Opinión

Illuminati


I
Leímos recientemente el libro de Paul H. Koch, bautizado con el sugestivo nombre de Illuminati, que hoy les comentamos.
Aunque aplaudimos la gran cantidad de información sobre sociedades secretas milenarias en él contenida, no concordamos en muchas de sus conclusiones.
II
El autor trata de mostrar que es posible la “teoría de la gran conspiración” como fuerza motivadora de la historia, mostrándose sordo a que lo esencial de cualquier conspiración es hacer creer que tal conspiración no existe.
No obstante su universal documentación sobre las sociedades secretas, Koch las analiza desde afuera desmenuzando los supuestos grandes peligros y deja por fuera virtudes masónicas antidogmáticas en pro de la libertad, igualdad, fraternidad y amor a la humanidad.
Tampoco menciona la labor médica a favor de los menos protegidos ni de las bondades de los cambios sociales auspiciados por las sociedades secretas
III
En el capítulo referido a los Illuminati recientes, el autor salta sin mayor aviso, de la determinante conducción e influencias que los masones tuvieron en la Revolución Francesa y en la Independencia de los Estados Unidos, al poderío de las alianzas del capital internacional.
Grandes capitales de hoy, que transformados en elefantes enfrentados, pisotean la grama de todas las naciones, haciendo que falte agua y pastizales para los pobres del mundo incluyendo a los pobres de sus propios y ricos países.
IV
¿Qué de raro tiene que una vez en el poder, los masones revolucionarios franceses se guillotinasen entre sí? La historia está llena de ejemplos de la crueldad de los vencedores.
Conspiraciones internas de poder que advertían de futuros asesinatos, como el mencionado de Sandino por su “querido hermano masón” y de las pugnas internas que sucedieron en Managua entre militantes del FMLN.
V
Hay entre otros, algunos elementos básicos o puntos de partida en el comportamiento humano que no encontramos considerados en la obra, como que todos tenemos, aunque en diferentes grados, alguna medida de egocentrismo.
Tampoco habla Koch de que el porcentaje de “iluminados” dentro de la humanidad es infinitamente pequeño, ni llega a suponer que un solo iluminado tiene una desproporcionada influencia en su época, ni considera que al agruparse los iluminados pueden determinar la historia, ni habla de que generalmente son resistidos por los neófitos y aún hasta por los recién iniciados.
Incluso son ignorados por aquellos que aún siendo dirigentes como el Churri, son ajenos al esoterismo, a los consejos milenarios de Sun Tzu y al simbolismo de los colores.
VI
Hemos leído que en las hermandades “Los conceptos de lo bueno y de lo malo cambian, se alejan y desaparecen con los giros que le dan las situaciones”.
En las sociedades secretas lo que normalmente es considerado “El Bien”, según el tiempo y las circunstancias, puede pasar a ser considerado “El Mal”. También en el mundo no hermético, una metralleta puede ser “Buena” o “Mala”, dependiendo de quien la tenga en su poder.
VII
El autor nos satura de detalles, enfatiza los males de las alianzas, omite sus virtudes, habla de los masones y del Opus Deis, pero no nos explica el porqué se enfrentan, qué los hace enemigos y qué tienen en común, dejando a los lectores el trabajo de sacar sus propias confusiones.
Quizás tan confusas como las del autor.
VIII
De postre, les da rango de grado masónico treinta y tres a los banqueros y asemeja sus comportamientos a las señales ocultas que se intercambian los grandes maestros. No explica que poseer un gran capital de dinero propio o ajeno apropiado, presupone o estar iluminado o iluminarse con el poder que otorga el oro.
Qué Dios nos libre de una alianza de estos todopoderosos, quienes sin liturgias ni rituales controlan la Reserva Federal, el Banco Mundial, la OMC y el FMI para marchar sobre los países que Dios ha creado por medio de su diseño inteligente revirtiendo los aprendizajes de los críticos pensantes.
IX
Koch nos obliga a reflexionar cómo pasamos de la hoguera inquisitiva, antiguo sistema español de expropiación, a la nueva hoguera de los masivos medios de comunicación.
Medios que han dejado de enfatizar que las guerras son un negocio para traficantes de muertes y que sobre Irak solo especulan en la enfermiza sed de petróleo, mientras orquestan las mentiras e insolencias del súper iluminado Baby Bush.
Con estas reservas, aun recomendamos la lectura de este libro.
Managua 24 de noviembre de 2005.
elsavogl@ibw.com.ni
Neville Cross y María Elsa Vogl
Miembros del Centro Nicaragüense de Escritores.