Opinión

¿Qué nos falta para ser soberanos e independientes?


Leí recientemente en un medio local un resumen de la vida de la ciudadana norteamericana Rosa Park, llamada “Madre del movimiento de los Derechos Civiles” en su país; una vida rica en lecciones sobre lo que cada nicaragüense, con convicción y sinceridad, podría hacer para recuperar la soberanía e independencia de Nicaragua y vivir con dignidad.
Una mujer de origen afro-americano, de convicciones muy firmes, valiente, se propuso abanderar la lucha, por medios cívicos, pacíficos, contra la discriminación racial, poner fin a una sociedad racista. La gesta arranca a sus 49 años al negarse a ceder su asiento en un bus a un blanco; tiempos calientes aquellos de la segregación racial, cuando semejante actitud era castigada con prisión.
Rosa Park motivó a los afro-norteamericanos que la apoyaron voluntariamente e iniciaron un boicot al sistema de buses de la localidad, en un movimiento de reclamo de sus derechos civiles y lograr la igualdad racial a nivel nacional. El boicot duró un año dirigido por Martin Luther King, y terminó en la Corte Suprema de Justicia declarando inconstitucional la segregación en buses.
Recientemente fallecida, en ese día el gobierno norteamericano hizo públicas sus muestras de respeto mandando a ondear la bandera a media asta. El senador norteamericano J. Breaux expresó durante la entrega de la Medalla de Honor: “Los modelos a seguir que anteponen el coraje personal y el sacrificio propio, al egoísmo y al beneficio personal son pocos, y a grandes intervalos. Todos podemos ver en Rosa Park a alguien que posee estas virtudes”.
Hay que tener la claridad y voluntad de acero de Rosa Park para entregarse a la lucha por el cambio en la sociedad, con el objetivo de no claudicar hasta lograrlo. El boicot es de suponer que surgió espontáneamente en gente con igual necesidad de cambio, nada de oportunismo.
Rosa Park enseñó que no hay nada fácil ni soluciones a la mano; que el cambio no es asunto de bulliciosas manifestaciones para impresionar. Es una lucha permanente, sacrificios a largo plazo y de estrategias. En Nicaragua los supuestos líderes son corto placistas, siempre con el mismo discurso y al poco rato las velas se apagan, los líderes desaparecen y hasta la próxima.
Rosa Park motivó al Poder Judicial de su país, para que en el ardor de la segregación racial confirmara que las leyes locales y estatales que permitían la segregación en los buses eran inconstitucionales. Rosa fue una heroína de manos blancas, de lucha cívica, lo contrario de esos que llaman héroes en Nicaragua de manos manchadas con sangre, tortura y muertes.
Las acciones del pueblo, el respeto a las leyes y el fiel cumplimiento de los derechos civiles hacen grandes sociedades dignas; Nicaragua está lejos, pero muy lejos de lograrlo, se vive entre cinismo, charlatanería y falsos líderes dominados por el egoísmo y beneficio personal.
Nicaragua tiene un problema tan profundo como lo fue la segregación racial en Estados Unidos, el injerencismo a lo largo de su historia, no ha sido un país soberano ni independiente; el pueblo nicaragüense es indiferente y los líderes en sus ambiciones de poder prefieren entenderse con el extranjero antes que ceder y encontrar soluciones entre nicaragüenses. No debe olvidarse que las celebraciones del 14 de Septiembre son resultado de luchas intestinas y de nicaragüenses que llamaron o contrataron a los filibusteros, que después hubo que echarlos. Quedó un mérito de de esas luchas, pero fue un injerencismo propio de ambiciones personales.
El injerencismo ha marcado un áspero interés político, utilizando el halago invariable de un goteo de dólares y el control en la dirección de la economía nacional. El panorama actual contiene oferta de millones de dólares a cambio de complacencia política para defender lo que llaman democracia, que no es más que injerencismo; y otros millones de dólares de aceptarse el plan impuesto por el FMI.
El injerencismo que se vive llegó a un momento de evidente chantaje a un país cuyo gobierno solo piensa en dólares para sobrevivir en su estancamiento. En más de 15 años el aparato productor de bienes está muy deteriorado, las infraestructuras básicas para producir son un desastre; se viven tiempos de servicios y consumismo, la economía no se alimenta por una creciente agricultura ni desarrollo industrial, sino por remesas de nicas en el exterior, endeudamiento, donaciones y lo que se cuela del narcotráfico a través de las autoridades.
El único ejemplo de lucha por la soberanía e independencia conocido fue el del general C.A. Sandino, que a su iniciativa luchó en la adversidad y desventaja, en las circunstancias de la época, con convicción y coraje personal, sin egoísmos, en su objetivo muy puntual: expulsar al invasor. Al final, el general fue engañado por un débil gobierno manipulado por el injerencismo, pagando con la vida su idealismo, el pueblo fue indiferente y todo se hundió en el miedo.
Existe un sector de nicaragüenses que dice ser sandinista, que hace alarde de su sandinismo, todo queda en insultos, gritos y show, y ante la insolencia del injerencismo que ha abandonado el respeto a los nicaragüenses y el lenguaje diplomático, para caer en la grosería y vulgaridad, no se ven acciones de protestas permanentes en las calles de esos sandinistas. Odios, egoísmo y fanatismos tiran una cortina de humo que favorece el injerencismo.
Soberanía e independencia tienen, en países civilizados, aun en la mayoría de países atrasados, un culto sagrado, y es inconcebible que un diplomático en Estados Unidos, Francia, Alemania, Suecia, México, Brasil, Chile, China continental, Japón, y otros, actúe con la insolencia y lenguaje soez que lo hacen en Nicaragua en asuntos que solo a los nicaragüenses corresponden.
En lo político, nuestra tragedia no es que fulano, zutano o mengano sean ladrones, laven dólares, etc. Los nicaragüenses son más de 5 millones y se ha insistido mucho en que el problema de fondo es el sistema político que sigue siendo intocable. A los injerencistas nunca les ha preocupado apoyar un cambio radical a dicho sistema, sino que los gobernantes nicaragüenses protejan sus intereses, más claro, ser títeres como el actual. Con nicaragüenses vende patria el país no podrá nunca encontrar el sendero para formar una sociedad digna y para el progreso.
En lo económico, el injerencismo maneja al país como muñeco, imponiéndole normas fuera de su realidad y posibilidad, manteniéndolo con vida a base de inyectarle suero que consigue en el extranjero. Lo último que ha ocurrido es una noticia en los medios, que el FMI impone una alza en las tarifas de luz, pero no explica ni justifica nada, simplemente lo exige al gobierno para que vengan unos millones de dólares. La falta de justificación hace pensar si el FMI protege a la comercializadora Unión Fenosa, se descara en apoyo a la empresa privada, sin justificar cómo afectará la irrigación de esa alza a toda la economía. Estúpidamente se dice que a los pequeños consumidores no les afectará, puro populismo, el sistema económico es uno solo, a los pequeños les llegará su colita a través de pequeños negocios y el consumo.
Es difícil que los nicaragüenses comprendan cuán atrasados estamos por el gran abismo que existe entre pobres, un 95% de los habitantes, y ricos, un 5%, que por ahora controlan los destinos del país. Una realidad desafortunada es que a ese 95% no le preocupa el obstáculo que el injerencismo representa en la solución. Es lamentable que al pueblo le hayan vendido la idea de que los culpables de su desgracia son los ricos, una verdad parcial, no va a caer maná del cielo, los pobres son parte importante en la corrección de desigualdades, deben cambiar de mentalidad.
Contra el injerencismo, para luchar por la soberanía e independencia de Nicaragua, hace falta, cuando menos, una Rosa Park; por ahora solo disponemos de basura que lucha por el poder político y el enriquecimiento en la forma que sea. Los funcionarios son un vivo ejemplo del enriquecimiento ilícito.