Opinión

Estados Unidos y su debilidad estratégica


Las enseñanzas de geoestrategia del historiador británico Paul Kennedy y su célebre teoría de la sobre extensión, explica que “las grandes potencias se derrumban en forma típica cuando su alcance militar supera su poderío económico”. Es justamente lo que vive Estados Unidos (EU) desde el 11 de septiembre de 2001, “las guerras de Afganistán e Irak fueron los disparos de salva del inicio. Estados Unidos extiende su alcance (geográfico) en el momento preciso en que su base económica se ha debilitado, una clásica señal de advertencia de la caída de una gran potencia”.
El objetivo estratégico norteamericano de las guerras de Afganistán e Irak era apoderarse, en una primera etapa, del triángulo marítimo superestratégico conformado por el mar Negro, el mar Caspio y el Golfo Pérsico, y posicionarse luego en las entrañas de Asia Central. Siguiendo el consejo geopolítico de Zbigniew Brzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional de Carter, la Administración Bush acepta que Eurasia es el “pivote de la historia mundial” como lo establece en su libro “El tablero de ajedrez mundial: la supremacía de Estados Unidos y sus imperativos geoestratégicos”.
Sin embargo, en Irak se ha puesto en evidencia que EU puede bombardear, invadir y arrasar países, pero no puede ganar una guerra. Ganar una guerra implica ocupar un territorio, someter a la población derrotada y establecer cierto orden social y económico sostenible. Esto no lo ha logrado EU en Irak. Es decir, la guerra en Irak demostró que los EU pueden invadir cualquier país, a condición de que no sea demasiado grande, y que se le pueda vencer en poco tiempo.
A pesar de que la economía estadounidense es fuerte, su proporción en la economía mundial va en disminución, y es vulnerable a corto y a largo plazo. Desde 1997-1998 la economía norteamericana está enferma. Por supuesto que no va a derrumbarse, pero es improbable que EU siga desarrollando una política exterior ambiciosa si se le presentan serios problemas internos.
En el 2004, el Déficit de Cuenta Corriente (DCC) de EU alcanzó el récord de 6.3 por ciento del PIB, con un asombroso deterioro de 1.8 por ciento con respecto al año 2003. EU requiere ahora 2 mil 900 millones de dólares de flujos externos de capital cada día para que la crisis económica se aleje y la magia persista.
El déficit presupuestario se acerca a 614 mil millones de dólares, en tanto el déficit comercial alcanzó una marca histórica de unos 500 mil millones de dólares en el 2004, y ese déficit viene creciendo vertiginosamente desde 1992, cuando fue de 35 mil 600 millones.
De acuerdo a la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos, “las inversiones netas de portafolio de 91 mil 500 millones de dólares de enero pasado, que cubrieron el déficit comercial del mismo mes por 58 mil millones de dólares” se debieron al financiamiento de los bancos centrales asiáticos, en particular de China y Japón. En un solo año, los bancos centrales asiáticos tuvieron un excedente de 500 mil millones de reservas del “billete verde” que financiaron el 75 por ciento del DCC en el año 2004.
La debilidad económica interna de los EU se refleja en el deterioro en cuatro frentes: a) inflación creciente, b) DCC desbocado, c) burbuja de los bienes raíces y d) frenesí especulativo; todo ello derivará en costos domésticos y globales que pueden revertir casi una década de excesivo crecimiento del consumo de los ciudadanos, equivalente al 71 por ciento de su PIB.
Mientras tanto, el dólar de los EU ha perdido el 38 por ciento de su valor frente al euro desde febrero de 2002; el 25 por ciento en relación con el dólar canadiense y el 23 por ciento frente al yen japonés, para sólo mencionar tres ejemplos. Debido fundamentalmente a los masivos 450 mil millones de recortes de impuestos realizados cada año.
En los años 1989-1993, cuando el desbalance comercial bajó, el crédito total en los EU creció en 819 mil millones de dólares por año. Sin embargo, en los siguientes cuatro años que finalizaron en 2004, creció (el crédito total) tres veces más rápido, hasta llegar a 2,4 billones por año, sin estar a la vista una declinación.
La debilidad estratégica de los EU está en sus fracasadas intervenciones militares y en la destrucción sistemática de su estructura productiva y tecnológica dentro de los EU. Mientras que la “superestructura militar” sigue creciendo, la “base económica doméstica” de la nación norteamericana entra en crisis con rapidez. Si a principios de los años 70 la participación del comercio exterior en el PIB no superaba el 10 por ciento, actualmente es de 25 por ciento.
La realidad comercial estadounidense muestra una economía con evidente rezago competitivo que la hace incurrir en un enorme déficit comercial que ni siquiera la devaluación del dólar ha logrado frenar, y al mismo tiempo, esa economía está cada vez más volcada hacia el exterior con creciente dependencia de las exportaciones para sostener el empleo y el nivel de actividad.
Tomando en cuenta los datos anteriores, el historiador británico Eric Hobsbawm y autor del libro “La edad de los extremos”, causó revuelo en su reciente conferencia magistral en la Universidad de Harvard, al comparar el imperio británico, cuya trayectoria del siglo XIX nadie conoce mejor, con el “presente imperio estadounidense condenado al fracaso y a ocasionar desorden, barbarie y caos, en lugar de promover la paz”.
El insigne historiador británico arguyó que “no existía precedente para una supremacía global que el Gobierno de Estados Unidos intenta establecer”, y concluyó en forma contundente que el “imperio estadounidense seguramente fracasará”.