Opinión

Las corrientes


I
Hemos estudiado el nacimiento del Humanismo y creemos que fue entonces que se desarrolló la necesidad de analizar los comportamientos y voluntades de los grupos.
Se intentó darle la espalda a algunos dogmas religiosos, pero el resultado fue sustituirlos por axiomas políticos.
II
Entre los axiomas políticos de aquella época destacamos el que un buen dirigente requiere ser experto en el manejo de los micro-grupos dentro del macro cuerpo-político o del partido.
Se percataron que suponer que un partido estaba formado por una ideología común era una quimera. Encontraron que cada cabeza era un mundo, los afines se agrupaban, pero luego las ambiciones o los celos los dividían.
III
Las capacidades difieren y a veces la perseverancia de los menos capaces triunfa sobre mentes brillantes.
El empeño debería, pues, centrarse en lidiar con los disidentes firmes, pues pocas veces el problema es lidiar con multitudes, sino con élites donde los miembros de las sociedades secretas actúan con ventaja.
IV
Se encontró que a veces había voluntades que cedían ante las mayorías, así como había terquedades que defendían férreamente sus principios.
Normalmente los grupos pequeños son los más firmes, porque pueden ser homogéneos. Las similitudes se alejan con el crecimiento y luego tienden a dividirse.
En mandos intermedios a menudo se encontraron gente caracterizada por la firmeza ideológica de estar ayer, hoy y mañana con la monarquía de turno o con las nacientes repúblicas. Jamás con la oposición.
V
Hay líderes que crecen con los enfrentamientos dentro del partido y otros que al cesar la oposición se debilitan. Como que si el ejercicio de la confrontación agudizara sus mentes.
Antonio y Octavio César se aliaron contra Brutus y Casius, pero al vencerlos, Antonio y Octavio César se tornaron antagónicos entre sí.
VI
El equilibrio entre los grupos a menudo no solo es cuestión de moderación.
Es preciso que haya consecuencia entre los enunciados y el comportamiento, entre lo que se dice y lo que se hace.
Tienden a triunfar los que permanecen fieles a sus principios.
VII
Una señal de error en la conducción es cuando aflora la violencia dentro de la disidencia.
Manejar con altura los planteamientos de los disidentes es algo vital para el buen dirigente. La debilidad del dirigente que no atiende las disidencias violentas, a menudo trae como consecuencia su propia ruina.
VIII
Las mociones de los subalternos deben de subordinarse, como si de movimientos astronómicos se tratase.
Mejor dirigente sería quien lograse armonizar los movimientos de esas órbitas secundarias para que, teniendo sus metas propias, actuasen subordinadas a la órbita principal.
IX
¿Cuánto de lo estudiado y concluido en aquella época tiene relación con la problemática de ahora?
¿Podrían aplicarse hoy en día aquellos criterios?
Managua 10 de noviembre de 2005
elsavogl@ibw.com.ni
Neville Cross y Maria Elsa Vogl
Miembros del Centro Nicaragüense de Escritores