Opinión

Recordatorio al yanqui


Las personas por lo general se encorvan ante el poder, veneran su simbología. Es deseo de obtener beneficio, y más entre la miseria, cuando no tienen claros sus derechos ciudadanos. Necesidad de vivir. Sentirse protegidas. Carecer de autoestima. Percibirse incluidas en la sociedad dominante remedándole o sirviéndole. Desafortunadamente ha prevalecido en la sociedad nicaragüense.
Es obvia la pobreza extrema que hemos vivido. La oportunidad de irse mojado o exiliado a Estados Unidos a ganar mucho más dinero, aun como empleado de última categoría igual que aquí, conduce a simpatizar con ese país y defender lo que representa y hace, o en el mejor de los casos, a no atormentarse por la conciencia y dejarse llevar por logros.
Se rebelan los oprimidos; la mayoría, buscando la libertad de su clase, cuando la crueldad es inaguantable. Mientras sucede, no es que acepten el yugo, sino que en silencio o en sigilo protestan y se organizan preparando mejores condiciones para la asonada, aunque muchos líderes terminen asumiendo el poder para imitar a los otros que los machacaban.
En el inicio son pocos quienes enfrentan al imperio, por su naturaleza asesina. Para bien de Nicaragua, entre esos pocos iniciales se encuentran máximas figuras del país: Rubén Darío y Augusto C. Sandino, aquél con la literatura y éste con las armas afirmando ser pensante.
Darianos y sandinistas encontramos, en un buen porcentaje, entre los nicaragüenses. La mayoría no muy ilustrada, por la ignorancia y manipulación a la cual nos han sometido, pero sí como simpatizantes férreos y orgullosos. Referentes que se han sostenido por transmisión oral, y captados de los pocos que hablan, escriben o publican la otra cara de la verdad.
Se duda de esa presencia importante cuando se recurre a la historia falsa o mediatizada que la clase económica ha impuesto, en reverencia al amo del Norte, y repite una buena cantidad de gente, en más bajo nivel de servidumbre, por desconocer la versión completa, asumir como propias las utilidades de sus patrones o contentarse con migas.
Darío los enfrenta
Rubén predijo A Roosevelt: “Eres futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena”. Además escribió cantidad de artículos denunciando la “soberbia y fuerte” política imperial. Conoció la Nota Knox, y antes de ésta la invasión filibustera y la “buena voluntad” del predestinado William Walker que vino a Nicaragua, pedido por prestigiadas personalidades, e impuso el orden como un ejemplar digno de su raza: esclavizando.
Los gobernantes advenedizos han institucionalizado un circo de desfile y discursos vagos, proselitistas en favor de las políticas gubernamentales, cuando se memora, porque no la han podido borrar, la batalla de San Jacinto. Asombra cómo recuerdan esa gesta y no dicen lo que debiesen sobre la causa de los combates.
El año pasado, lavando la cara a los políticos de aquel entonces, con argumentos que no me convencen, se pronunció la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, al ver descontento de unos cuantos por un álbum de Presidentes de Nicaragua publicado por la Lotería Nacional, en el cual se reconoce a Walker como mandatario del país.
A propósito, vayan al Banco Uno, Metrocentro, y lean elogio al ilustre expresidente Walker. Su contenido es reflejo de la falsa historia con la cual nos “han educado”. Un gobierno nicaragüense digno se ofendería con ese tipo de publicidad aun así escrita en inglés como Walker quiso que habláramos.
La alta sociedad, como ha obligado que se le llame a ese grupo de serviles de Washington y ladrones del erario, ha manoseado y censurado al genial Rubén. Nos lo ha desfigurado dipsómano europeizado y ridículo, su estatua del parque lo confirma; y por la imposibilidad de obviarlo totalmente nos lo han hecho recitar como autómatas sin analizar su verdadero contenido.
Sandino los obliga a marcharse
Sandino con fusil en mano y pensamiento espléndido defendió al país del marino invasor y sus viles “vende patria”. Advirtió desde el inicio de su batalla: Nuestra ignorancia ha sido siempre explotada por los pícaros, quienes han vivido de la sangre del pueblo.
“Hay hombres en la tierra que creen que viviendo ellos bien, es locura sacrificarse por el bien colectivo. Cuando eso se dice por ignorancia es menos malo que cuando se dice con conocimiento de causa, porque entonces a ese individuo lo animan los mezquinos egoísmos y eso es tener odio hacia la humanidad, viven en sus orgías a costa de las lágrimas y vidas humanas. De manera, pues, que la injusticia desaparecerá de la tierra y solamente triunfará la justicia.”
Los aludidos por Sandino, claro, desvirtúan su acción y pensamiento. Le presentan asesino, loco, bandolero, repitiendo el mensaje de Estados Unidos. Pero no pudieron suprimirlo de la memoria colectiva. No lograron que olvidemos a los culpables de su asesinato: los yanquis a quienes combatió y expulsó del país, y luego engendraron a la dictadura somocista.
En gringolandia hay “democracia”, aunque encarcelen y asesinen a los opositores al sistema que alcanzan liderazgo, y no participe en las votaciones la mayoría de ciudadanos. Nosotros necesitábamos una dictadura para alabar a la democracia yanqui. Éramos y seguimos siendo un pueblo rebelde, de tal manera que no nos pueden dejar al libre albedrío.
Avergüenzan estos vendepatria
Es imposible creer en la preocupación de los norteamericanos por nuestra democracia, después de haber mantenido durante 45 años a la dictadura de los Somoza, sin importarles las torturas, robos, asesinatos, genocidio.
Estados Unidos debería apoyar la indemnización a los intoxicados en las bananeras y los minerales o a sus descendientes, y al Estado por la contaminación del suelo, subsuelo, y aguas, y pagarnos diecisiete mil millones de dólares que dispuso la Corte Internacional de Justicia, para comenzar a considerar su interés por el progreso del país.
En el gobierno de Violeta Barrios, “inicio de la democracia”, hubo robo con la privatización de las propiedades de los trabajadores, al mismo tiempo que Arnoldo Alemán comenzó los asaltos en la Alcaldía de Managua y los siguió en la Presidencia. El estadounidense no condenó, le convenía callar y cuando no pudo lo justificó: la democracia aún es incipiente.
Es el mismo cuento. Nos ordenan elegir a los gobernantes que cumplen con el mandato del imperio, en beneficio de la sociedad gringa, y de unos cuantos lacayos de ellos. Estos rastreros tienen permiso de asesinar y robar. La familia Somoza y Alemán son ejemplo. Útiles hasta que se convierten en peligro para la hegemonía gringa, cuando los nicaragüenses no los aguantamos y nos insurreccionamos, o “nos volvemos comunistas”.
Por esa historia me da vergüenza ver a los políticos rendir pleitesía al gringo que dicta, amenaza, chantajea, compra. La clase política y sus sirvientes, descendientes de los beneficiados con las intervenciones militares, políticas, y económicas, siguen vendiendo al país para aumentar capital personal.
Pueden ganar terreno en determinado período, como ahora, como después del asesinato de Sandino. Es normal con el dinero que invierten en la compra de sumisos para facilitar la instalación de políticos proclives, sus empresas explotadoras, o financiar guerras, golpes de estado, o cualquier salvajada a la cual recurren.
Sin embargo, es imposible borrar la barbarie de Walker, el cadáver de Zeledón, el pacto bajo el Espino Negro, la victoria y asesinato de Sandino, las tropas criminales de la Guardia Nacional, la sangre de los miles de torturados y masacrados, la miseria en la cual han vivido y viven miles de nacionales.