Opinión

¿De qué manera el DR-Caftaviolenta el Derecho de Integración Centroamericana? - NUEVA GENERACION


León Lindberg define la integración como el proceso por el cual las naciones anteponen el deseo y la capacidad para conducir políticas exteriores e internas clave de forma independiente entre sí, buscando por el contrario tomar decisiones conjuntas o delegar su proceso de toma de decisiones a nuevos órganos centrales. Por su parte, Jorge Mariño dice: “Se entiende por proceso de integración regional el proceso convergente, deliberado (voluntario) --fundado en la solidaridad--, gradual y progresivo, entre dos o más Estados, sobre un plan de acción común en aspectos económicos, sociales, culturales, políticos, etcétera” (Mariño, 1999: 112).
Ahora bien, cabe preguntarse de qué me sirve hacer alarde de un proceso de integración si pensamos como paisito, o la pregunta de moda que sacan algunos políticos de que para qué queremos un sistema de integración si nadie lo ocupa. Pues bien, es mi obligación como futuro profesional que cree en el Derecho de Integración, explicar y defender las bondades y virtudes de llevar a cabo un proceso de integración y la importancia de pensar como centroamericano, y la manera en que el DR-Cafta nos lesiona como centroamericanos.
Como convertido a la doctrina integracionista, debo decir que nadie como país es una isla, todos nos necesitamos para poder sobrevivir; sin embargo, nosotros como países pequeños caemos en la conclusión de que tenemos limitaciones para discutir acuerdos y competir con países grandes, por lo cual nos asociamos tomando en cuenta afinidades geográficas, económicas, religiosas, lingüísticas, entre otras, para conformar a un sujeto de derecho internacional que mediante cesiones parciales de soberanía lograre el bien común de ellos.
Pero, ¿qué es lo que nos ha pasado? Los países de Centroamérica desde 1823 hasta antes del Protocolo de Tegucigalpa, que reforma la carta de la Odeca, han querido constituirse como una unidad, teniendo como inconvenientes desavenencias entre nosotros mismos y, principalmente, que nos hemos estancado en un concepto de soberanía que ha impedido funcionar a este sujeto de derecho internacional; y es con el Protocolo de Tegucigalpa que hemos dotado de personalidad jurídica a este sujeto para que actúe y vele por nuestros intereses.
Con el Protocolo de Tegucigalpa le damos la capacidad jurídica al SICA (artículo 29 del Protocolo de Tegucigalpa) para que defienda los intereses de la comunidad. Sin embargo, desde mi punto de vista, el problema más grande que hemos tenido es que no hemos visto a la integración como estructura, es decir, no hemos involucrado a los individuos de cada uno de los países en este proceso y los gobernantes se han ido por la mera cooperación intergubernamental. Es decir, que no se ha fomentado estimular el sentimiento de identidad centroamericana para que comencemos a pensar más allá del mero paisito.
El destinatario final del derecho comunitario, que es el individuo, desconoce su funcionalidad, lo cual conlleva a que personas (por no ofender), como nuestro Presidente, manipulen políticamente este derecho trayendo la antipatía al mismo de la población, sin que este último sepa que este derecho enriquecido es un aliado de sus derechos adquiridos.
Ahora bien ¿qué tiene que ver el SICA con el DR-Cafta? Si un país no tiene objetivos definidos que velen por su real interés nacional en el mediano y largo plazo, y además carece de una adecuada conducción político-estratégica, podemos señalar que la integración es prácticamente imposible.

fenixgow2000@yahoo.com