latitudes, a otras naciones, como las centroamericanas.
Y mientras vamos avanzando estas ideas, es también oportuno y pertinente seguir monitoreando la actividad de estas agencias financieras internacionales. Ahora también comienzan a hablar nuevamente de “transformaciones estructurales”. Eso no se discute, las necesitamos todos, al menos en Centroamérica. Pero debemos de estar atentos a lo que el BM entiende por tal término (en los ochenta esto fue sinónimo de “privatizaciones”), y por sobre todo, preparar (desde una visión eminentemente social) nuestras propias propuestas técnicas y políticas al respecto.
En síntesis, los impuestos en ningún lado son simpáticos, y entre nosotros menos. Pero la corrupción no puede seguir siendo un pretexto para evadirlos. Estados fuertes (no necesariamente grandes) necesitan presupuestos consistentes. Lo de la corrupción le toca a la ciudadanía combatirla.

Investigador/ Coordinador de AICA-Guatemala