Opinión

¿Es usted uno de estos locos?


¿Invertiría usted 88,000 mil dólares ahorrados durante más de veinte años de trabajo, para obtener una renta mensual que apenas cubra la canasta básica de los pobres del segundo país más pobre de América Latina? ¡Estás loquito!, me estará diciendo mientras lee estas líneas. Yo también pienso lo mismo que usted, pero le juro que habemos muchos locos de este tipo, que andamos sueltos por las calles y orgullosos comentamos con otros iguales, las veces que hemos realizado este tipo de inversión.
¿De qué estoy hablando? Hablo, por no decir escribo, sobre la inversión que hacemos muchos padres de familia en nuestros hijos, desde que nacen hasta llevarlos a coronar una carrera universitaria. La cifra de 88,000 dólares puede cuestionarse, pero es la que obtuve después de promediar costos en dinero y otros esfuerzos a veces no contabilizados, pero invertidos en la crianza de un hijo o hija, hasta los veintiún años de edad.
Debo aclarar también, que cuando hablo de recibir una renta equivalente a la canasta básica, únicamente estoy hablando de aquellas personas cuyos hijos tienen la suerte de obtener un empleo al poco tiempo de graduarse. La mayoría no lo encuentran y subsisten realizando labores que muy poco, o nada, tienen que ver con los estudios en los cuales se invirtió.
Si lo anterior es tan común, ¿por qué se insiste tanto en graduar hijos que aumentarán el ejército de desempleados o exiliados económicos de nuestro país? Pareciera ser que todos, a sabiendas, persistimos en tal actitud casi por inercia. ¿Qué propongo? Bachilleremos a nuestros hijos y estimulémoslos a tomar una carrera técnica. Borremos de sus cabecitas la idea de la camisa blanca y la corbata para contar el dinero de otros. Hagámosles ver que es mejor contar el propio, aunque la camisa tenga pringas de cemento, o las uñas estén obscuras por un poco de grasa.
Un joven con capacidades técnicas, rápidamente podrá encontrar un puesto de trabajo y continuar sus estudios superiores si así lo desea. Esto tiene varias ventajas, dos de ellas son: a) Un joven ocupado, es menos proclive a caer en las garras del vicio. b) Al finalizar sus estudios superiores, tendrá suficiente experiencia laboral para emprender proyectos propios y volar mejor equipado hacia nuevos horizontes. Esforcémonos entonces, por hacer coincidir en sus vidas, el oficio con la preparación académica-administrativa. No sigamos mal invirtiendo el fruto de tantos años de trabajo en una fórmula incompleta. Mientras muchos profesionales añoran trabajar, muchas empresas se ven en la necesidad de importar técnicos de otros países. Es una lástima, pero en Nicaragua hay más corbatas para lucir, que manos dispuestas a producir.
No sigamos graduando administradores sin nada que administrar y profesionales sin poderse desarrollar. ¿O es que usted es uno de esos locos?

Chiquilistagua
Noviembre 9 de 2005