Opinión

Nacionalismo: Granada o León - NUEVA GENERACION


Tuve el chance de viajar a León y Granada en menos de dos días como turista. Como nica, me es inevitable hacer la comparación sobre la belleza y el atractivo de las dos ciudades. Es obvio que Granada está en mejores condiciones, debido a un programa de restauración y mejoramiento urbano arquitectónico llevado a cabo desde hace varios años por la alcaldía de dicha localidad. Sin embargo, no quiero referirme a lo que hacen o dejan de hacer las autoridades; mas quiero hablar de las sensaciones que provocan en mí ambas ciudades.
Granada tiene un volcán imponente al sur, el lago hermoso, arquitectura colonial restaurada, un clima relativamente agradable, cercanía con la capital y los pueblos artesanos de oriente, las isletas, los museos, la historia de los poetas vanguardistas... Todo esto, unido a experiencias personales hace de esta una ciudad linda... A pesar de todo lo anterior, algo que me decepciona un poco es encontrarme con un centro de Granada que pertenece en gran parte a extranjeros que han adquirido inmuebles. No estoy asumiendo nacionalismos rancios y recalcitrantes, pero ese desapego (que desgraciadamente ha sido un síndrome de los nicaragüenses) de los granadinos hacia su propia historia, y tal vez hacia algo que es nuestro, me dio la impresión de que en Granada no existe ese sentido de comunidad y de “mi Nicaragua” que existe en León.
La inversión extranjera en el sector servicios, de eso estoy claro, ha incentivado el turismo en dichas localidades. Pero ese dicho de “soy puro pinolero, nicaragüense por gracia de Dios”, no lo siento en Granada, porque para bien o para mal se ha ido convirtiendo poco a poco en una ciudad para extranjeros relegando a los nacionales a empleos y/o servicios suplementarios a los que ofrecen los negocios de extranjeros.
Cuando pienso en Granada recuerdo la Oda al Mombacho de José Coronel Urtecho, y la frase: “Enciclopedia universal en una postal”, o el Paraíso recobrado de Carlos Martínez Rivas. Gente muy granadina que pasó por esta ciudad en el tránsito de sus vidas cuando la Gran Sultana era de ellos, los poetas. Hoy vienen a esta ciudad otros poetas a rememorar lo que somos en esencia. Una amalgama de dos mundos, pero, ¿en dónde está el granadino cotidiano? Y más, ¿en dónde está la comunidad? En el “bregar diario” que describe CMR en su poema Canastas; viviendo vidas paralelas a la Granada turística de revistas, de panfletos donde se palmea para pedir la comida, de amores idílicos que sólo existen en las cabezas donde no hay dificultades, en donde sólo se reconoce la pasión sin el compromiso.
Me parece leer una revista Vanidades. Una Granada que no se ajusta al bolsillo de la vendedora del mercado, o del cobrador del bus, del niño(a) pobre que pide o se prostituye a extranjeros pederastas principalmente, o del lustrador del parque, o el cochero. Ellos más bien son adornos y souvenirs que hacen más pintoresca la ciudad y un producto mercadeable orientado para el consumo de foráneos.
En cambio, cuando estoy en León, aunque más caliente, sin lago cerca, un poco descuidada por las autoridades, pues me impresiona igual la arquitectura, la catedral --que es un templo de la fusión cultural hispanoamericana de la cual somos un producto y una consecuencia--, las iglesias, los museos. Pero algo que me trastoca los sentidos es ese espíritu de pertenencia que tienen los leoneses... En cada esquina me encuentro un mural conmemorativo en honor al nacionalismo y a la insurrección de 1978-1979, o una placa de algún joven que peleó y murió en la misma. Las organizaciones y movimientos culturales, la vida universitaria que enaltece el deseo de superación, sobre todo la UNAN.
Y lo que observo en las calles, en las plazas, en las iglesias es esa comunidad congregada en torno al arraigo y al orgullo de ser nicaragüense, a pesar de todas las pestes y las lacras que nos han arruinado como país. En León, los turistas extranjeros se pierden y no se notan en ese mar de nacionalismo que se respira y me llega tan hondo a los pulmones que casi me ahoga. Pienso en León y es indispensable recordar a Darío, en el Nocturno, y otra noche de otro siglo; la niñez de Ernesto Cardenal, el Castigo Divino; y en el ejemplo de Rigoberto López Pérez. Eso y más hace de León digna la exclamación: ¡“Viva León, jodido”!
Entre las dos ciudades es difícil decidir... De ambas hay suficientes elementos para sentirnos orgullosos de lo que somos y de que Nicaragua nos pertenece. No abogo por luchas ni revueltas. Sólo deseo hacer esa acotación: no permitamos que venga cualquier extranjero a que se le rinda pleitesía. Y recordemos que ambas, Granada y León, al igual que el río San Juan, La Isla de Ometepe y el Gran Lago, El Xolotlán y el Momotombo, El Ostional, San Juan del Sur, el cañón de Nueva Segovia, el río Coco, La Costa Atlántica, La isla de San Andrés, Rubén Darío, Carlos Martínez Rivas, Joaquín Pasos, Manolo Cuadra, José Coronel Urtecho, son nuestros... Y son nicas como nosotros... No lo olvidemos. ¡Viva Nicaragua!

*Grupo Macuta
Octubre 2005