Opinión

¿Estrategia para los pobres o estrategia para los productores?


El sistema capitalista, basado en la ética de la codicia, las relaciones de competencia y el objetivo de maximizar la tasa de ganancia, ha mostrado que a nivel de empresa, nación o sistema mundial, no puede crecer sin un crecimiento paralelo y simultáneo de la pobreza.
Es tan grande la brecha entre las ganancias de las corporaciones mundiales y la población trabajadora en su conjunto, que los agentes ideológicos del imperio han tenido que aceptar la existencia de una pobreza creciente y se han dispuesto a desencadenar una cruzada contra la pobreza. A partir de entonces, los pobres son el sujeto más estudiado y más alabado que existe en la tierra. Su estrategia reza así: si la iglesia logró darnos la salvación individual por el amor a los pobres, nosotros lograremos salvar al sistema pensando en los pobres, concediendo una limosna a los pobres o incluyéndolos en nuestras estrategias económicas.
Para la estrategia económica neoliberal, los pobres aparecen ahora como el sujeto por excelencia del desarrollo y deben ser por tanto el centro de nuestras atenciones: en nuestras oraciones, en nuestras recetas económicas, en nuestras cuentas nacionales, en nuestros programas de crecimiento y reducción de la pobreza, etc. Y lo han hecho tan bien que todo mundo se lo ha creído, incluyendo los bancos, las microfinancieras, los consultores, los ONGs, los ministros, los políticos, y hasta la izquierda.
La verdad es que los pobres, en tanto que pobres, no pueden ser sujetos de desarrollo. Nunca lo han sido y nunca lo serán. Mucho menos pensar en que los pobres sean el sujeto dirigente de una nueva sociedad o de una sociedad alternativa. Como tampoco lo fueron los esclavos del imperio romano o los siervos de la Edad Media. Los oprimidos de cualquier sistema, pobres por lo general, pueden dedicarse a rechazar y cuestionar el mundo que los mantiene en la pobreza y en la opresión, pero de ahí a que sean el sujeto dirigente del próximo mundo, no es más que ingenua escatología. Cualquier susodicha estrategia económica que crea enfrentar el principal problema del sistema relevando sus síntomas, no estará más que legitimando sus causas.
Ese mismo error o ese mismo artificio utiliza a veces el discurso de izquierda, pensando en los trabajadores por el hecho de ser pobres, sugiriendo que los trabajadores, por ser el sector más pobre del sistema, sería el sujeto dirigente de la nueva sociedad. No hay que confundir las cosas. Podemos y debemos estar con los oprimidos y con sus reivindicaciones, pero eso no quiere decir que los mismos se mantendrán igual que antes, o que no tendrán que transformarse en verdaderos sujetos diferentes y alternativos, cosa que se hace en la lucha y en las escuelas políticas de concientización, pero sobre todo a través de nuevas relaciones de producción. Cuando Marx pensó en el socialismo, pensó en “trabajadores gestionando sus empresas”, pensó en “sujetos autogestionarios” o “en productores libremente asociados”. A su vez, Lenin pensó en “soviets” o concejos de trabajadores. En el socialismo no habrá obreros subordinados a un capitalista individual o público, generando plusvalía para otros, sino trabajadores-productores gestionando las unidades de producción en forma generalizada.
Otro punto que hay que tomar en cuenta es que las nuevas relaciones de producción o la nueva sociedad o los nuevos sujetos económicos, nacen, según los estudiosos de la transición, en el seno de la vieja sociedad, tal como también lo pensaba Marx para el socialismo. En el caso de los obreros, participando en la gestión de las empresas o autogestionando sus propias empresas; en el caso de los pequeños productores, asociándose y autogestionando los diferentes eslabones de la cadena de valor.
En el caso de Nicaragua, la clase obrera se ha reducido estrepitosamente, igual que las cooperativas de producción nacidas con la revolución sandinista, pero hay un claro repunte de cooperativas de servicio que gestionan colectivamente el crédito, la comercialización y el procesamiento agroindustrial.
El fenómeno más significativo en los últimos años es el peso mayoritario que los pequeños y medianos productores han adquirido sobre la economía nacional. Son mayoría como pobladores y como productores, generan la mayor parte de la producción agropecuario, el valor agregado agropecuario, el empleo agropecuario, la alimentación nacional y las divisas, tal como se observa en el siguiente cuadro.
Cuando hablamos de estos pequeños y medianos productores, nos estamos refiriendo a productores que acusan las siguientes características: a) su principal ingreso depende del trabajo familiar (los pequeños) y del capital material vegetativo (los medianos), b) están motivados por la satisfacción de las necesidades, c) sobreviven en medio de un proceso de reproducción simple, d) se encuentran en una situación de empobrecimiento, ya que se encuentran en los eslabones más bajos de la cadena de valor, y sólo pueden crecer económicamente si se asocian y acceden colectivamente a eslabones superiores. El proceso de organización implica la posibilidad de constituirse en sujetos políticos con capacidad para gestionar políticas públicas y moldear el estado a favor de sus intereses, tal como lo hizo la burguesía desde sus primeros tiempos.
La tesis ofrecida a discusión, particularmente a los pequeños y medianos productores, es que estos productores o trabajadores por cuenta propia, tienen la base económica y el potencial para convertirse en sujetos económicos de desarrollo, pero no a través de políticas asistencialistas. Los que entre ellos trabajan como asalariados en otras fincas, pondrán el acento en su participación en la gestión de las empresas, quienes se dedican principalmente al trabajo de su finca, deberán organizarse, asociarse, invertir conjuntamente en el crédito, el procesamiento y la comercialización, en fin, luchar por la recuperación de sus excedentes que a través del mercado se les drena permanentemente.
Si esto es así, deberíamos pensar en una verdadera estrategia de desarrollo, independientemente de que por razones humanitarias y urgentes nos ocupemos de paliar el hambre y la pobreza de estos productores y de todos los pobres en general. Si de una estrategia de desarrollo económico se trata, la misma deberá tomarlos en cuenta como productores-trabajadores y no como pobres.