Opinión

Sobre el “centrismo”


“Existen tres dimensiones espaciales que están visibles por todo nuestro alrededor: arriba/abajo, izquierda/derecha, adelante/atrás. Añádase el tiempo a la mezcla, y el resultado es un compuesto de espacio y tiempo conocido como espacio-tiempo. Así que, vivimos en un universo de cuatro dimensiones.”* De tal manera que el “centro” no existe, ni en las matemáticas ni en la física ni en la naturaleza. No es nada, es igual a cero. Y así es el “centrismo” como concepto político. En otras palabras, en él, ni se avanza ni se retrocede, ni se sube ni se baja, ni se va a un lado u otro, sólo se está en neutro o congelado. Es la quinta esencia del estatuquismo, es una especie de ilusión. En el centrismo no hay ni presente ni pasado, no hay ni evolución ni mucho menos revolución, no hay filosofía, no hay dialéctica, no hay ideología, lo que querría decir que no hay historia. O para usar el título del difamado libro de Francis Fukuyama, sería el Fin de la Historia. O más absurdo aun, el fin del hombre mismo.
En política el centrismo es estar políticamente en medio, estorba, no deja pasar, si no se aparta lo apartan; de tal manera que es una posición insostenible. En términos conceptuales el centrismo implica certidumbre, concepto que tampoco existe en la naturaleza en donde no hay certidumbre de nada, ni la hay en la filosofía ni en la teología ni siquiera en la ciencia. La vida, y ya no digamos la vida política, consustancial al hombre, conlleva riesgos de toda naturaleza, está llena de disyuntivas, alternativas, dilemas, dualidades, complejidades, pugnas y contradicciones, opciones y decisiones, en otras palabras está llena de incertidumbres. En la certidumbre del centrismo no hay contradicciones, entonces no hay análisis ni síntesis o sea no hay avances. En realidad el centrismo es una especie de estornudo político.
Si aplicáramos el centrismo político al ámbito de la realidad social, ahí no cabrían causas de lucha, no habría habido causas por qué iniciar, participar e impulsar a jóvenes a luchar y morir por una revolución, ya no se diga seguir dentro de esa revolución, por causas que aun son las mismas por las que se luchó y murió. Sería también, la quintaesencia del yoquepierdismo. Por supuesto que se puede argumentar, y desde una cierta visión cínica de la vida, con algo de razón, de si vale la pena morir por alguna causa. Si esta visión fuese correcta en qué quedarían todas las causas por las que, la historia nos muestra, ha muerto el hombre. Esta visión haría desaparecer el altruismo ya imbuido en nuestra propia evolución. También haría perder sentido a grandes sentimientos humanos, como el expresado por el luchador de los derechos civiles de los negros y ex embajador de los Estados Unidos en la Naciones Unidas, Andrew Young, quien yendo con un grupo de compañeros de lucha hacia un sitio de conflicto, les tocó presenciar la muerte de una persona en un accidente automovilístico, él, dirigiéndose a sus compañeros les dijo: “It is good to die for a couse, because you can so easily die for nothing”. “Es bueno tener una causa por la cual morir, ya que muy fácilmente se muere por nada”.
El centrismo en política, es irrelevante.
*The Illusion of Gravity. By Juan Maldacena (Scientific American. Nov. 2005)