Opinión

El centrismo


I
El general Augusto C. Sandino, en julio de 1927, ante la caída en combate de varios de sus guerrilleros rechazando al invasor, expresó: “…voy a invocar el sagrado nombre de mis inconquistables hermanos que han muerto defendiendo la libertad de Nicaragua, Rufo Marín y Carlos Fonseca…”
En 1976, el 8 de noviembre, hace 29 años, cae en desigual batalla, hasta agotar el último de sus húmedos cartuchos en las selvas de nuestra patria, otro Carlos Fonseca, igualmente defendiendo la libertad de Nicaragua ante la férrea dictadura del general Anastasio Somoza Debayle.
También, un mes después de la muerte de Carlos Fonseca Amador, entrega su joven vida en las montañas de Zinica, un 9 de diciembre, Rufo Marín Huckles nieto del Coronel sandinista Rufo Marín Bellorín, a quien invocó Sandino.
Hace 35 años, el 21 de octubre de 1970, Carlos Agüero que ofrenda su vida posteriormente, dirige la primera operación guerrillera, en la historia de la lucha antisomocista, que logra el rescate de prisioneros políticos, siendo liberados de nuestra prisión en Costa Rica, Carlos Fonseca, Rufo Marín, el costarricense Plutarco Hernández y mi persona. Un año antes, el 23 de diciembre de 1969, tuve la misión de comandar el asalto guerrillero al cuartel de Alajuela, intentando el rescate fallido de Carlos Fonseca, oportunidad en la que Rufo Marín y yo heridos gravemente derramamos nuestra propia, y lamentablemente, ajena sangre.
II
El 10 de enero de 1978 es asesinado en las calles de Managua, el máximo exponente de de la lucha antisomocista no armada, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, a quien había conocido en los años sesenta cuando coincidimos en una marcha el día de los trabajadores, y luego en l967 lo vuelvo a encontrar en Managua, durante la sangrienta represión de la GN a la protesta popular del 22 de enero, donde él participaba desde su posición de opositor independiente en la Unión Nacional Opositora y yo junto a otros jóvenes integrados al FSLN. En esa ocasión experimenté mi segunda prisión, esta vez en las cárceles del Hormiguero en nuestra capital, y tuve la dicha de compartir la misma celda con el doctor Chamorro Cardenal.
Un año antes del atentado en contra del doctor Chamorro, el general Anastasio Somoza Debayle, en abril de 1977, declara a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal el enemigo mayor de la Guardia Nacional.
III
En mi reciente libro La Epopeya de la Insurrección hay únicamente 2 fotos en todo el texto, además de la del general Sandino, destacadas sobre la concentración masiva del día 20 de julio de 1979, cuando celebramos la caída del somocismo con el triunfo de la insurrección popular dirigida por los Terceristas del FSLN, y con la participación finalmente de lleno, alrededor de nuestras tesis insurreccionales, de las otras tendencias sandinistas, y demás fuerzas antisomocistas. Esas fotos son las de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y Carlos Fonseca Amador. Ambos representan los dos sólidos pilares que garantizaron el fin de la cruenta dictadura de los Somoza. Ambos héroes nacionales recogieron la bandera libertaria del Prócer de la Nación nicaragüense, el general Augusto C. Sandino.
IV
Con el fin del régimen de los Somoza, se inicia el Tránsito hacia la democracia, ciclo histórico que actualmente se está forjando. Producto del complejo proceso histórico para construir nuestra Nación, desde la independencia de España en 1821, y particularmente por las distintas guerras que durante más de un siglo Nicaragua ha padecido, el complicado Tránsito de la dictadura somocista a la democracia ha tenido dos grandes momentos: uno en guerra, revolución y contrarrevolución, década del 80, y el otro en paz a partir de 1990. Entre otros factores de capital importancia para el Tránsito hacia la democracia actual, están la Constitución Política de 1987 que no corresponde al modelo típicamente socialista, como tampoco a un modelo tradicionalmente capitalista; la consolidación del nuevo ejército, el EPS, y su amparo jurídico legal en dicha Constitución Política; el acuerdo para la paz de Esquipulas y Sapoá en 1988 que asegura el rumbo de la paz, y puso fin al intento injerencista del Gobierno norteamericano de establecer otra institución armada sin sandinistas, propósito que se inicia durante la agonía en 1979 del régimen somocista; las elecciones de 1990 como componente vital para asegurar el fin de la guerra; la victoria electoral de doña Violeta Barrios de Chamorro que facilitó la culminación del proceso de paz e ir reconstruyendo, en plena libertad democrática, nuestra Nación destruida por las guerras pasadas y el terremoto de 1972; y de manera relevante la actitud patriótica de los contendientes en armas que supieron imponer la reconciliación sobre el odio, haciendo viable la paz y el histórico logro desde 1994 del Ejército apartidista y Nacional.
V
La gran lección de más de un siglo de violentos y destructivos conflictos es que dividida la Nación, nadie gana, todos perdemos. Y en paz igualmente se cosecha atraso, miseria y más pobreza, injusticia económica y social, cuando se debilita la creatividad y flexibilidad necesaria de la política democrática que convierte la pugna en confluencia, el conflicto en acuerdo. En mi libro antes mencionado propongo el Centrismo como un eje de acción y conducta para manejar mejor las profundas diferencias y contradicciones existentes en nuestra sociedad, incluyendo las antagónicas entre las fuerzas políticas e ideológicas y otras en el seno de ellas. El centrismo como un medio civilizado de conducta política que facilite encontrar posiciones centradas desde la derecha o la izquierda, producir el programa de Nación para profundizar nuestro actual proceso democrático en diálogo transparente y permanente, para consensos y acuerdos políticos que se instrumenten en armonía entre los poderes, unos de alcances lejanos y otros para hoy, en el marco del estado de derecho. El centrismo que se conduzca con ética y humanismo, fortaleciendo el modernismo con sensibilidad ética y estética, autorealizándonos espiritualmente sin reducir lo moderno a la importancia de lo técnico, ni el mercado al egoísta monopolio, ni el estado al dañino paternalismo, ni lo político a la inmoral politiquería.
VI
El sacrificio de Carlos Fonseca Amador y Pedro Joaquín Chamorro Cardenal reclama a la dirigencia nacional de nuestro país, que eleve la necesaria calidad política que toda nación requiere para que el país sea debidamente conducido. Que la Ley Marco recién aprobada fortalezca el espíritu del entendimiento, el lenguaje constructivo; que se solidifique la estabilidad política y así la necesaria estabilidad nacional, para que integrados como una gran nación enfrentemos mejor las desventajas del actual mundo globalizado y potenciemos las oportunidades fortaleciendo el capital humano nicaragüense con más y más educación, y con más y más oportunidades al trabajador, a todos los ciudadanos. Que estos acuerdos y una ejemplar campaña electoral en el año entrante alienten al capital a invertir en nuestra patria, y a las fuerzas sociales a producir las riquezas sin las cuales jamás venceremos la miseria y la pobreza.
Noviembre 8 2005
Managua, Nicaragua.