Opinión

La pandemia, súper anunciada


A lo largo del siglo XX se han sucedido tres pandemias gripales de origen viral, que ocasionaron grandes pérdidas humanas; la de 1918, llamada la “gripe española”(H1N1), la cual trascendió Europa y causó un estimado de 40 millones de muertes; seguida por la “gripe asiática” en 1957 (H2N2), con 2 millones de muertes y la última de 1968, conocida por la “gripe de Hong Kong” (H3N2), cuyo estimado se calculó en 1 millón de muertes. En estudios genéticos y bioquímicos se descubrió que los virus fueron producidos por una recombinación de virus humano y aviar, habiendo asumido los expertos que la recombinación se produjo en el cerdo.
Por estas circunstancias históricas, el virus de la Influenza aviar altamente patógena el H5 N1, y de muy vieja data en el ámbito de la salud animal, (identificado en Italia hace 100 años) cobra una importancia inusual, cuando en 1997 se detecta en Hong Kong, que este virus es el causante de la muerte de seis personas, y que hasta noviembre de 2005 ha sido el causante de 64 muertes en el sudeste asiático. Esto, además de la preocupación mundial por ese descubrimiento, demuestra en definitiva, que este virus no tiene los suficientes elementos patógenos como para contaminar masivamente a la especie humana, por el contraste que hay, entre los millones de aves y de personas que permanecen en contacto en el continente asiático y el número reducido de fallecimientos. El hecho de que desde finales de 2003 se hayan detectado un gran número de brotes en aves en el sudeste asiático (con más 150 millones de aves sacrificadas) y de que el número de personas infectadas, en proporción, siga siendo bajo, refuerza esta evaluación de riesgo.
Para que pueda iniciarse una pandemia tras la aparición de un nuevo virus de la gripe, debe darse la condición primordial, que sea capaz de transmitirse a los humanos ante todo, que se replique en los humanos y que se transmita eficazmente de persona a persona. Y pareciera ser que éstas no son las cualidades de nuestro virus H5N1, que lleva en su haber más de 20 epizootias a nivel mundial y que en la mayoría de los casos no ha sido capaz de afectar a la especie humana ya que su nivel de transmisión es muy baja.
Se habla entonces de una posible mutación del virus para que cause los elementos patógenos esperados, ya que sabemos que los virus sufren cambios antigénicos mayores (shift) que originan la aparición de un nuevo virus, o sufren cambios menores o mutaciones (drift), pero “nadie en el mundo es capaz de evaluar la probabilidad de una transmisión masiva al hombre, después de una mutación del actual virus H5N1”, como dice B.Valet de la OIE.
La Organización Mundial de la Salud, algunos gobiernos europeos y los EU han manejado la situación de tal forma que pareciera que el virus ya mutó, y que ya se conoce su reacción en los humanos. Las actuales enfermedades, que causan millones de muertes, preciera que han sido relegadas al olvido por la “futura pandemia mediática”.
Se ha orientado la producción millonaria de antivirales, que tienen un efecto profiláctico para prevenir el contagio en el entorno de personas ya afectadas por la gripe, aunque no tienen efecto inmunológico. Y también se ha orientado la producción de vacunas, sin saber cuál va a ser el nuevo “abrigo antigénico” que el virus se va a poner para generar los anticuerpos deseados. La gran campaña de comunicación del riesgo para la enfermedad ya comenzó a generar beneficios a una industria, que no es precisamente la avícola.
Los expertos suelen predecir las pandemias de gripe, con una periodicidad cíclica de 30 a 40 años, cuando aparece un subtipo de virus diferente; aunque esta periodicidad no siempre es regular, el hecho de que ya hayan pasado casi 40 años desde la última pandemia hace pensar la probabilidad que ésta ocurra; pero no puede predecirse cuándo se producirá la mutación y tampoco si se producirá.
Es precisamente por eso que se está en el mejor momento de variar la estrategia que se ha iniciado a nivel mundial y recanalizar los fondos de la fabricación de antivirales y vacunas humanas, para el reforzamiento de la investigación de la enfermedad aviar y de reforzar todos los mecanismos de prevención, de control y si es posible de erradicación, de la Influenza aviar en todos los países, fomentando la eficacia de sus sistemas de salud animal, como la única y más viable posibilidad de prevenir y controlarla con éxito, menoscabando su peligro en la salud de las personas.