Opinión

El guerrillero de la triste figura - NUEVA GENERACION


No será un viejo lector como Alonso Quijano ni sucederá en llanura ibérica alguna, ni desempolvará, mucho menos, una armadura, ni requerirá corcel ni la unción de nadie. Más bien, empolvando más una idea anticuada para esta época, se armará con ella y, embanderándose con ese polvoriento ideal marchará a las montañas de nuestro país. O a lo mejor se le vea en algunas ciudades con el raído atuendo que se pondrá; evocando un pasado indefinido en su memoria, pero perfecto, bien jugado, indicativo en su corazón; guerreando quién sabe con qué enemigos, con tácticas o métodos propios de aquel mundo que lo impresionó. Por lo que podrá ser considerado un delincuente, un terrorista.
Pero será, simplemente, un joven. Un joven extasiado y enloquecido por las leyendas, no disparatadas, que dejó la revolución sandinista en Nicaragua (dictadores genocidas, héroes martirizados, vueltas de fronteras, idas a cuarteles, masacradas sublevaciones, gigantes batallones, magos explotadores, princesas secuestradas, patrias liberadas, reacciones imperiales, conjuras, masificaciones, míticos comandantes, etcétera), contenidas en el cúmulo de libros, canciones, imágenes que dan testimonio, y en la tradición oral de un pueblo en cuya inconsciencia actual operan estas historietas, comparables, análogas externamente, con las relacionadas a caballeros andantes que “anduvieron” en Europa algún tiempo antes de que, ficticiamente si se quiere, un ascendiente de este joven, Don Alonso, emprendiera su descabellada y desfasada aventura.
Un joven espectador solamente. Uno de esos muchachos que ya lo insinúan con sus puntos de vistas desde algún rincón de León, Managua o Chinandega; inconformes con el panorama de feliz postración que les ofrece la Nicaragua post revolucionaria; anacrónicos, romanticotes, ilusos que, creen tal vez que basta una cabeza peluda y sentimental, que sus cabezas son lo bastante grandes como para igualar al mundo; huérfanos de madre, a la que no conocieron bien, pero que aman, porque la revolución murió al darles la oscuridad, debilitada, como es sabido, por abundancia de sangre.
Sin embargo, solo será uno. Y es que, en la actualidad, tomar una determinación así --al menos aquí en Nicaragua, campo de acción de este artículo--, alzarse en armas con afán liberador, es considerado todo un anacronismo, un disparate, una quijotada. Algo que saben estos jóvenes desencajados y resignados, por ello, no hablo (como sería lo más lógico) de un grupo de rebeldes armados en ciernes. Lo veo sólo a él, al más romántico, al más joven, el menos objetivo, el menos inteligente, aquél que, al leer la insurrección solitaria no entendió muy bien lo que el poeta quiso decir.
Y lo seguirá, claro está, su propio Sancho, su respectivo lugarteniente. El cual podría ser yo, me gustaría serlo, para irle diciendo a ese loco la realidad. Para irle cortando el camino, diciéndole que regrese a su hogar, que lo esperan; que la democracia ya existe, que al enemigo lo han reconciliado con el enemigo; que el pueblo no le hará caso, que las únicas masas movibles son las masas de telespectadores, y aquella masa hecha con un maíz transgénico, “transgenerizado”: transmundano; que el comunismo no existirá ya, que el hombre nuevo ha pasado ha ser “marxiano” enviado por hideputas imperialistas; para recordarle también que muchos de sus héroes ahora dan mal aspecto desde propiedades privadas y grandes; que su figura es triste; que lo aprecio mucho, que no soy digno de andar a su lado...
Sin dudas, no me alcanzaría el tiempo para terminar de decirle a ese loco que las cosas no son como él las ve, pues, como es previsible, su desfase no durará mucho, no trascenderá como el Quijote (al menos de que haya algún mago encantador por aquí que se sirva de la inverosimilitud de su caso y nos cuente sus acaecimientos). Cualquier tarde poco después su primera acción, quizá nos riamos al oír en algún noticiero, que han capturado a un “ terrorista”; el guerrillero de la triste figura, el joven que planeaba dislocar las laderas de la historia.

(*) zoro_ast@hotmail.com *