Opinión

Neoliberalismo y educación en Nicaragua


Cuando se habla de atraso y sus principales problemas derivados, todo mundo hace referencia a la educación como factor clave de solución, pero nadie puntualiza nada, todo es vago; educación, educar, es lo que se escucha a secas.
La libertad ha sido interpretada bajo el neoliberalismo como un don del individualismo en que cada quien puede hacer lo que le venga en gana, la sociedad es de nombre, no se respeta la ley, no existe entre ciudadanos respeto al derecho ajeno. La libertad da privilegios al más fuerte, es una libertad para vivir en anarquía, bajo violencia y delincuencia.
Pretender transformar esa sociedad con sólo andar pregonando que debe educarse, es charlatanería, se necesita acción, acabar con lacras o vicios derivados de la ausencia de educación, del yoquepierdismo, la vulgaridad. Por ahora hay que señalar un solo responsable, el Estado, porque la Constitución Política manda que la educación es función indeclinable del Estado, quien debe planificarla, dirigirla y organizarla a nivel nacional. Al Estado de la democracia, de la libertad, no le preocupa el desorden educativo en sus múltiples y heterogéneos canales y niveles.
No han existido, y en muchas décadas quizá no existirá, un sistema educativo, planes ni políticas que definan una solución acorde al tamaño de Nicaragua, a su atraso, necesidades prioritarias, recursos escasos para invertir, y poco a poco, ir educando a un pueblo sin educación. Aprobar la primaria y la secundaria no significa ser educado.
Se cuenta con filósofos de la educación y muchos asesores, pero estas personas vuelan alto, nada aportan con sentido práctico sobre cómo arrancar en el caso muy puntual nicaragüense, actitud que sólo confusiones deriva.
En el ambiente se ha vendido la idea que la alfabetización, leer y escribir, más otros programitas dispersos, bastan para considerarse educado, eso no es verdad, populismo, engaño, venta de ilusiones aprovechando la ignorancia. No se le puede llamar educar a cualquier locurita.
Educar es desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales de los niños o jóvenes por medios adecuados. La misión fundamental de la educación es ayudar a cada individuo a aprovechar todo su potencial, convertirse en un ser humano completo, y no en una herramienta para la economía. Aprender a ver el país, el mundo, bajo diferentes ángulos, según capacidades intelectuales y aprender a convivir en sociedad.
No hay que confundir educar con cultura, ésta resulta de cultivar conocimientos humanos adquiridos y afirmarse por medio del ejercicio de las facultades intelectuales de las personas. Tampoco con aprender, simplemente aprender o memorizar, como máquina traga níqueles.
El flujo de niños y jóvenes que demandan anualmente educación en primer nivel, primaria y secundaria, excede a las capacidades materiales decentes para atenderles, en unos casos, y en otros, excede a la capacidad de recursos monetarios de familias para gastos de material de estudio, uniformes, etc., o que no pueden pagar escuelas privadas, todo lo cual favorece un proceso acumulativo de población sin educación y hará más complejo el despegue del cambio. Cada año la cantidad de gente sin educación va siendo mayor, y el atraso del país sigue creciendo.
Es indiscutible que la situación económica de cuasi estancamiento de la economía, de desigualdad entre familias, del atraso general del país y de una población creciendo a una tasa anual desproporcionada a la capacidad de crecimiento del país, obliga definir políticas educativas severas, no hay para todo ni para todos hoy, mañana, pasado mañana... Por otra parte, la educación pública, cuando menos la primaria y aprendizaje de oficios, tiene que ser gratuita, absolutamente gratuita. Las condiciones de pobreza impiden que muchos jóvenes asistan a las escuelas, la deserción es alta, porque una parte de niños son obligados a trabajar para contribuir en casa con los gastos del diario vivir.
La escuela, institución pedagógica muy importante a los fines de la educación, no cumple su misión: infraestructura pésima, magisterio nacional de muy baja calidad; en el campo, las deficiencias son mayores, el profesorado público está muy politizado y el juego de los sindicatos se concreta a mejoras salariales y otras prestaciones.
La educación pública y privada en el primer nivel están convertidas en negocios de múltiple naturaleza, desde vestimenta, comercio de todo tipo de material de estudio, en los circos conocidos en fiestas patrias, inclusive graduaciones de simples bachilleres para inflar cabezas a los jóvenes, que creen saber todo y soñar fantasías.
Renovación del profesorado con vocación magisterial exige una serie de cambios colaterales que tomará tiempo, y mucho tiempo, alcanzar. La transición tendría que ser lenta.
No existen --sabe Dios cuándo existirán-- bases e instrumentos para impulsar una educación auténtica del pueblo nicaragüense, que desarrolle su inteligencia, creatividad acorde a soluciones con la problemática de Nicaragua. Con un profesorado sin formación académica y social, que vive en una sociedad sin educación y en pobreza, no se podrá llevar a la niñez y juventud a algo más de leer y escribir y aprender superficialmente unas cuantas materias, como es pensar, crear y darle una formación humana.
Pasando a la formación de profesionales o enseñanza superior, en agosto pasado leí en un medio amargos comentarios de jóvenes universitarios señalando que la formación académica era vista como mercancía, y que las universidades ofrecen carreras para el desempleo. ¡Dicho todo!
La Secretaría Técnica del CNU reporta 44 universidades en Nicaragua legalmente constituidas. Así es la libertad, a ese paso se tendrán universidades hasta en las aceras, compitiendo espacios con puestos de ventas de fritangas; pronto quizá aparecerán las universidades al aire libre. Las infraestructuras humanas y materiales existentes, en muchas universidades, son de muy dudosa calidad, y es natural en este pequeño y atrasado país.
Bajo el criterio que la educación es una, es decir, un sistema nacional de educación, que constitucionalmente es función indeclinable del Estado, debe planificar, dirigir y organizar, y funcionar de manera integrada y de acuerdo con planes nacionales. Por planes nacionales se entiende la planificación económica y social en Nicaragua que marque pautas sobre cómo armar anualmente el crecimiento del país en forma armoniosa, salvar desequilibrios e ir corrigiendo desigualdades sociales.
En países como Nicaragua, atrasados y pobres, la planificación nacional es el indicador máximo que permitiría conocer paso a paso la marcha del proceso de recuperación total, importante también, para el mejor aprovechamiento de recursos escasos, evitar el desperdicio o despilfarro. La ausencia de planificación no permite conocer cómo las universidades han servido a Nicaragua. Ningún pro hombre a quien se rinde homenaje, ha salido de universidades nacionales.
Ni al Estado ni al CNU les ha interesado nunca la formación de profesionales para el cambio. Domina y se ha fortalecido con el neoliberalismo un estúpido criterio de autonomía, confundiendo un criterio meramente administrativo con excelencia académica y disciplina. El Estado que gobierna, y busca el bien común, debe dirigir la educación en todo nivel.
En Nicaragua, sobre educación se quiere correr cuando apenas se gatea, se vive un delirio sobre avances tecnológicos de punta que en un ambiente como el nuestro se convierte en puro consumismo. El relajo de la computación, por ejemplo, lejos de entenderse por educación, está llevando a los jóvenes al automatismo, atrofiando inteligencia y creatividad. Ahora no es inteligente quien piense, sino el que maneje instrumentos, se ha confundido el aceite con la manteca de cerdo.