Opinión

La piel de la ciudad


La Avenida Bolívar comienza en el Malecón de Managua, Nicaragua, donde se encuentra la estatua del Libertador Simón Bolívar. Orientándose hacia el sur, se encuentra el muro de losetas en el que durante la década de gobierno sandinista destacados artistas internacionales y gente del pueblo, pintaron una serie de murales referidos a la revolución.
A inicios de los años 90, el entonces alcalde de Managua, Arnoldo Alemán, y funcionarios del Ministerio de Educación, comenzaron la destrucción de todas las muestras de cultura, literatura y arte popular promovidos por la Revolución Sandinista. Así los murales fueron borrados.
De esta manera, se pretendía borrar de la conciencia y la memoria las alegrías y los sufrimientos del pueblo de Nicaragua durante la época revolucionaria. Como una respuesta artística a un acto de poder y una forma de hacer justicia a los artistas Leonel Cerrato, Víctor Canifrú, Alejandra Acuña, entre muchos otros y otras que habían puesto todo su arte en aquellos murales que eran el testimonio de un pueblo y una época, Murales de Octubre, de Alicia Zamora, es el proyecto que recupera el muro como espacio público para expresión de artistas jóvenes. Los nuevos murales hacen referencia en general a la contemporaneidad, la sangre que fluye a través de los cables de los medios de comunicación, Nicaragua en venta, un monstruo de bananos, entre otras, son las imágenes que han sustituido los murales anteriores que también daban testimonio de la época.
Dicen que Nicaragua es un pueblo que vive de olvido. Dos décadas y media después de aquellos años pocas referencias quedan, el mausoleo de Carlos Fonseca en la Plaza de la República, el monumento al Soldado Desconocido frente al cine González en la Avenida Bolívar, la silueta oscura de Sandino sobre la Loma de Tiscapa, entre otras. Pero aquellos años, como las obras de arte destruidas, seguirán formando parte de la memoria de la gente, y estos nuevos murales quedan como muestra de que el arte siempre es resistencia.