Opinión

Adelantan la Navidad


El neoliberalismo no se interesa por defender lo poco que queda de nuestra cultura. Su propósito es que aceptemos la foránea corrompiendo nuestras festividades autóctonas. De ahí que los jóvenes celebran el “jalowin” y desprecian los ahuizotes y el toro venado. Pero la verdad es que todo está trastocado, como la política y el país. En enero de repente soplan vientos alisios, en marzo se dan orquídeas, hay abejones en mayo y veranillo de San Juan en julio. Hasta frijoles camaguas en abril. Pero ¿a quién se le ocurre poner guirnaldas de colores en noviembre? Incluso prender lucecitas en las ventanas.
En algún sitio, posiblemente en Estelí, desde hace días una casa muestra un juego de luces intermitentes en la fachada. ¿Cuál es el apuro? ¿Por qué ese afán de adelantar las fechas y brincarnos las pequeñas vivencias que encierra cada época?
Noviembre tiene un encanto único. Huele a aserrín, no es rojinegro, ni rojo. El pacto ha creado nuevos colores. El guida con amarillo, por ejemplo. Para no equivocarse Herty colgará en su casa todo el arco iris.
Noviembre, con el recogimiento a que obligan sus tardes plomizas, es por fin el final de las lluvias y la insensibilidad hacia los miles que han padecido los rigores extremos de las inundaciones. Con los periódicos llenos de fotografías de costeños inundados y para horror de todos en Guatemala en medio de la desgracia los delincuentes saqueando electrodomésticos.
Noviembre es el esfuerzo académico final, víspera de vacaciones. Es el momento de soñar con la Purísima tradicional entre la alegría, los adioses y despedidas de fin de curso. Pronto las bicicletas y las bolas empezarán a rodar. Chavalas y chavalos en calzones cortos y sin mayor preocupación que llegar a tiempo a su casa para la cena. Sin paranoias de inseguridad ni atrevimientos imprudentes. Y muchos quieren vivirlo entre juguetes y destapes de regalos.
Por eso intriga tanto la facilidad con que los clientes caemos en las emboscadas que nos tienden los comerciantes, que hacen su agosto en diciembre, mientras la televisión presenta osos polares que toman Coca y los gorros rojos de fieltro que le encasquetan a los chavalitos y se encasquetan a sí mismos algunos travestís, que hablan de Santa Clos y se olvidan del Niño Dios. Adelantos con miras a dar temprano sabor navideño y timarnos el Aguinaldo con anticipación. ¿Nos escabullimos de la pésima situación económica en la fascinación de las vitrinas multicolores y el olor a pinos? ¿Sustituimos con bombas, triquitracas y campanas la falta de amor, respeto y solidaridad? ¿Huimos de nosotros mismos, en la compra innecesaria y el afán de ver y probar cosas exóticas? Pero momento, todo a su tiempo y en su lugar. La Navidad tendrá sus goces, sin artificios, ni apresuramientos.
* Vicerrector de la UCC