Opinión

Lo que quiso ser una Procuraduría de Derechos Humanos


Lamentable y vergonzoso, no encuentro otros adjetivos para calificar lo que ha pasado en Nicaragua desde la fundación de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, conocida como la PDDH. Desde su origen, nació torcida la pobre. Todo comienza con los nombramientos del procurador Benjamín Pérez y del profesor Julián Corrales, como subprocurador, todo como consecuencia del pacto de Alemán-Ortega.
En realidad, la Administración anterior tampoco funcionó de manera ejemplar, no nos engañemos que producto de los degeneres actuales vamos a limpiar todo el nepotismo e incompetencia de los que estuvieron hasta hace poco en las mismas oficinas, si lo único que se les reconoce fue la labor de un Procurador especial.
En una investigación que dirigí hace unos años con un grupo de estudiantes de la Facultad de Derecho de la UNAN-León logramos descubrir que en su primer año de funcionamiento gastaron una cantidad considerable de millones para resolver un mínimo de casos, y sumado a ello los únicos casos que resolvieron de forma diligente fue el de unos políticos de renombre que buscaron las faldas de la Procuraduría cuando los echaron de sus partidos.
El Procurador anterior tenía empleada a una cantidad considerable de personas y familiares que no tenían ni la más mínima idea de lo que eran los derechos humanos, y esa fue la tónica que se manifestó durante toda su penosa gestión. Una vez, incluso, el doctor Benjamín Pérez le solicitó un curso de capacitación al Instituto de Derechos Humanos de la UNAN-León, que en ese momento dirigía mi persona, y luego de la elaboración de un sólido plan académico y con un equipo de profesores con Doctorados y Maestrías obtenidas en varias Universidades españolas, les presentamos la propuesta a la Procuraduría con las fechas precisas para la impartición del curso, los únicos costos que incurrirían eran los del traslado y viáticos de los catedráticos desde León.
Pues bien, cuando ya estaba todo listo me entrevisté con la entonces responsable de capacitación y luego de la presentación del Plan me informaba que lamentablemente no podían recibir el mencionado curso por una razón de peso: estaban recibiendo un curso de derechos humanos por internet y eso los recargaría de estudios, ¡habráse visto semejante barbaridad!
Durante esos años no lograron impactar a profundidad en la población nicaragüense, ni resolvieron de forma contundente la violación de los derechos fundamentales que tanto la administración pública como los empresarios nacionales y extranjeros, a través de lo económico, ahogaron el futuro de miles de nicaragüenses. Otro aspecto más delicado era la falta de liderazgo de los representantes de la institución, eran constantemente despreciados por los Poderes del Estado y eran vistos como dos viejitos locos hablando a las arenas del desierto con un lenguaje folclórico y hasta gracioso.
Prueba de ello fue que solo una vez el plenario de la Asamblea Nacional les permitió leer el informe que por ley tienen que hacer ante este poder al final de cada año. Tampoco se logró convencer de sus capacidades a los medios de información; en muchos países con Procuradurías de derechos humanos serias son los medios de comunicación los que le dan la fuerza para lograr cambios en las sociedades donde sus decisiones no tienen fuerza de Ley, eso ocurre en países como España y México.
Luego en la triste historia de este Proyecto --porque en realidad, si vemos los resultados obtenidos, sigue siendo un proyecto-- se tenía la esperanza que con la convocatoria a la elección de nuevas autoridades internas la sociedad civil tuviera la oportunidad de proponer a las personas más idóneas para ocupar los principales cargos, la expectativa creció con la inscripción de varias personas, que aunque algunos tuvieran el descaro de competir por el puesto, al menos eso legitimaba la contienda.
Al final de tanto show, ocurrió lo que todos en la Asamblea Nacional esperaban: de nuevo el triunfo del pacto asqueroso libero-sandinista, se descartó sin ningún tipo de argumento a las personas que efectivamente tenían los conocimientos para salvar en un último inning el proyecto de la PDDH.
Contrario a todo ello, hoy sabemos lo que tenemos, se impusieron a las fichas mejor probadas en el partido, debo reconocer que podemos tener estima personal por los titulares del ente, pero otra cosa es desconocer la incapacidad profesional en los temas más básicos de los derechos humanos, no como un discurso populista que hasta utilizaron todos los dictadores mundiales, sino el discurso científico académico de una ciencia que está en constante evolución a través de las más diversas disciplinas no solo jurídicas.
La población nicaragüense es testigo que desde el último nombramiento del actual procurador y subprocurador, la institución se ha ido desgranando como una mazorca podrida por el verticalismo, las luchas de poder entre ambos titulares, la corrupción de algunos de sus funcionarios impuestos por su servilismo partidario y derrochando los recursos hasta con el alquiler de casas de distracción de los más allegados, disfrazadas de casa de protocolo.
Todos hemos visto cómo uno a uno de los Procuradores especiales han renunciado por el poderoso argumento de no formar parte de los desmanes ocurridos en la actual administración, y en vez de superar el intento que hicieron de fortalecerse en el primer período fallido de su gestión; estaban viviendo una situación que los llevaba de mal a peor.
El problema es que la pobre institución no ha podido ver la luz, nadie les hace caso, sus recomendaciones caen en sacos rotos, al contrario de recibir elogios de parte de la sociedad reciben demandas de los grupos organizados que los ven a los defensores como violadores de los derechos humanos, ejemplo de esto fue el caso de las víctimas del Nemagón.
Creo que a pesar de tan caótica situación no todo está perdido, es momento de reivindicar al Poder el Estado que tiene la mayor culpa de lo que está sucediendo en la Procuraduría, es el momento de que la Asamblea Nacional intervenga con esta situación tan penosa que incluso ha provocado el retiro de la ayuda internacional de muchos organismos que apoyaban o que hubiesen apoyado a la PDDH.
Es el momento de hacer borrón y cuenta nueva, los que están ahora de sobra han demostrado su incapacidad para echar andar tan bonito proyecto de Estado, en tal sentido, la Asamblea Nacional debe revocar el nombramiento de ambos Procuradores y de inmediato convocar a nuevas elecciones para elegir Procurador y Subprocurador de Derechos Humanos y que esta vez sea superado el gravísimo error de desconocer las recomendaciones de la sociedad civil y los organismos de derechos humanos en Nicaragua, que muchos de ellos en realidad son los que, desde hace muchos años, vienen haciendo el papel que le corresponde a la Procuraduría.
Vivimos momentos históricos en este país, éste es uno de ellos. Les corresponde entonces, señores diputados, hacer uso de su maquinaria en beneficio del pueblo, tienen la gran responsabilidad de que las futuras generaciones no tengan que escuchar la horrenda historia contada por sus abuelos sobre lo que quiso ser una Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos en Nicaragua.
León, noviembre de 2005.