Opinión

Dualidad “principios vs. intereses personales”


Se presenta en todos los partidos políticos, en el entendido que éstos son conjuntos de personas con principios e intereses comunes en busca de la confianza de la población para la conquista del poder y que, para ganar esa confianza, tienen que ofrecer algo a cambio. Precisamente en la calidad, manejo y seriedad de esa oferta puede estar la diferencia entre la derrota y el éxito.
Mientras el manejo de la oferta de la derecha casi siempre es impecable, pero de dudosa calidad, el manejo de la izquierda usualmente es deficiente, pero incuestionable. En cuanto a la seriedad, la de la derecha es siempre simulada, a sabiendas que sus intereses de clase son obstáculos infranqueables para su cumplimiento. Al contrario, la izquierda no tiene este problema y, por lo tanto, debiera cumplir a cabalidad sus promesas de campaña.
¿Por qué decimos qué debiera? Porque aún en la izquierda radical entran en contradicción los “Principios partidarios vs. Intereses personales”. La prelación de los primeros sobre los segundos, o viceversa, se traduce concretamente en un avance o en un retroceso, sea en la lucha por la conquista del poder, o fuera en la consolidación y profundización de esas conquistas cuando se ejerce dicho poder. No hay que confundir, por supuesto, el interés como provecho personal, con el interés en tanto buenas intenciones.
Es oportuno recordar que, si se aspira a la toma del poder, es para ejercerlo de acuerdo a los principios partidarios; por lo tanto, todo militante tiene el derecho de participar en esa empresa conforme a su aporte político y de acuerdo a su capacidad profesional. Como vemos, la ambición personal no es ningún pecado, al contrario, es saludable para el partido y beneficiosa para la nación, salvo que no sea idóneo o idónea para desempeñar con eficiencia el puesto requerido, o que se atropellen los principios en el afán de conseguir, conservar o aumentar cuotas de poder.
Si una o las dos últimas posibilidades ocurrieran, es absolutamente indispensable cuestionarlas, porque de no hacerlo, significaría la muerte del partido con opción progresista para convertirse en otro partido politiquero del sistema capitalista neoliberal. Cuando se pertenece a un partido realmente democrático-revolucionario, no se debe temer a las críticas, especialmente si se hacen a lo interno del partido; al contrario, hay que alentarlas, siempre que sean fraternales y bien fundamentadas, sin perder de vista la unidad del partido y el bienestar del país.
La contradicción “Principios vs. Intereses personales” siempre está presente, no solamente durante el ejercicio del poder, también antes de alcanzarlo y después de perderlo, debido a la naturaleza dual del hombre y la mujer, por muy progresistas que sean.
Antes de la toma del poder, la contradicción tiene que ver con la lucha encarnizada por el liderazgo en los distintos niveles partidarios. En la derecha de nuestro país, desgraciadamente el poder económico más la bendición del Imperio prevalecen sobre los principios (¡Qué maldición tener un pre-candidato banquero para las próximas elecciones!). En la izquierda, mientras tanto, ocurre lo contrario, ya que gana quien representa mejor los principios del partido, aunque aquí también, como en toda empresa humana, se enquistan falsos profetas.
Mientras se es gobierno, la contracción “Principios vs. Intereses personales” se agudiza, y es ésta la razón por la cual desde el preciso glorioso instante de la toma del poder es que se inicia el desgaste partidario ya que, aunque se haga todo lo humanamente posible por mantener los principios incólumes, éstos están siempre sometidos a la doble acción de los intereses personales en el gobierno y de los grupos de presión de la sociedad en su conjunto. Mientras prevalezcan los principios partidarios, la acción gubernamental será positiva, en el entendido que se mantenga el equilibrio entre la conveniencia privada y la pública. Si este último logro se mantiene consistentemente hasta el final del período de gobierno, seguramente el partido ganará nuevamente el poder. Pero si los principios rinden su rey, los resultados serán otros.
Después de la pérdida del poder, la contradicción “Principios vs. Intereses personales” continúa tercamente, pero esta vez con sabor amargo, por las mutuas e irresponsables acusaciones y por las múltiples desvergonzadas defecciones. Es, por lo tanto, el momento de las definiciones: los oportunistas infiltrados en las dos etapas anteriores muestran su verdadero rostro sin pudor alguno, los cobardes de nacimiento abandonan el barco públicamente para quitarse el estigma de progresistas, los neo-pequeños burgueses se acomodan en silencio al neo-modelo económico para no regresar a la llanura, y, lo más lamentable, sectores populares confusos e indecisos engrosan nuevamente las filas de los eternamente manipulados por la derecha nacional.
Pero hay algo más, en el centro de operaciones de la militancia partidaria del partido que fue gobierno, intempestivamente se aparecen sin ser invitadas dos veleidosas y atractivas huéspedes, la sobrevivencia económica individual y la sobrevivencia del partido como tal. Ambas retan frontalmente a los militantes y al partido. La coqueta y egoísta sobrevivencia económica individual induce en el primer instante a los auto-sobrevalorados militantes, al romántico pero errado compromiso con la disidencia y, en el segundo instante, al anti-ético chantaje partidario y al pasional devaneo con el adversario. En cambio, la sobrevivencia del partido, como toda juiciosa dama, sólo acepta parearse con los valientes, aquellos que además de inteligentes tienen la voluntad y el coraje para convivir con ella en cualquier circunstancia.