Opinión

¿Vos sos hombre violento?¿Vos sos hombre violento?


La violencia conyugal de los hombres en contra de las mujeres se tipifica por golpes, empujones, puñetazos, patadas, jalones de pelo, bofetadas, y otro sin número de expresiones físicas que muchas veces terminan con la muerte de las mujeres y que a diario miramos en los medios de comunicación. Frente a estas escenas de violencia salvaje, muchos hombres, declarando que no somos machistas, reaccionamos con indignación. Rechazamos el uso de la violencia y condenamos al ejecutor de la misma. En sondeos ejecutados por ONG en Nicaragua, alrededor del 70% de los hombres encuestados consideran que un hombre que golpea a una mujer debe ir preso. Pocos lo están.
Pero también en la relación de pareja es violencia en contra de las mujeres la agresión verbal, la burla, el aislamiento de familiares y amistades, la desvalorización o crítica permanente, la descalificación, las amenazas de muerte, de golpes o de abandono, el hostigamiento y acoso, el control de pensamiento, el chantaje, el control económico, los celos excesivos... La lista de expresiones de violencia emocional o abuso psicológico es inmensa. Y hay otra lista de violencia sexual: manoseos o caricias no deseadas, el acoso y el hostigamiento sexual, el abuso del poder para conseguir sexo, el uso de la fuerza física para conseguir sexo... Otra lista larga y deprimente.
Muchos varones nos definimos como no-violentos porque no le pegamos a nuestras esposas o compañeras, pero valdría la pena volver a leer, con calma y ojo crítico, las expresiones de violencia descritas arriba. Si has ejercido alguno de estos tipos de violencia o lo estás ejerciendo en la actualidad, vos sos hombre violento.
La violencia que ejercemos los hombres en contra de las mujeres no se limita a sus expresiones físicas, sino también incorpora aspectos psicológicos, sexuales y económicos. Tampoco se confina a las relaciones de pareja, ni a las de familia. En los colegios y universidades, en los centros de trabajo, en las iglesias y partidos políticos, las mujeres experimentan marginación, discriminación y violencia ejercidas sistemáticamente por nosotros los hombres. Más bien en cada relación entre un hombre y una mujer, sea de amistad, pareja o laboral, existe la potencialidad de violencia por la relación de poder desigual que se establece.
La violencia que ejercemos los hombres no viene en nuestra sangre, ni es asunto de la genética. La aprendemos en la sociedad y el primer y más importante espacio de su enseñanza es la familia. Cada vez que se le dice a un niño que “no llore” o “que aguante” o “que no se deje”, estamos inculcando en él actitudes y valores violentos. Y cuando les enseñamos, directa o indirectamente que el lugar de las mujeres es en la casa y que son débiles y menos importantes, estamos aportando a la crianza de un hombre violento. Él interioriza paulatinamente un sentido de superioridad que le otorga el “derecho” a violentar a las mujeres como herramienta de asegurar que sus necesidades físicas, psicológicas y sexuales estén atendidas.
La violencia de hombres en contra de mujeres radica en el modelo machista de ser varón que, desde niños, nos programa a ejercer poder sobre ellas para su dominio y control, causándoles incalculables daños físicos y psíquicos, y hasta la muerte. Nos deshumaniza como hombres y destruye nuestras relaciones de pareja y familiares.
Aportar a la eliminación de la violencia contra las mujeres es tarea urgente de todos nosotros los hombres. Empieza con la revisión crítica de nuestra forma de ser, pensar y actuar, y la toma de responsabilidad individual y colectiva para no ejercer ningún tipo de violencia sea física, sicológica, sexual o económica.
*Vicepresidente de la Asociación de Hombres Contra la Violencia
21 de noviembre 2005.