Opinión

A la recuperación del Guanacaste y Nicoya


La palabra GUANACASTE para la clase política costarricense es como enseñarle la cruz o la estaca a Drácula. Insólitamente nos están demandando en la Corte Internacional de La Haya, y se desbocan en improperios contra las autoridades nicaragüenses. ¿Motivo? Sólo porque el canciller nicaragüense, doctor Norman Caldera, dijo que le estaban aconsejando que se revise el caso GUANACASTE ahora que los ticos están desconociendo parte del Laudo Cleveland. Por eso reaccionaron como si le hubieran localizado el punto “G” y pisado a la vez el callo de la vergüenza.
Ya rebasó la paciencia. La acusación y la reacción reciente de los dirigentes costarricenses, además de ordinaria como temeraria, no se compadece con la exagerada tolerancia que Nicaragua ha tenido con ellos.
Más de un siglo tiene Nicaragua de tener una diplomacia demasiado complaciente y eufemística: “no hay que poner en su lugar a los gobernantes ticos, pues nos tocara vivir para siempre junto a ellos, bla, bla”; “nuestras familias están entrelazadas, bla, bla”, mientras los gobiernos de Costa Rica mueven sus fichas constantemente por todos los flancos bajo la cobertura de sus sonrisa mecánica y sus palabras diminutivas.
Los últimos acontecimientos nos revelan que deben concluirse las pláticas y discusiones bizantinas sobre el río San Juan. Ese disco rayado y cansino que sólo a ellos les conviene hay que cambiarlo.
El mismo cuento, “el río es de ustedes pero… que la navegación aquí, que la navegación allá”, y nosotros repitiendo lo mismo de siempre: “Ahí están los tratados, el Laudo…”
Ya lo de la navegación caducó, jurídicamente ya no tiene caso, porque dejaron de existir las causas… hay que dejar de hablar de ese caso, para eso está la Corte que buscaron ellos, lo que debemos de hablar y discutir es del Guanacaste y Nicoya. Ya los nietos comenzaron a cuestionarnos a nosotros y a las generaciones pasadas por qué no pudimos proteger nuestro patrimonio territorial.
Y surgen las preguntas: ¿Es valedero para siempre un Tratado que se firmó en medio de una guerra? ¿Quién le dio derecho a un grupito de personas para que regalaran parte de nuestro territorio?
Deducimos que el equipo de especialistas está revisando los Traslados, Convenios, para que el Guanacaste sea recuperado.
El doctor Miguel Álvarez, en su obra La Historia de Nicaragua, indica que en los primeros años de la Colonia Española la línea divisoria con Costa Rica estaba a 50 millas al sur del desaguadero.
Leamos lo que dice el doctor Luis Pasos Argüello (Q.E.P.D.), reconocido estudioso, especialista en problemas de fronteras: “Cuando se hicieron las porciones jurisdiccionales de la Capitanía General de Guatemala, desde la época de la Colonia Española, se tuvo en mira y finalidad los límites naturales, geográficos, como el expediente más lógico y conveniente para esas demarcaciones. Entramos a la Independencia con estos delineamientos que fueron las fronteras. Primero de las provincias y después de rota la Federación Centroamericana en 1838 (mil ochocientos treinta y ocho) de las 5 (cinco) Repúblicas a base de Uti Posside Ttis de 1821 (mil ochocientos veinte y uno), según lo establecen las constituciones políticas de los 5 Estados ”.
“De esta manera a Nicaragua le perteneció el Guanacaste, comarca que tenía su salida al mar Pacífico por Nicoya también nicaragüense, y al mar Caribe por el río San Juan; pero cuando en 1858 (mil ochocientos cincuenta y ocho) le regalamos el Guanacaste a Costa Rica, en recompensa de su ayuda en la Guerra Nacional contra Walker, se rompió el límite natural y esta provincia quedó enclavada en cuanto su salida al Atlántico, que sólo podía hacerla, en aquel entonces, por medio del río San Juan hasta su desembocadura por el puerto de San Juan del Norte. Por tal circunstancia, y sólo por esa razón y esa necesidad se le concedió navegar una parte del río”.
Semanas atrás, escribí un artículo titulado: EL ACOSO DEL RÍO SAN JUAN COMENZÓ DESPUÉS DE QUE LE REGALARON EL GUANACASTE. Tras la publicación, remitentes ticos rebasaron mi correo electrónico, con argumentos y redacción de todo pelaje. Pero uno de ellos me causó bochorno por el firmante, quien escribió lo siguiente: “Si nuestros abuelos derramaron su sangre en la guerra de Nicaragua lo justo es que nos retribuyeran con el Guanacaste”.
Costa Rica entró a la guerra, porque sabía que si caía Nicaragua Walker iría por ellos y resto de Centroamérica.
*Decano de la Facultad de Periodismo de la Uhispan
trejosmaldonado@yahoo.es