Opinión

Celulares


Quizá sea la de teléfonos móviles --o celulares-- la mayor producción industrial de aparatos electrónicos para uso personal que se haya hecho en el siglo XX y en todos los tiempos. Millones de seres humanos en todos los rincones del planeta tienen el suyo y por millones hablan con otros tantos durante las veinticuatro horas del día. Su aparición en el mercado mundial en la década de los 90 revolucionó los hábitos de la sociedad a tal grado que todos -–unos por necesidad y otros por snobismo-- querían tener uno, y con ese afán se lo agenciaron como pudieron. Y por todo el mundo se vio a la gente comiendo, leyendo, rezando, enamorando, peleando, conduciendo o haciendo las cosas más inauditas, sin despegarse del celular, que de la noche a la mañana --como una metamorfosis kafkiana--, amaneció convertido en una garrapata adherida sobre millones de orejas.
En Buenos Aires o Santiago --como en tantas grandes capitales del mundo-- los crímenes de automóviles se incrementaron de forma notable, siendo la nueva causa de mortalidad la distracción de los conductores, que por atender detalles de sus celulares desatendían las señales de tránsito, no controlaban la velocidad, perdían el control de los volantes, no guardaban su distancia o simplemente colisionaban sin saber contra qué. Entonces, los mandos policiales decidieron multar a quienes sorprendieran conduciendo pegados a los aparatos. Y fueron miles los infractores. Pero lo más interesante fue que el 45% utilizaba teléfonos de juguete, fingiendo una conversación, monologando para que los vieran con su celular. En Nicaragua también muchos van por la calle, o se instalan en las aceras de sus casas a hablar solos, como anormales, guindados del teléfono, porque esa es la moda, eso los hace gente importante y les da, según ellos, cierto donaire.
Ahora el celular lo piden de regalo de cumpleaños, por aprobar el año escolar, en ocasión de Navidad. Y no importa su edad. Conozco a un bróder que les compró a sus hijos de 10 y 11 años sus respectivos celulares para que los niños se comunicaran con sus amiguitos. Sólo un mes les duró la diversión, pues los cipotes hablaron sin límite de tiempo y el cuentón resultó impagable. Algunos regalan celulares a las novias, porque es a los viejos a quienes las chavalas les meten julepe para pagar el consumo en cualquiera de las atractivas modalidades ofertadas. Y la gente se hace adicta. Y la adicción es unisex. Sé de una que habla y habla y no está tranquila si no está hablando. Yo le señalo su adicción, pero ella la niega aduciendo que sólo es una persona comunicativa.
Y el uso y aplicaciones de los aparatitos es universal. Con ellos, los chavalos se copian en los exámenes; el hombre aquel --procesado por corrupción de menores-- los daba a las cipotas para llamarlas cuando las urgía; en las películas de Hollywood los terroristas los utilizan para detonar explosivos, y vía satélite, por medio del celular te pueden rastrear a miles de kilómetros de distancia y ubicarte con un error de unos cuantos metros. Así fue que --según CNN-- capturaron a uno de los cabecillas de Al Qaeda en uno de esos países que tienen siglos de vivir guerreando todos contra todos. Dice doña Argentina, mi mujer, que también diga que sirven para cometer infidelidades, pero no sé a qué se refiere.
Con las alzas del petróleo y de todo lo demás uno reduce sus gastos operativos, sobre todo si no sos político profesional, miembro de alguna nomenclatura de gobierno, director de entes autónomos, diputado, magistrado, funcionario internacional y un prolongado etcétera. Y desde luego que en las restricciones incluís el uso del celular, y pedís en Movistar que te asignen un control de consumo para no sobregirar lo planificado. Pero, al llegarte la cuenta te das cuenta que es más de lo que acordaste de consumo y le pedís explicación a las muchachas que están en la Posición 1, 2, 3 ó 4 y alguien te responde --con esa respuesta tan de moda también en las tarjetas de crédito--,“es que el sistema no es perfecto” y con eso justifican haberte cobrado tantos minutos de más.
Esperate. Y si el famoso sistema no es perfecto, ¿quién nos asegura a los usuarios que las cuentas que pagamos cada mes corresponden verdaderamente con el consumo real? Y esa incógnita se convierte en sorpresa cuando buscando en su sistema te das cuenta que desde hace más de un año te han estado cobrando servicios que nunca te ofrecieron, que jamás autorizaste, ni utilizaste, y que no los ves reflejados en el estado de cuenta que puntualmente te llega, porque el que me envían sólo es una hoja con mi nombre, número de teléfono y el total a pagar. Punto. Así supe que Movistar me había arrebatado un mil doscientos veinticuatro córdobas con cincuenta centavos --según las cuentas de su sistema, que de paso, no se equivoca nunca contra la trasnacional sino contra el nacional.
Y reclamé mi plata timada, poca, pero timada. Eso me da el derecho a especular que si a mil usuarios les cobraron ese mismo servicio, entonces la empresa se nos embolsó cerca de un millón doscientos córdobas, cantidad para nada despreciable, y si fueron 5 mil, etc. Un atento funcionario me sugirió que no me preocupara, que la plata se me acreditaría, o sea que me la devolverían vía pago de consumo. Respondí que la quería en efectivo, como me la quitaron. No se puede. ¿Por qué? Porque el sistema no lo acepta. No me importa su sistema. Si no hay efectivo los denuncio en el periódico. Déjeme hablar con la Gerencia para ver qué se puede hacer. Y pudieron.
Los comprobantes que tengo dicen que me devuelven el dinero en concepto de devolución de efectivo por saldo a favor debido a reclamo de cliente “que no autorizó dichos cobros por servicio de mensajería ilimitada en la cuenta No. tal, cliente No. tal, teléfono No. tal”, y para que no quede la menor duda de su atraco, el recibo dice: “ya que había cancelado este servicio desde hace trece meses...” Así que amigo lector, revise lo que está pagando, pues no vaya a ser que Movistar le esté sacando plata sin su autorización y usted ni cuenta se dé que está incrementándole sus jugosas utilidades en Nicaragua. Recuerde que a éstos siempre les ha gustado recibir oro por cuentas de vidrio.

Managua, noviembre 2, 2005.