Opinión

París no es una fiesta

...“la dignidad humana depende del hecho de tener o no un empleo, provocando de esta forma la vergüenza de algunos desempleados convencidos de ser unos “inútiles” y sobre todo, introduciendo de esta forma, implícitamente, la noción de seres humanos superfluos, acostumbrando a la opinión pública a tales aseveraciones y a conformarse con ello, corriendo el riesgo de preparar las condiciones para la peor barbarie”. Vivianne Forrester.

La noción de seres humanos superfluos, acuñada por Vivianne Forrester, una notable economista francesa, de forma reiterada y como amenaza vital, se me viene a la mente ante el proceso de globalización de la economía capitalista mundial cuyo hábitat natural es un mundo oficialmente democrático. La democracia, como sistema político, negativamente la podemos perfilar en su historia como una manera de ejercer el poder y gestionar la economía, excluyente.
Nunca en la historia la democracia se ha mostrado incluyente. No podemos olvidar que la democracia original es la griega y ésta se basaba en el sistema esclavista. Fueron los esclavos los que proporcionaron la plusvalía pertinente para la creación, formulación, concreción y gestión de la democracia en Grecia. En el caso de los esclavos, los de familia gozaban de una reproducción simple, decorosa, al contrario de los esclavos de campos, minas y galeras, quienes por supuesto a duras penas sobrevivían... Pero ambos estaban excluidos del ejercicio de la democracia: votar, opinar, ser candidato, etc.
Igualmente los grandes hitos revolucionarios democráticos, la revolución de Cromwell en Inglaterra de 1628, la americana de 1777 y la francesa de 1789, han sido excluyentes. Pero si somos honrados debemos decir en el más pragmático de los sentidos, que en la historia también estos eventos democráticos son incrementalistas. Es decir, gradualmente han ido incorporando a los esclavos, a los siervos de la gleba, a los burgueses, a los campesinos, a los analfabetas, a las mujeres, etc.
Hasta este oscuro momento de la historia que vivimos llamado globalización, donde la lógica de un capitalismo salvaje, cuya misión es la ampliación de la empresa y sus metas son aumentar las ganancias y lograr más fusiones corporativas, para tener un poder económico mayor que los mismos estados. Como está ahora ocurriendo.
Este proceso económico contemporáneo ha generado alrededor del mundo la atroz indignidad humana de no tener un trabajo o siquiera un empleo. Grandes masas de gentes en el mundo desarrollado y en el dependiente, están sin trabajos, desempleadas, ninguneadas, empezando a sentirse prescindibles y vistos como personas, grupos humanos y hasta países superfluos.
Esto es lo que está pasando con las violentas revueltas de jóvenes superfluos en París... Igual o bajo otras formas terribles, ocurrirá en Berlín, Londres, Ámsterdam, Roma o Madrid. Europa está pagando los pecados de su aniquilador colonialismo ejercido despiadadamente en contra de África y Asia. África fue prácticamente convertida en un desierto, sus gentes son presas del hambre, la insalubridad, las pestes y la muerte. Las tierras de África son un desierto. Europa goza de las riquezas que saqueó de África. Hoy los jóvenes africanos sin alternativas en las sociedades europeas, conscientes o inconscientes probablemente piensan que dejarán de ser superfluos arrojando un cóctel molotov en contra de un Citroen o un Mercedes. O no piensan mientras esperan las lides simbólicas del Mundial de Fútbol.
Y mi querido Javier Bautista Lara, de París no debe extrañarle nada. En los 20 para Ernest Hemingway fue una fiesta, pero eso son memories (recuerdos) de esos años locos. A mí me extrañaría que en Managua, en el Salvador o Bogotá se dieran revueltas así. Pero París, mi querido escritor, es la revolución francesa con una incesante guillotina que le cortó el cuello a Dios en los cuerpos de la familia real, al clero, a la nobleza, a los burgueses conservadores y a los mismos burgueses y proletarios, a los mismos líderes revolucionarios, a mujeres rebeldes y a anarquistas.
París es la comuna, París es el caos provocado por las acciones terroristas de los patriotas argelinos, París es la derrota en Indochina (Biem Diem Phu), París es el icono de la rebelión estudiantil mundial del 68 que tambaleó a Degaulle y a todos los regímenes democráticos y dictatoriales. París nunca ha sido una fiesta.
En París asistimos a los primeros síntomas de las rebeliones de los excluidos. Pongan, los empresarios poderosos, los banqueros, los megasalarios, los políticos y funcionarios corruptos, sus barbas en remojo. Y principalmente los ticos, que han disfrutado -–en el circo electrónico-- de la muerte de un nica excluido en las fauces de dos poderosos canes. En Costa Rica hay miles de marginales nicas que pueden repentinamente enloquecer, más hoy que a través de este aire global los virus se desplazan y se comparten. Bon Nuit. Sweet Dreams.