Opinión

Gallina que come huevo...


Gallina que come huevo... ni que le quemen el pico, ese es un refrán popular que encierra el concepto más puro de la ortodoxia local. Es una forma de interpretarse políticamente para aquellas personas o grupos de personas que a pesar de aparentar haber cambiado de actitudes de cara al público, en lo más hondo de su corazón mantienen exactamente las mismas formas retrógradas de responder frente a los cambios de carácter positivo, esta forma de oscurantismo se traslada incluso a sus pensamientos más superficiales, este tipo de seres están llenos de odio y vienen arrastrando un rencor cruel, se mantienen agazapados como los carroñeros a la espera de cualquier rastrojo animal o humano, y en la más mínima oportunidad sacan sus afilados dientes y garras para comenzar a despellejar a cualquier oponente a sus ideas.
Esta primera reflexión es producto de una anécdota personal; les cuento, una noche de éstas estaba llegando a un restaurante leonés con un grupo de amigos, en una mesa estaba un personaje conocido en la ciudad, no por sus méritos académicos ni profesionales mucho menos, sino por su carismática forma de ser un vividor y oportunista de la política, un acérrimo militante de un partido político y que desde hace años chupa el hueso de un puesto en un Poder del Estado, esto es típico en países donde los cargos son otorgados por servilismo y no por competencia, que es el caso de este ciudadano, pues bien, sigamos con la historia.
Me acerqué a la mesa a saludarlo, con toda la educación que se saluda a alguien que se conoce desde hace tiempo, que sin llegar a ser jamás mi amigo, al menos por cortesía uno se acerca a extender la mano a esta pobre gente, además lo hacía porque en varias ocasiones me había hecho comentarios sobre mis artículos anteriores, y está de más decirles que los comentarios siempre habían sido negativos, pues de alguna forma este individuo sudaba la calentura ajena por las críticas a su líder partidario.
Lo primero que me dijo al saludarlo fue: “¿Parece que estás huracanado?”, haciendo alusión a mi último artículo de “Tierra de huracanes”; le respondí que efectivamente era así, y acto seguido me ripostó, con enorme orgullo de alguien que asume el papel de un mensajero celestial, con una amenaza contundente: “¡Pero acordate que después de el huracán, viene el ciclón!”
Obviamente le respondí que íbamos a ver si era cierto, lo importante que quiero destacar en esta anécdota es apenas un reflejo de lo que en realidad son todo este tipo de vividores políticos y sus grandes sueños por llegar al gobierno, luego de tantas pérdidas electorales; ante la opinión pública tratan de dar la imagen que han cambiado su mente, que son más abiertos, democráticos y que soportan las críticas de quienes no están tan confundidos socialmente como ellos, pero con este ejemplo tan sencillo me pregunto: ¿Qué tal que llegaran al gobierno?
No dudo en lo más mínimo la cacería de brujas que desatarían por tantos años de frustración; por haber sido derrotados producto de tantos errores, y que además sin haber llegado de nuevo al poder los siguen cometiendo a lo interno de su partido, siguen siendo los mismos ortodoxos de hace décadas, tienen como principio básico el autoritarismo, la represión para todos aquellos que disientan las ideas de su caudillo, no soportan una crítica por muy constructiva que sea, tienen nublada la brújula que les orientaría el cambio de actitudes arcaicas.
Cada vez que empiezan las campañas electorales se visten con una piel de oveja, pero el pueblo sabe los lobos rabiosos de venganza que se encierran bajo su burdo disfraz. Es lamentable la percepción de individuos como el que me encontré en ese local, ellos creen que estarán toda la vida en esos cargos que por su cepillismo han llegado a ocupar, y por si fuera poco son estos mismos los que promueven la corrupción más degenerada en los poderes del Estado, esas son las hienas que se esconden a la espera de cada campaña para salir furibundamente en busca de los votos de quienes todavía pueden engañar, a quienes todavía les pueden vender el mono de que cuando lleguen al poder todo será en beneficio del pueblo, que habrá más empleo, más riqueza, más oportunidades, lo que no dicen es que esas promesas serán realidad para unos pocos, los que todavía siguen succionando los recursos ajenos sin hacer nada, aquellos que se encuentran encerrados en el gallinero del pasado, los que siempre se han comido los huevos que contienen la esperanza de los más pobres, definitivamente que nunca cambiarán, por algo es sabio decir que gallina que come huevo... ni que le quemen el pico.

León, noviembre de 2005