Opinión

Crímenes y criminales entre 1945 y 1990


Finalizados los juicios de Nuremberg, la guerra fría pasó a ser prioridad absoluta entre los vencedores de la II Guerra Mundial. Bajo su peso, los principios alumbrados en la ciudad alemana quedaron relegados y los crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad fueron sepultados por los intereses estratégicos de las superpotencias. No se volvió a hablar del tema, con excepción de foros jurídicos, y la idea de una jurisdicción internacional fue borrada de agenda. Eso no quita que los casos seleccionados a continuación sigan siendo crímenes internacionales.
1. Argelia
Durante la guerra de liberación argelina (1954-1962), Francia recurrió a estrategias similares a las empleadas por los nazis en los países ocupados. Decenas de pueblos fueron arrasados por el ejército colonial francés y miles de argelinos no combatientes asesinados. El terror, la tortura y la desaparición de personas fueron validados para luchar contra la guerrilla del FLN. La estrategia contrainsurgente de Francia sirvió de modelo a otros países en el uso de esos métodos para combatir a fuerzas guerrilleras.
2. Vietnam
A medida que fracasaban los esfuerzos de EU para vencer a la guerrilla, aumentó el uso de armas prohibidas por las convenciones de Ginebra. Entre 1965 y 1974, EU recurrió a los métodos más brutales contra la población civil, convertida en objetivo militar. Las principales ciudades de Vietnam del Norte fueron bombardeadas, causando muerte y mutilaciones a centenares de miles de civiles. El agente naranja, una sustancia tóxica defoliante devastó 3,3 millones de hectáreas (10% de la superficie del país) y destruyó gran parte de la fauna. Entre bombardeos a poblaciones y el empleo de armas químicas y tóxicas, murieron cuatro millones de vietnamitas, la mayor matanza de seres humanos desde la II Guerra Mundial.
3. Camboya
Tras la derrota de EU en 1975, tomó el poder en este país la guerrilla de los Jemeres Rojos, de ideología maoísta, extremista y fanática, decidida a refundar el país destruyendo todo lo que considerara “contaminado” por Occidente. El envío de personas “infectadas” a campos de “re-educación”, degeneró en la persecución de los sectores educados y profesionales, de personas consideradas “revisionistas”. Se calcula que un millón de camboyanos fue víctima del furor homicida de los Jemeres. Pocos en el mundo denunciaron la barbarie. El horror terminó cuando Vietnam invadió el país, derrocó al gobierno Jemer y puso fin al calvario del pueblo camboyano. La ONU condenó a Vietnam.
4. Guatemala
En 1954, la CIA derrocó al gobierno democrático de Juan Jacobo Arbenz, iniciándose un periodo de represión, el cual se agudizará con el surgimiento de movimientos guerrilleros. Siguiendo la doctrina de contrainsurgencia de EU, los militares diseñaron una estrategia de exterminio, que llevó a la destrucción de centenares de pueblos y al asesinato y la desaparición sistemática de la población sospechosa de apoyar a la guerrilla. El anticomunismo encubría una política genocida contra el pueblo maya, que dejó 200.000 muertos. El genocidio se prolongó por cuatro décadas, durante las cuales las dictaduras militares recibieron respaldo económico y militar de Occidente.
5. Argentina
Al igual que en Guatemala, la cruzada anticomunista llevó a EU a promover un golpe de Estado y entronizar dictaduras militares. Ejército, Policía y cuerpos de seguridad se convirtieron en máquinas de matar. Unas 30.000 personas fueron asesinadas o desaparecidas entre 1976 y 1982. Las mujeres embarazadas eran conservadas con vida hasta el parto. Luego eran asesinadas y sus hijos entregados a la familia de los asesinos.
6. Irán
En 1980, Iraq invadió Irán, con la bendición de Occidente, la URSS y las petromonarquías árabes, temerosas de la revolución islámica del ayatolá Ruhola Jomeini. Atiborrado de armas occidentales y dinero árabe, Sadam Hussein intentó derrotar a Irán y provocar la caída de Jomeini. La feroz resistencia iraní llevó a Iraq al empleo de armas prohibidas, químicas y tóxicas, facilitadas por EU y Europa. Decenas de miles de soldados iraníes perecieron y sufrieron lesiones. La guerra dejó 800.000 muertos, 500.000 de ellos iraníes. La paz se firmó en 1988, pero NNUU se negó a condenar a Iraq por la guerra de agresión y el empleo de armas prohibidas. Sadam era, entonces, adalid de Occidente y dictador mimado de EU en la región.
7. Nicaragua
El triunfo de la revolución sandinista, en 1979, provocó una dura reacción en el Partido Republicano, que ganó las elecciones en EU en 1980. En 1981, el presidente Reagan autorizó el inicio de acciones encubiertas dirigidas a destruir la revolución. Para ello, la CIA creó una fuerza contrarrevolucionaria (la contra), que llevó la guerra al interior de Nicaragua. Los objetivos eran civiles, cooperativas agrícolas e instalaciones del gobierno. Poblados rurales eran atacados y asesinados sus pobladores, a fin de esparcir el terror. En 1983 el ejército sandinista capturó un titulado Manual de Operaciones Sicológicas en Guerra de Guerrillas, con instrucciones precisas sobre cómo imponer el terror en la población civil mediante asesinatos selectivos, la creación de “mártires” antisandinistas muertos por la propia contra, torturas, desapariciones y destrucción. La Corte Internacional de Justicia condenó a EU en 1986. EU se retiró de la Corte y vetó en NNUU las resoluciones pidiendo el cumplimiento de la sentencia. La guerra continuó, dejando 62.000 víctimas, la mitad muertos, y un país en ruinas. Así sigue.
8. El Salvador
El temor a que el vigoroso movimiento guerrillero salvadoreño pudiera triunfar, llevó a EU a apoyar estrechamente al gobierno de este país. Siguiendo el modelo de Guatemala, las fuerzas armadas se ensañaron con la población civil, especialmente en las zonas rurales. Pueblos enteros fueron arrasados y la población asesinada. En la matanza de Mozote, en 1981, fueron asesinados 200 civiles, incluyendo todos los niños. Hubo, en total, 60.000 muertos. Salvo unos pocos gobiernos y organizaciones de derechos humanos, nadie exigió el fin de las matanzas. La paz se firmó en 1992, con la respectiva ley de amnistía para los criminales. El Provincial de los Jesuitas en Centroamérica, José María Tojeira, llamó a esas leyes “una ofensa a la justicia”. Ofendidas siguen, justicia y víctimas.